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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
4 de diciembre de 2012

Vídeo: Berlín (tercera parte)

Terminamos los vídeos sobre Berlín (que no los artículos; habrá más) con esta tercera entrega, dedicada a lugares interesantes que se alejan un poquito del centro histórico, pero que merece la pena ser visitados. En ese sentido, al ser nuestra estancia de casi una semana nos pudimos acercar hasta lugares donde normalmente los turistas no van. Estoy hablando por ejemplo de Palacio de Charlottenburg, el impresionante memorial a las víctimas de guerra soviéticas de Treptower Park o el antiguo aeropuerto de Tempelhof, ahora reconvertido en un gigantesco parque de uso y disfrute públicos. Junto a ellos la famosa Columna de la Victoria, situada en medio del Tiergarten, y corona con su no menos famoso ángel, y la East Side Gallery, el fragmento de muro más largo que se conserva para la posteridad.

Para la música, hay un poco de todo. Cuatro temas diferentes y cuatro estilos. Del barroco a los coros del Ejército Rojo, y del David Bowie más berlinés a los sonidos electrónicos de Rone.

3 de diciembre de 2012

Muestra Musical 96

La última entrega del año de Muestra Musical viene con un montón de canciones nuevas. Algunas de ellas estarán entre lo mejor de 2012, especialmente en el capítulo nacional. Ya os aviso que pronto estarán listas las tradicionales listas de lo mejor. Pero mientras llega, aquí están bandas como Tremenda Trementina (una de las sensaciones del año), Solletico, Hazte Lapón, Rachel Zeffira, Lorena Álvarez y su Banda Municipal, el retorno de Prin’ La Lá, el de La Bien Querida, Beth Orton, Espanto y algunos otros. Para conocer el listado completo no tienes más que entrar en la página de Muestra Musical 96 en mi web personal, rmweb.

Aquí están los siete clips de esta edición:

30 de noviembre de 2012

‘Homeland’

Estoy a punto de terminar de ver la primera temporada de ‘Homeland’, una de las series norteamericanas de moda del momento y que empecé con ella por una recomendación. Y no puedo decir que me haya defraudado, pero tampoco me ha entusiasmado. Comenzó a emitirse en Estados Unidos en 2011 y constó en su primera entrega de 12 capítulos de unos 50 minutos cada uno. Si no me he puesto a verla antes es porque el argumento no me llamaba la atención en absoluto.

Y es que el terrorismo que proviene de próximo oriente nunca ha sido un tema de mi interés, no sé si por poco original o porque el enfoque en el imaginario norteamericano suele ser excesivamente maniqueísta. Pero en ‘Homeland’ esto es precisamente uno de sus puntos fuertes. Jamás cae en ese error de nosotros contra el resto del mundo. A lo largo de esta temporada vemos a un exmarine estadounidense —Nicholas Brody— que es rescatado en Irak tras permanecer como prisionero ocho años.

De inmediato surge la sospecha de que Brody pueda ser miembro de algún grupo terrorista dispuesto a cometer un atentado. Mientras tanto aparenta llevar la clásica vida familiar de héroe americano mediático con aspiraciones incluso políticas. Detrás tendrá siempre a Carrie Mathinson, una agente de la CIA experta en terrorismo, perspicaz, pero mentalmente vulnerable. Junto con Saul formarán –para mi gusto– lo más interesante de toda la serie. Carrie es soberbiamente interpretada por Claire Danes, que borda su papel, y Saul, su veterano compañero de trabajo, en un papel muy creíble.

Pero hay muchos pasajes de ‘Homeland’ que caen en el tópico más insoportable de las peores series norteamericanas, que parecen cortadas por el mismo patrón, las mismas secuencias, los mismos diálogos, etc. Por ejemplo esas reuniones de la CIA, el culebrón en la familia de Brody de los primeros episodios que a mí me resultan de todo menos interesantes o la visión del mundo árabe. El guión original de Gideon Raff, basado en su propia creación para la televisión israelí ‘Hatufim’, pierde fuelle hacia los capítulos centrales de la temporada para recuperarlo al final. No sé si la serie pasará a la historia, pero como entretenimiento medianamente crítico con el poder puede servir.

25 de noviembre de 2012

Vídeo: Berlín (segunda parte)

He aquí la segunda entrega (de tres en total) sobre mi viaje a Berlín. En esta ocasión me he centrado básicamente en la zona más monumental e histórica de Berlín. Es decir, lo que todo el mundo visita cuando se acerca hasta esta ciudad. Veréis los lugares más reconocibles junto a otros que quizá no lo son tanto. Se me ha ocurrido combinar color y blanco y negro. No hay otra razón que la puramente estética. Algunas secuencias me lo pedían y otras no. La música corre a cargo del cantautor berlinés Klaus Hoffmann, quien en 1978 publicó ‘Berlin’, un tema que es más que adecuado para acompañar a las imágenes. A pesar de todo me lo pensé mucho antes de colocar una canción con tanta letra que, además, la mayoría casi no entendemos (yo solo entiendo algunas frases).

Sin más espera os dejo con el clip:

24 de noviembre de 2012

Haciendo vídeo con el iPhone 5

Hace unas dos semanas que tengo el iPhone 5. Desde entonces he ido probando prácticamente todas sus características. Como nunca he tenido uno antes, el cambio de mi viejo Nokia ha sido espectacular. En este artículo voy a centrarme especialmente en la parte dedicada al vídeo. Buceando por la red me he dado cuenta de que hay pocos análisis en castellano sobre las capacidades técnicas de la cámara del teléfono de Apple. En este poco tiempo he trasteado lo justo con esta característica, pero quiero aportar algunos datos interesantes sobre la grabación de secuencias de vídeo y compararlas con la de una cámara réflex de gama media-alta, que es lo que más conozco.

Lo primero que llama la atención –y que en mi caso echo de menos– es que carece de un botón físico dedicado a la cámara. Hay que tocar la pantalla, algo que hace que tomar vídeo o fotos sea un poquito incómodo. Si no tenemos mucha práctica, sujetar el teléfono de forma horizontal con seguridad y pulsar el botón de grabación resulta complicado. Al menos a mí me lo ha parecido. Esta poca ergonomía se compensa ampliamente cuando vemos los resultados en el ordenador. Me han parecido sorprendentes y mucho mejores de lo que hubiera imaginado.

Entrando en los aspectos más técnicos, el iPhone 5 usa la archiconocida codificación H.264 para el vídeo a 29,97 fotogramas por segundo y AAC monoaural para el sonido. El contenedor es, como no podía ser de otro modo, .MOV, que se manejan de maravilla con cualquier ordenador Mac. La tasa de transferencia –un dato que me parece muy importante puesto que buena parte de la calidad del vídeo la establece este parámetro– es de unos 17,50 Mbits por segundo. Por comparar, la tasa de grabación de mi Canon EOS 60D está en torno a 44 Mbits por segundo. Seguramente se haya optado por una solución de compromiso entre la calidad y el tamaño de los archivos resultantes. Así, un clip de un minuto ocupará unos 130 Mb. Los parámetros de vídeo no pueden cambiarse en la aplicación que viene por defecto, pero existen varias apps, tanto gratuitas como de pago, que sí lo permiten. El sonido, como he indicado, es monoaural, pero puede conectarse un micrófono estéreo para mejorar su calidad. De todos modos, el que capta el iPhone es bastante bueno.

El estabilizador dicen que ha mejorado respecto a su predecesor. Eso no he podido comprobarlo, pero el del iPhone 5 se comporta solo correctamente. Si queremos obtener un buen resultado, o tenemos un pulso de acero o hemos de pasarlo por un software de estabilización. Otro de los aspectos que no ayuda es que la cámara del iPhone tiene un campo de visión bastante estrecho si lo comparamos con otros móviles. Carece del gran angular que podemos ver, por ejemplo, en el Samsung Galaxy SIII. Ignoro cual es la razón de este detalle tan negativo.

Está claro que el iPhone 5 no está diseñado para realizar vídeo intensivamente, pero es un buen aliado para captar rápidamente secuencias con gran calidad de imagen y que, en la mayoría de los casos, puede sustituir en esta función a casi cualquier cámara compacta que existe hoy día en el mercado.

Para terminar, un ejemplo de vídeo tomado hoy mismo con el teléfono. Os recomiendo visualizarlo a máxima calidad. En cualquier caso tened en cuenta que YouTube y todos los demás servidores de vídeo comprimen bastante los clips para ahorrar espacio, pero sirve para hacerse una ligera idea de la calidad:

23 de noviembre de 2012

Las «pesetas extranjeras»

Este año se cumplen diez del momento en el que abandonamos la peseta. 2002 fue un año histórico para los que nos gusta el mundo de la numismática y la notafilia. Ese cambio radical permitió que muchos como yo nos quedáramos con docenas (centenares diría yo) de monedas de poco valor. Fue por entonces cuando me decidí a clasificar las antiguas monedas de peseta (las «rubias» de Franco y de Juan Carlos I) por año de acuñación. En aquel momento no tenía ni idea de que muchas de ellas –pesetas y duros de 1978– no estaban fabricadas en España por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, sino en lugares como Chile, Inglaterra, Alemania o Canadá. Las más conocidas de todas son posiblemente las «pesetas chilenas».

Pero, ¿cuál era la razón por la que se acuñaron en otros países? Según la propia FNMT, tras la coronación de Juan Carlos I como Jefe del Estado, se hacía urgente una renovación y ampliación del parque de monedas de pequeño valor (pesetas y duros), que eran la base del cambio que se usaba a diario. Debido a la inflación, las monedas de menor valor, especialmente los 50 céntimos, había pasado prácticamente a la historia. La cantidad de monedas de peseta que circulaban en España se había quedado pequeño para las nuevas necesidades. Además, muchos ciudadanos, ante el rumor de que se iban a retirar las monedas con la efigie de Franco, guardaron para la «posteridad» las viejas piezas. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en una caja perdida alguna «rubia» de Franco?

La FNMT acordó que para 1978 necesitaría acuñar gran cantidad de monedas de una peseta, pero la capacidad de su fábrica no era suficiente. Por eso se llegó a un acuerdo con la Casa de la Moneda Chilena y la Royal Mint británica para que acuñaran parte de esa tirada. En total se acuñaron en 1978 la friolera de 600 millones de monedas de una peseta, de las que 140 millones provenían de Chile y 80 millones del Reino Unido. Varios cargueros dejaron en Santander y Valencia la mercancía, que sería distribuida por toda España.

Lo más interesante para los que somos aficionados a la numismática es que esas pesetas «extranjeras» son levemente diferentes a las acuñadas en España, por lo que es posible identificarlas. Así que si tenéis por casa «rubias» de 1978 id a por una lupa. La primera diferencia en la que nos tenemos que fijar es en la estrella donde figura el año de acuñación, que encontraremos al lado de la «A» de «ESPAÑA». Si el 7 y el 8 está visiblemente separado, la peseta es chilena. Si están muy juntos es española y si están algo separados existe la posibilidad de que sea británica. Otra característica es la tilde de la «Ñ» de «ESPAÑA». Existen dos variantes, con tilde larga, en cuyo caso es acuñación española, o tilde corta, casi como un punto sobre una N, es foránea (Reino Unido o Chile). Un último detalle advertido por el numismático Marcos Olivares en su ‘Estudio sobre las Monedas de 1 Peseta del Reinado de Juan Carlos I de España’ [PDF] hace referencia a un defecto en el cuño de las monedas fabricadas en España y en Chile. Esta característica consiste en un pequeño punto situado en la «N» de «JUAN».

Con estos tres elementos combinados podemos más o menos diferenciar la procedencia de nuestras pesetas de 1978. Hace unas semanas me puse con ello e intenté identificar mis varias docenas de «rubias» de aquel año. Tras un pequeño trabajo no demasiado sencillo, la gran mayoría de monedas eran de la FNMT, pero identifiqué como chilenas seis de ellas, y como británicas a tres.

Más información en: Hilo sobre las pesetas chilenas en el Foro Numismático, Hilo en el foro Imperio Numismático.

18 de noviembre de 2012

‘Submarine’

Las primeras noticias que me llegaron sobre ‘Submarine’ fue acerca de su banda sonora, un EP con canciones compuestas por Alex Turner (Arctic Monkeys, The Last Shadow Puppets). El disco era bastante interesante y desde entonces –hace unos dos años– he tenido curiosidad por ver la película. Esta producción británica fue realizada en 2010 por Richard Ayoade, conocido por el gran público por ser Moss en la comedia de situación ‘The IT Crowd’. Lo que nos ofrece en esta cinta es básicamente un ejercicio visual de estilo, reinterpretando la herencia sobre todo de los realizadores franceses de los sesenta, setenta y ochenta (me viene a la mente el trato de la adolescencia de Louis Malle o de François Truffaut. El hecho de que la historia transcurra en algún momento de los años ochenta sirve a Ayoade para aplicar una textura avejentada (mirad esos rótulos que aparecen sobreimpresionados de vez en cuando) a su película que le da mucha más credibilidad.

El joven Oliver está pasando por un momento crucial de su vida. Es un chico inteligente, metódico e introvertido. Su mundo interior a menudo supera al que le rodea. Sus padres hace ya tiempo que no se llevan excesivamente bien. Su madre se ve a menudo con un antiguo amigo de juventud que se dedica a dar charlas místicas sobre el poder de los colores. Pero un día conoce a Jordana, con quien mantendrá una extraña relación a medio camino entre la realidad y la ficción.

‘Submarine’ tiene un punto fuerte que es también su punto débil. Ayoade se centra demasiado en las formas, en la realización, en la estética. Esto por un lado está muy bien porque nos ofrece un espectáculo fresco y sorprendente, pero por otro diluye algo la historia hasta llegar a ser algo confusa. Tampoco sé muy bien si el tono caricaturesco que tiene en ocasiones la cinta es intencionado o no. Quiero pensar que sí. En cualquier caso, si te gusta la estética «british», la música de Alex Turner, los ejercicios visuales y las historias de amores juveniles, no deberías perdértela.



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