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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
10 de septiembre de 2007

Adiós PC. Hola Mac

Una foto de mi nuevo ordenador

Esta tarde he recibo en casa un paquete. Era mi nuevo ordenador. Y, por primera vez en 12 años no era un PC, sino un Mac. Algunos os echaréis las manos a la cabeza. ¡Un Mac! Pues sí. Era el momento de jubilar a mi achacoso y ruidoso PC. Me ha acompañado durante los últimos cuatro años sin prácticamente ninguna ampliación (salvo la tarjeta gráfica). Estoy contento con él. Pero ahora cambiará de manos.

Hay unas cuantas razones que me han llevado a este cambio. A lo largo de los últimos meses he visitado montones de páginas web de los principales fabricantes de ordenadores. HP, Lenovo, Acer, Sony, buscando una máquina que no ocupara mucho espacio, potente, con el mínimo número de cables (hasta ahora tenía un enorme manojo de cables mal escondidos por ahí), con una pantalla medianamente grande (al menos 19») y silencioso. En un principio pensé en un media center de HP con procesador Intel VIIV. Es bastante pequeño, pero al final iba a tener los mismos cables que antes. Otra opción era el DELL con Core 2 Duo, aunque lo descarté por ser grande y demasiado caro. Lo mismo me pasó con la nueva gama de Sony VAIO de sobremesa. Muy buen ordenador, pero ¡a partir de 2.000 euros!. De Acer es mejor ni hablar. Los acabados y el diseño son bastante malos.

Paralelamente a estoy, los ordenadores domésticos de Apple estaban experimentando una disminución de precio y un aumento en sus prestaciones y en la calidad de sus acabados. Al principio temí por que hubiera algún tema de compatibilidad entre Windows y Mac, pero se evaporaron al comprobar que puede instalarse Windows en una partición o utilizar un emulador como WMWare Fusion.

Tal sólo llevo unas tres o cuatro horas con él y, no os voy a engañar, cuesta un poco adaptarse a una nueva filosofía, pero creo que a la larga será beneficioso. Las primeras impresiones han sido incluso mejores de lo que me esperaba. Es absolutamente silencioso y la pantalla es más grande de lo que pensaba. Pero como digo, la migración será lenta hasta que comprenda totalmente cómo funciona el sistema. A buen seguro que en los próximos días escribiré más sobre esta nueva vida de switcher.

9 de septiembre de 2007

La doctrina del shock

«Sólo una crisis, real o percibida, produce un auténtico cambio.»

La portada del libro en su edición en castellano

Bajo esta premisa del economista Milton Friedman, principal defensor de la teoría neoliberal más radical, se desarrolla el mini documental ‘The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism’ (‘La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre’) presentado ayer en el Festival de Cine de Venecia. Ha sido realizado por la activista y escritoria canadiense Naomi Klein y el realizador mexicano Alfonso Cuarón. En tan sólo seis minutos se expone la teoría de que bajo un estado de shock, ya sea fortuito o provocado, las masas son manipulables y el comportamiento de los individuos se vuelve infantil y temeroso. Las aplicaciones de estas teorías son múltiples, aunque siempre igual de siniestras. Puede aplicarse individualmente como métodos de tortura (el ejemplo paradigmático es Guantánamo) o colectivamente para tomar medidas poco populares, recortes de derechos sociales o libertades adquiridas con esfuerzo a lo largo de décadas.

Pero el documental sólo es la punta de lanza para todo un nuevo movimiento que intenta luchar contra la manipulación masiva por parte de autoridades falsas dirigidas por el poder de las empresas, aplicando tácticas de guerra de la CIA basadas en principios no demasiado éticos. Como decía, el cortometraje es sólo un vértice más de esta concienciación. El próximo 18 de septiembre se publicará en los Estados Unidos el libro del mismo nombre, escrito por Naomi Klein, y sobre el que ya se pueden leer algunas páginas en su sitio web. La edición en castellano llegará en octubre a través de la editorial Paidós. Al igual que con ‘No Logo’, Klein vuelve a darnos que pensar y nos abre un poco los ojos, aunque no esté de acuerdo con ella en algunas de sus premisas y conclusiones.

8 de septiembre de 2007

‘A Taste of Honey’ y el free cinema británico

Los últimos años cincuenta y primeros sesenta fueron los tiempos de la pérdida de la inocencia. En los Estados Unidos, la generación beat agitaba conciencias y reclamaba una nueva forma de entender el mundo y el arte. En Francia, los primeros movimientos sociales y políticos comenzaban a cuestionarse el poder establecido. Surge la nouvelle vague. Y en el Reino Unido los estragos de la segunda guerra mundial desaparecían, aunque las diferencias sociales se acentuaban. El arte se volvía comprometido y buscaba nuevas formas de expresión. Un grupo de directores de cine surgidos del mundo del teatro comenzó a realizar sus películas dentro de lo que posteriormente se llamaría «la nueva ola británica» o free cinema. Al igual que sus colegas galos, su cine bebía de las fuentes de la realidad social. Formalmente rompía los esquemas establecidos, despojando a las películas del cartón piedra de los escenarios artificiales y dando cierta verosimilitud documental a sus obras.

Quizás su principal exponente sea Tony Richardson, que debutó como realizador en 1958 con ‘Look Back in Anger’, una adaptación de la obra teatral del mismo nombre. Desde el principio, Richardson contribuyó a derribar los estereotipos victorianos que aún quedaban en pie dentro de la sociedad británica, mostrando el otro lado de la teóricamente nueva y próspera Inglaterra. Sus personajes siempre rozan la marginalidad y viven al límite en un entorno normalmente hostil y post-industrial. Un planteamiento sorprendentemente moderno si tenemos en cuenta que fueron rodadas hace casi cincuenta años.

Posiblemente el quiebro definitivo del viejo orden vino con el estreno de ‘A Taste of Honey’ en 1961. Para muchos este es el comienzo de la década de los sesenta artísticamente hablando en las islas británicas. He tenido ocasión de verla y supongo que en su momento escandalizó a más de un puritano. No por que haya desnudos ni situaciones sexuales explícitas ni implícitas, sino porque retrataba directamente lo que el Imperio había ocultado siempre debajo de su alfombra. Asuntos espinosos como el racismo, el embarazo no deseado, el alcoholismo, la marginalidad o la homosexualidad son tratados sin ambages, pero con increíble sensibilidad e incluso inocencia. Richardson consigue transitar en el difícil campo de la tragicomedia, entre momentos simpáticos y otros brutales. Cuarenta y seis años después de su estreno sigue siendo impactante.

7 de septiembre de 2007

El dilema de la vivienda: comprar, alquilar y el papel del Estado

El tema de la vivienda está más de actualidad que nunca. Los periódicos se llenan de cifras estadísticas comparándonos con otros países de la Unión Europea: que si en España la mentalidad es diferente porque preferimos por abrumadora mayoría comprar antes que alquilar, porque la edad de emanicipación es más alta que la de nuestros vecinos.

La realidad es que casi nadie se plantea vivir de por vida en una vivienda de alquiler. Yo tampoco. Mis razones quizás sean las mismas que para el resto de futuros compradores: falta de vivienda decente de alquiler, inseguridad (los contratos de arrendamiento se firman anualmente prorrogables por cinco años, tras los cuales se pueden «revisar» las condiciones), precios altos (que hacen que compense pagar una hipoteca) y, añado yo, problemas a la hora de hacer grandes reformas en la vivienda.

Pero los compradores se enfrentan al hándicap de vivir en deuda con su banco prácticamente de por vida. Aunque el precio de la vivienda no sube tanto como en años pasados, aún son altísimos en la mayoría de las capitales españolas. Un auténtico escándalo. Porque es inadmisible e incomprensible para mí que se haya dejado de mano de las leyes del mercado un bien de primera necesidad como es la vivienda. No estamos hablando de un coche, ni siquiera de un trabajo. Se trata de un lugar donde poder vivir. Vamos, lo más básico del mundo.

El Estado, que es el único que puede paliar la situación, está de brazos cruzados o por lo menos no está haciendo lo suficiente. Las Viviendas de Protección Oficial son casi testimoniales, una gota de agua en un mar de pisos. La única administración que se ha enfrentado con valentía al problema ha sido la Junta de Andalucía. No voy a entrar en si esta medida es puramente electoralista (las autonómicas coincidirán con las generales de marzo). En mi opinión, los poderes públicos pueden hacer mucho por romper el mercado libre. Todavía no se sabe cómo, pero garantizarán una vivienda a todos aquellos andaluces que ingresen menos de 3.000 euros al mes y que no invertirán más de un tercio de su renta en ella. De momento esto es una excepción.

Así que, muy a mi pesar, tiene que ser la iniciativa privada la que ponga su granito de arena para paliar el problema. La loable iniciativa de José Moreno, el «promotor aficionado» que construyó 400 viviendas en un buen lugar de Fuenlabrada y que vende por 82.000 euros cada una es el mayor exponente. Pero empresarios y altruismo no son precisamente un binomio muy frecuente.

Con este panorama, para muchos sólo queda protestar y llamar la atención de cualquier forma. Que todo sea por reivindicar nuestro derecho a la vivienda.

6 de septiembre de 2007

Charlotte Gainsbourg

Una foto promocional de Charlotte Gainsbourg

Leyendo la prensa esta tarde me entero de que la actriz y cantante francesa Charlotte Gainsbourg (Londres, 1971) está pasando por delicados momentos de salud al haber sufrido una hemorragia cerebral. Confiemos en su pronta recuperación. Charlotte es hija de dos grandes de la escena artística del país vecino: Jane Birkin, sex symbol musical y cinematográfico durante los setenta, y Serge Gainsbourg, compositor entre otras del célebre y polémico ‘Je t’aime, moi non plus’ y de quien he hablado ya aquí.

Su carrera ha estado ligada desde su infancia al cine y ya ha sido reconocida como una de las promesas confirmadas del cine francés. Puede considerarse una actriz independiente, ya que no ha participado en ninguna gran producción de renombre internacional. La primera vez que la ví fue en una película llamada ‘Enamorada’ (1991) que pusieron en La 2 allá por el 95 o el 96. La fama le ha llegado relativamente tarde y no con el cine, sino con la música. Ha sido con su segundo disco ‘5:55’ (2006) con el que ha triunfado al menos dentro de los circuitos independientes. Es un buen disco con al menos un tema excelente. Me refiero a ‘The songs that we sing’, que incluí en mi recopilatorio Muestra Musical 66.

Gainsbourg tiene la gran virtud de la discrección y de haberse ganado su hueco poco a poco, sin estruendo, en el mundo del cine y ahora de la música. También tiene esa elegancia tan especial y tan difícil de conseguir hoy día.

5 de septiembre de 2007

La última grabación de Lennon & McCartney

La portada del disco pirata con la sesión

Yo pensaba que lo último que grabaron juntos John Lennon y Paul McCartney eran las sesiones para su último álbum ‘Abbey Road’ en 1969. Pero parece que no. Me acabo de enterar a través del blog Soundtracktunes.com, que remite a su vez a la Wikipedia. Según se comenta, en marzo de 1974, cuatro años después de la disolución de los Beatles, los dos compositores y almas de la difunta banda de Liverpool se volvieron a reunir para una sesión «casual». Lennon pasaba por apuros familiares con Yoko Ono y estaba cayendo en una sequía musical, de la que no saldría hasta poco antes de su asesinato en 1980.

En esta sesión, una leyenda sin confirmación «oficial» hasta 1997, estaban también presentes Ringo, Keith Moon (batería los Who), Klaus Voorman (amigo de los Beatles desde los tiempos de Hamburgo), Stevie Wonder y otros amigos de la banda. Los resultados de la grabación pueden escucharse en el blog ‘Licorize Pizza’. No es nada del otro mundo ni hay ninguna canción que pueda considerarse nueva más allá de balbuceos. Recuerda a algunas tomas descartadas recogidas en los discos ‘Anthology’. A pesar de esto, desde que se publicó clandestinamente en 1992 con el título de ‘A Toot and a Snore in ’74’, se ha convertido en uno de los bootlegs más apreciados por los completistas y fanáticos de los Beatles (aunque esta grabación no sea estrictamente de ellos).

4 de septiembre de 2007

Dos puntos de vista sobre la economía mundial

Estos días estoy viendo los documentales producidos por TVE sobre el nuevo orden económico mundial, llamado ‘Voces Contra la Globalización’. Fueron emitidos por La 2 el año pasado y son el perfecto manual de iniciación a ese fenómeno que está en boca de todos, pero que muchos no tenemos perfectamente claro en qué consiste. Me refiero por supuesto a la tan traída y llevada globalización. La principal virtud de estos programas es la claridad en la exposición, centrándose principalmente en las consecuencias reales que ya estamos sufriendo (precariedad laboral, indefensión, incapacidad política frente al poder económico, inmigración irregular).

El panorama que presenta la serie no es precisamente alagüeño para el futuro y vaticina un conflicto norte-sur bastante serio en no muchos años. Me ha llamado la atención el escenario que muchos expertos proponen hacia el 2035, cuando la mano de obra menos cualificada, que es la más abundante en los países del tercer mundo, sea sustituida por sistemas automatizados por ser más baratos y productivos. ¿Qué ocurrirá cuando las prendas de ropa o los automóviles los fabriquen exclusivamente las máquinas? ¿Qué ocurrirá con los trabajadores? ¿Una revolución? ¿Una tranquila transición? Son hipótesis inquietantes que tendrán que confirmarse dentro de unas pocas décadas.

Aparte de ‘Voces contra la Globalización’, otro de los documentales sobre economía que he visto últimamente es Commanding Heights: La Lucha por la Economía Mundial’. Se trata de varios capítulos en los que se ofrece una visión muy diferente de la globalización, intentando hacer pedagogía a favor de una economía global. Ha sido producido por la PBS, la televisión pública norteamericana. Está muy bien documentada, aunque son demasiado fríos, teóricos y deshumanizados. Me ha gustado el primer episodio, con la contraposición de las dos grandes figuras de la economía del siglo XX, Keynes (favorable al intervencionismo del Estado) y Hayek (uno de los padres del neoliberalismo económico).

A partir de aquí, en los siguientes capítulos la narración deriva, para mi gusto, en postulados a favor del liberalismo económico radical, las privatizaciones de los servicios públicos (curioso viniendo de una televisión pública) y contra la regulación estatal. Pasa de puntillas por los gravísimos inconvenientes sociales del capitalismo salvaje. No en vano se han convertido en unos de los documentales de cabecera para los amigos del neoliberalismo.



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