Desde hace unos días, cuando se entra en Google para buscar algo puede verse una línea de texto donde puede leerse lo siguiente: «¡Nuevo! Explora el océano con Google Earth 5.0″. Lo cierto es que me bajé la última versión de Google Earth para probar esa nueva característica. Después de echarle algunos minutos cacharreando y activando y desactivando las capas, puedo decir que me ha decepcionado. Lo único interesante es navegar por la superficie y activar las capas sobre fauna marina, naufragios y otros datos sobre los océanos. Pero a la hora de sumergirse, la cosa se vuelve confusa. Moverse por las profundidades marinas es complicado y los controles son difíciles de manejar.
Personalmente creo que sería mejor que se centraran en la superficie terrestre (sobre todo en Google Street View y en mejorar la resolución de las fotos de satélite) y se olvidaran de otros inventos como Google Sky, Moon y demás… Quizás sólo se salva Google Mars, que nos permite darnos una vuelta por Marte e incluso hablar con un marciano (o marciana) llamada Meliza que podremos encontrar si nos acercamos por las llanuras de Cydonia y nos explicará curiosidades sobre el planeta rojo. En cualquier caso, lo mejor es que cada uno saque sus conclusiones sobre la nueva versión de Google Earth.
Ayer, tanto La 1 de TVE (con ’23-F, el Día Más Difícil del Rey’) como Antena 3 (con ’23-F, Historia de una Traición’) emitieron los primeros episodios de sus respectivas miniseries sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. ¿Casualidad? Pues no lo sé, pero el caso es que coincidieron. Y eso que todavía faltan casi quince días para que se cumpla el 28 aniversario del evento.
La verdad es que esta fiebre televisiva por recrear uno de los episodios más importantes de nuestra historia reciente ha dado buenos resultados a ambas cadenas, aunque a mí, sin haber visto ninguna de las dos, me suenan a más de lo mismo, a repetir otra vez los mismos tópicos, con alguna dramatización de más y un poquito de ficción para amenizar el asunto, pero en el fondo todo muy «oficial».
Lo que sí he visto es la recuperación del programa especial que Informe Semanal emitió originalmente el 28 de febrero de 1981, cinco días después de asalto al Congreso. Me ha parecido una idea muy buena. El documento no tiene desperdicio y aporta algún dato que no conocía. En la mayoría de los casos, los acontecimientos se devalúan y se idealizan con el tiempo. Aquí tenemos la narración todavía en caliente, con testimonios a los diputados, detalles curiosos e imágenes que no recuerdo haber visto después. Si queréis, podéis verlo en la web de Televisión Española.
Hace sólo unas pocas semanas vi la versión restaurada de ‘Ama Lur’ (Madre Tierra), un documental dirigido por el escultor y cineasta Néstor Basterretxea y Fernando Larruquert hace ni más ni menos que 41 años. Fue el 10 de julio de 1968 cuando, en un ambiente de cierta tensión, se estrenó la cinta en el Festival de San Sebastián. El motivo era que, por primera vez los vascos, con su lengua y sus costumbres, podían verse retratados con fidelidad en la gran pantalla. Para ello se hubo que ceder en algunos puntos, cambiar y añadir determinadas frases e imágenes que la dictadura no podía permitir. La palabra «España» tuvo que incorporarse al menos tres veces a lo largo del metraje. La película fue financiada a través de donativos populares.
Lo que está claro después de verla es que se trata de una pieza de gran valor documental, antropológico y por supuesto artístico, utilizando recursos muy modernos para la España de la época, con un diseño de rotulación muy bueno y original y un hilo narrativo que va enlazando conceptos (tierra, mar, agua, etc) para contar las tradiciones y costumbres vascas a un lado y otro de la frontera. A parte de los impresionantes paisajes (gran fotografía), una de las cosas que más me han gustado es el reflejo de la idiosincrasia vasca a través de las esculturas de Oteiza y Chillida y también los dedicados al euskera, una lengua muy gráfica que se presta a este tipo de experimentos audiovisuales.
Quizás hoy día ya no nos sorprenda nada de lo que cuenta ‘Ama Lur’, pero imaginemos lo que fue para, por ejemplo, un madrileño que tuvo la oportunidad de verla en los años sesenta…
Miedo. ¿Qué es el miedo? ¿Qué factores nos inducen a sentirlo? ¿Hasta qué punto nos manipula y nos hace cambiar rutinas? ¿Cómo nos influye en la vida cotidiana? ‘El País del Miedo’ (Seix-Barral, 2008) es la última novela de Isaac Rosa. En su día ya leí ‘El Vano Ayer’, una dura crónica sobre el franquismo y la tortura. Si entonces el miedo y el dolor físico ya era uno de los protagonistas, ahora se convierte en el auténico hilo conductor del libro. El formato que ha elegido Isaac Rosa es el de la ficción, pero bien podía haber sido un ensayo. Su prosa es cada vez más precisa y detallista: enumera, define, analiza…
El argumento se estructura en torno a una familia normal de clase media de una gran ciudad. Carlos y Sara son un joven matrimonio con un hijo, Pablo. Pronto descubrirán que éste está siendo extorsionado en el colegio por otro niño de su edad, al que amenaza continuamente. El padre sabe que es su responsabilidad proteger al pequeño, y lo hará, pero siempre evitando el contacto con el prematuro delincuente. A partir de aquí se desatarán en Carlos todo tipo de miedos comunes a todos, a menudo irracionales, pero que irán creciendo hasta que la situación se vuelve insostenible. Paralelamente a esta narración, el autor estudia los temores del día a día y los explora hasta llevarlos al límite. Miedo al extranjero, al delincuente, al mendigo, a los viajes a países exóticos, a nuestro compañero de piso, a salir a la calle de noche y así hasta el infinito.
Rosa analiza cómo un sentimiento tan humano puede desembocar en una obsesión que nos anula por completo si no sabemos controlarla. Y de hecho, desde algunos estamentos de poder se utiliza para mantener la calma… En definitiva, una buena y recomendable novela que nos hace reflexionar sobre el mundo en el que vivimos.
Tenía muchas ganas de ver ‘Caos Calmo’, la película italiana protagonizada por Nanni Moretti, pero no «de» Nanni Moretti. La película la dirigió Antonello Grimaldi en 2008 y está basada en la novela homónima de Sandro Veronesi. De Grimaldi apenas sé nada. Sólo que hasta la fecha ha dirigido películas menores y series para la televisión italiana. Junto a él, Moretti. La película es él en todas las escenas, toda la narración se centra en él y todo pasa por él. En ‘Caos Calmo’ es el centro indiscutible.
El film es la clásica historia, tantas veces contada en el cine, sobre el valor de las pequeñas cosas y de pararse a reflexionar alguna vez en la vida. Pietro es un directivo de una importante empresa audiovisual a punto de fusionarse con otro grupo. Su mujer acaba de morir y tiene que hacerse cargo solo de una hija de ocho años. A raíz de un gesto altruista por el que salva a una mujer de morir ahogada, se replantea algunas cosas. El primer día de clase lleva a su hija al colegio. En un impulso que quizás tiene mucho de irracional, decide no ir a trabajar y permanecer en un parque cercano a esperar su salida. A ese día le seguirá otro y otro y otro más… Poco a poco descubrirá un microcosmos repleto de rutinas y acontecimientos mínimos.
Igual que ‘Caos Calmo’ es una narración sobre las cosas sencillas de la vida, formalmente esa sencillez se ha contagiado y una película que a priori no tiene casi nada que contar, se convierte en un entretenido divertimento. En su contra pesan los momentos de melodrama, que son poco creíbles y típicos. Lo mejor son los toques de humor, muy soterrado, que hacen verosímil pasajes que de otro modo sería poco creíbles. La banda sonora, con temas de Radiohead, Rufus Wainwright o Stars, aportan intensidad a algunos momentos clave de la película. Recomendable.
Hace unos días leí en El País una entrevista a Olivier Besancenot. Me llamó mucho la atención, porque es la plasmación real del descontento hacia el sistema liberal de mercado y porque una propuesta como la que presenta este político francés sería impensable hace tan sólo un lustro, en plena euforia neoliberal. Besancenot, cartero «mileurista» de 35 años, se ha convertido en una de las caras más populares del panorama político del país vecino. Ha utilizado con maestría la televisión, donde ha aparecido con profusión en entrevistas y otros programas para explicar sus propuestas.
Recientemente ha fundado (o refundado) el Partido Anticapitalista francés. Así dicho, el nombre suena de lo más radical, aunque lo que defiende no es nada descabellado: supervisión estricta por parte del Estado de las grandes empresas, nacionalización de la banca, aumento de los subsidios sociales, expropiación de inmuebles vacíos o abandonados y otras propuestas dirigidas a que el Estado recupere lo perdido durante la fiebre privatizadora de décadas pasadas y retome el «modelo social francés». De ahí que el nombre no sea de lo más descriptivo, ya que estrictamente hablando no es un partido anticapitalista sino, en sus propias palabaras, un partido que aboga por el socialismo del siglo XXI, moderno, democrático y que ha aprendido de los errores del pasado (léase Unión Soviética).
Lejos de ser una anécdota, el partido de Besancenot puede dar una sorpresa en las próximas elecciones francesas. Las encuestas le dan un 13% de los votos. La izquieda está con él y mayoritariamente le consideran un buen líder. Pero posiblemente cuando la crisis amaine, los posibles votos para el Partido Anticapitalista vayan finalmente a los socialistas… Aunque no consiga nada, esperemos que sirva como reflexión para las formaciones mayoritarias y dejen de un lado, aunque sea sólo un poco, su fe ciega en el mercado libre.
Los que me siguen saben de mi afición por los «clicks» de Playmobil. A ellos les he dedicado algunas entradas del blog y casi siempre me he hecho eco de los diferentes eventos que se han celebrado, especialmente de la asociación nacional de coleccionistas de Playmobil. Pues bien, aunque supongo que ya lo sabéis, el inventor de estos muñequitos murió el pasado 30 de enero. Se llamaba Hans Beck y no he podido evitar dedicarle al menos un post de homenaje. Al igual que yo, muchos otros muchos blogs han llevado la noticia de su muerte. Y es que quien más y quien menos hemos jugado alguna vez con los «clicks», distribuidos hasta en 70 países. En total se han producido más de 2.200 millones de ejemplares.
Leyendo diferentes artículos, me sorprenden algunas cosas. En «Hans Beck, el padre de los clicks» se dice que no era más que un joven carpintero alemán apenas con estudios cuando entró a trabajar en una ebanistería. Siempre le gustó construir figuritas de personas, animales y coches para que jugaran sus hermanos. En 1958 pasó a trabajar para Geobra Brandstatter como diseñador de juguetes. En 1971 recibió el encargo de diseñar una serie de juguetes educativos. En un principio el encargo se refería sólo a vehículos y edificios, aunque a Beck se le ocurrió la idea de incorporar también figuritas humanas. En 1974 nacieron los primeros «clicks».
Lo innovador es que los dotó de cierta movilidad y que las piezas de las que estaban compuestos podían intercambiarse: el pelo, la cabeza, el tronco, los brazo y las piernas se mezclaban entre unos y otros para dar como resultado miles de combinaciones. No en vano, su diseño, sencillo y a la vez rompedor, lo ha convertido en un icono más del siglo XX. Otra cosa no menos innovadora es la vocación social del juguete. Más allá del puro entretenimiento, las diferentes series de Playmobil (series históricas aparte) representaban sectores de la vida real: hospitales, bomberos, policías, obras públicas y otros muchos. En el obituario que le dedica El País se dice que siempre buscó la verosimilitud y rigor en los detalles, huyendo de la fantasía y también de la violencia explícita (no hay «clicks» soldados con armas, ni tanques, lo más parecido son los caballeros medievales o los piratas)…
Ahora sólo nos queda esperar que el legado que Beck nos ha dejado perdure tal y como su creador quiso que fueran y que muchos niños (bueno, y no tan niños) sigan disfrutando de estos geniales juguetes.
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