Google ha presentado recientemente su lenguaje de programación llamado Go, un lenguaje que según aseguran tiene la eficiencia de un lenguaje de medio nivel como C o C++ junto con la rapidez de compilación y ejecución de los lenguajes interpretados, como Python. A simple vista tiene el aspecto clásico de C++, Java o PHP. A nivel de sintaxis sus estructuras de datos, de control, etc son aparentemente muy similares y no hay nada que me haga pensar que a nivel interno (gestión de memoria, de I/O..) sea muy diferente de C/C++. Si alguien conoce alguna característica bien diferenciada de otros lenguajes por el estilo, por favor que me la diga. Pero no he podido evitar descargármelo e instalarlo. De momento sólo está disponible para Linux y Mac OS X. Para que os hagáis una idea, este es el código del «Hola Mundo» copiado de la página oficial de Go:
package main
import "fmt"
func main()
{
fmt.Printf("Hola Mundon")
}
Una vez dicho esto, me viene una pregunta a la cabeza: ¿Para qué queremos otro lenguaje de programación? ¿No existen ya demasiados? Existen otros «lenguajes de moda» que pasaron por aquí, como Ruby, mucho más revolucionario que Go, pero que tengo la impresión de que ha pasado sin pena ni gloria. Lo mismo pienso de C#, la gran apuesta de Microsoft de hace unos años y que muy poca gente utiliza. Lo único que se consigue con esta diversificación tan gratuita es que los desarrolladores se vuelvan locos, no profundicen en todas sus posibilidades o que sea complicado especializarse en un lenguaje de programación con dudoso seguimiento. Aún así, bienvenido al mundo de la programación.
A pesar de que en los últimos años el mundo audiovisual ha crecido y el número de nuevos canales se ha multiplicado, aún es complicado escuchar algo sobre Zamora en alguno de ellos. Por eso cuando nos vemos reflejados en un programa de televisión se nos levantan las orejas, se hace el silencio en casa y nos quedamos mirando fijamente a la pantalla. Esta vez me he enterado a través de un enlace enviado por correo electrónico de que La Sexta emitió hace un tiempo un espacio sobre nuestra ciudad. Concretamente ha sido dentro de ‘Historias con Denominación de Origen’.
Pero no esperéis otro aburrido programa sobre Zamora, sobre el románico y todos los tópicos de siempre. Su principal virtud es precisamente todo lo contrario. Nada de tópicos. Es verdad que hay románico y gastronomía, pero también la otra cara de la ciudad, aquella que incluso para los que vivimos (o vivíamos) allí no conocíamos (raperos, travestis o un emigrante en Argentina que vuelve a su tierra). Recomendable. Aquí os lo dejo dividido en tres partes:
Ahora mismo están de actualidad los sistemas de interceptación de las comunicaciones. Lo estuvieron en su día cuando se habló por primera vez de Echelon, después con Carnivore, y ahora a nivel nacional con SITEL. Algunos han querido relacionar este sistema de escucha elaborado por la compañía sueca Ericsson en 2000 con los recientes casos de corrupción en el PP. No digo que esto no sea así, pero determinados medios de comunicación conservadores y ultraconservadores llevan algunas semanas sembrando dudas y sospechas sobre el correcto uso de este sistema. El tema es complejo porque entran en juego asuntos jurídicos y técnicos de gran calado. Esa complejidad se agrava cuando SITEL es un sistema más o menos secreto en su funcionamiento y alcance por razones evidentes. La información oficial sobre él, imagino, es clasificada. Pero sobre lo que yo quería hablar se escapa a las trifulcas partidistas a las que estamos acostumbrados.
Hay mucha gente que es dada a exagerar. Ya he leído calificativos como «El Gran Hermano de Zapatero», «La oreja electrónica de Zapatero» y otros por el estilo. Es verdad que los ciudadanos de a pie tendemos a inquietarnos con todo lo que suene a espionaje, porque pensamos que nosotros podemos estar siendo espiados. ¿La razón? Nadie nos dará una respuesta, pero parece ser que al poder les interesa mucho nuestra vida, nuestras conversaciones y nuestros correos electrónicos (ironía, por supuesto). Apliquemos el sentido común. Me resulta complicado pensar que exista una capacidad de procesamiento tal (ni de almacenamiento) que permita «capturar» simultáneamente todo el tráfico que se genera mediante las comunicaciones electrónicas. Y en el supuesto caso de que se pudiera guardar todo, esa información de por sí no sería útil, habría que someterla a un proceso de clasificación y selección. Por tanto, eso de Gran Hermano quizás deberíamos dejarlo para alguna película.
Sin embargo, la perdida de privacidad es un hecho incuestionable. Y no por el SITEL, sino por el desarrollo de la electrónica en general. Somos vulnerables. Cualquiera puede romper la protección de una red inalámbrica si no está adecuadamente configurada, recuperar información borrada de un disco duro o una tarjeta de memoria, averiguar datos navegando por redes sociales o incluso llevando el ordenador a reparar a una tienda de informática poco profesional. Son «orejas» electrónicas menos sofisticadas pero que pueden poner en grave peligro nuestra privacidad. Son mucho más mundanas y también por eso más temibles que un SITEL, con el que digan lo que digan, es un sistema «oficial» y por tanto tenemos ciertas garantías ante la Justicia. Conclusión, hoy día la única forma de escapar a esto es volver al siglo XIX ¿Estamos dispuestos? Yo no.
Ayer avanzaba que, contra todo pronóstico, Google había añadido una actualización mastodóntica a Maps Street View en cuanto a España se refiere. Desde que lo descubrí he dado muchas vueltas y me he metido por muchos rincones, a la búsqueda de lugares que he visitado o donde he vivido. También me ha sorprendido bastante que el coche de Google Maps haya pasado por muchos lugares con tal sigilo y rapidez que no haya quedado reflejado en la prensa local ni haya fotos en los foros especializados que se dedican a capturar estos avistamientos.
Un ejemplo es Zamora. Según el reloj del edificio de la Junta de Castilla y León, el coche pasó a eso de las diez y media de la mañana del 2 de octubre (del año pasado). Dio una vuelta por las calles, rondas y avenidas que rodean el último recinto amurallado (Trascastillo, avda del Mengue, avda de Portugal, Alfonso IX, La Vega, La Feria), la zona de entrepuentes y San Frontis y por otro lado Requejo, avda de Italia, Cardenal Cisneros, cuesta del Bolón, calle de Villalpando, avda de Galicia, etc. Las únicas incursiones en el centro fue para llegar a la plaza del Mercado. La cosa debió ser rápida, porque en la mayoría de las fotos, la imagen se ve algo torcida, como si las cámaras estuvieran desequilibradas.
En cuanto al resto de España, ahí va una lista de lo que hay y de lo que no hay en cuanto a ciudades importantes y capitales de provincia se refiere, porque a diferencia de hasta ahora, aparecen muchísimas localidades pequeñas, carreteras, autovías y autopistas. He clasificado esta lista en cuatro categorías: Completas: son aquellas que están fotografiadas al completo o casi al completo. Sólo las vías principales: en las que han sido fotografiadas algunas calles, quizás las más importantes. De pasada: aquellas en las que una vía cruza por ella y es esa vía la que ha sido fotografiada sin adentrarse en la ciudad. No: está claro, son las que no están en Street View.
Completas: A Coruña, Vigo, Lugo, Gijón, Oviedo, Bilbao, Pamplona, Zaragoza, Lleida, Madrid y área metropolitana, Barcelona y área metropolitana, Girona, Tarragona, Teruel, Burgos, Valladolid, Salamanca, Segovia, Cáceres, Toledo, Guadalajara, Cuenca, Castellón de la Plana, Valencia y área metropolitana, Albacete, Ciudad Real, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén, Alicante, Murcia, Cartagena, Almería, Granada, Cádiz y Jerez de la Frontera
Sólo las vías principales: Vitoria, Logroño, Palencia, León, Zamora, Ávila, Badajoz y Málaga.
Ya podemos pasearnos por cualquier ciudad y pueblo español mediante la vista a nivel de calle de Google o Street View. Ha sido una sorpresa, ya que sólo Estados Unidos dispone de una vista tan completa… Es hora de ponerse manos a la obra…
Por casualidad y sin saber muy bien cómo di en YouTube con el videoclip de una banda llamada The Pepper Pots y un tema de título ‘Time to live’. Al ver los comentarios, me di cuenta rápidamente de que se trataba de un grupo nacional, o al menos hispanohablante. ¿Quiénes son estos chicos que se dedican al soul y a otros sonidos «negros» de los años sesenta? Efectivamente, The Pepper Pots son tres chicas y ocho chicos de Girona que no son precisamente unos principiantes. El que han publicado este año, y al que pertenece el tema que escuché y vi en YouTube, es su tercer trabajo titulado ‘Now!’.
Quizás lo más sorprendente de todo esto es que, mientras aquí en España pasan absolutamente desapercibidos, son bastante seguidos en Japón, donde todo grupo revival sesentero tiene cabida. Y lo cierto es que paseándonos por su web, viendo sus clips o echando un vistazo a su presencia en internet, se lo tienen bastante currado. Han cuidado su estética hasta límites inauditos (por ejemplo las fotos) para una banda nacional que podríamos llamar indie, pero tienen su grupo en Facebook, su cuenta en Twitter y se les puede escuchar en Spotify.
Aunque lo más importante es la música. Es verdad que no ofrecen nada nuevo y que en realidad se dedican a mimetizar (eso sí, con esmero, talento, profesionalidad y gracia) todos los sonidos «negros» de la mitad de la década prodigiosa con especial atención al ska y, por supuesto, al soul. La producción y el sonido está tan cuidado como todo lo demás. ¡Da gusto escucharlos!
He hablado ya más de una vez sobre Berlín y sobre el muro. De hecho, Berlín es, como sabéis, una de mis ciudades preferidas. Pero es hoy cuando se cumplen los veinte años de la caída de ese telón de acero que separaba una ciudad, un país, un continente y dos mundos bien distintos que no supieron convivir. Finalmente, los errores internos, la presión externa y, sobre todo, el control férreo que las autoridades de la RDA tenían sobre la población y su falta de libertades hicieron que todo se viniera abajo. Muchos han querido ver en este evento el fracaso de un sistema económico y de una ideología. Yo no pienso eso. Lo que realmente falló fue, en esencia, la falta de democracia. Lo que cayó el 9 de noviembre de 1989 fue una dictadura sin más, como tantas otras cayeron antes y después.
A pesar de estas dos décadas, las diferencias entre los dos berlines aún son muy notables. Incluso políticamente. Si antes los berlineses orientales luchaban por pasar la oasis capitalista del Berlín occidental, en las últimas elecciones los ex-comunistas de Die Linkearrasan allí donde gobernaron antaño. ¿Será por decepción con el capitalismo? ¿Por nostalgia (la conocida como «ostalgie«)? ¿O por el desempleo y el descontento social? Posiblemente un poco de todo. Lo cierto es que a partir de entonces el fenómeno neocon/neoliberal comenzó a campar a sus anchas.
Entre todos los especiales que los medios de comunicación han preparado en internet, destaco el de la web de RTVE. Han creado un minisitio con varios vídeos interesantes de los informativos de la época. Alguno de ellos son documentos únicos y clave para la historia como el reportaje grabado in situ y emitido en Informa Semanal. Otro de los especiales sobre este asunto es el que ofrece Lainformación.com. Y para los que quieran pasar esta celebración viendo cine, tres películas: ‘El Cielo sobre Berlín’ de Wim Wenders, ‘Goodbye Lenin!’ y, por supuesto, ‘La Vida de los Otros’.
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