Hace unos días Google anunciaba el lanzamiento de los portátiles Chromebook, asociado a su sistema operativo Chrome. Con esto la compañía pretende revolucionar el mundo de la informática ofreciendo ordenadores ligeros, sencillos y, a través de Chrome, centrarse en la web. Podría considerarse al Chromebook como un netbook en el sentido estricto de la palabra. El sistema operativo de Google está pensado para que las tareas, las aplicaciones y los documentos se guarden y ejecuten desde la red. Una propuesta como mínimo arriesgada.
El primer modelo presentado de Chromebook es el fabricado por Samsung. Cuenta con una pantalla de 12,1 pulgadas, tarjeta gráfica discretita, 2 Gb de RAM no ampliable, ya que va integrada en placa, procesador Intel Atom de 1,66 GHz. En cuanto a la memoria secundaria, se ha optado por un disco duro SSD de tan sólo 16 Gb. En cuanto al coste, parece bastante ajustado. El modelo con 3G y WiFi costará unos 350 euros y el que sólo lleva WiFi se queda en 300 euros. Acer también tiene listo ya su modelo con características muy similares.
Creo que el Chromebook está indiscutiblemente condenado a fracasar. ¿Por qué? El cliente al que está dirigido el ordenador está muy solapado con el de las tabletas, o mejor dicho, el iPad. Por un poco más tenemos el diseño, la variedad de aplicaciones y la comodidad de un iPad. También porque creo que un sistema operativo basado en red es como mínimo algo arriesgado, ya que el ordenador puede quedar inoperativo cuando la red 3G o WiFi falla o no hay cobertura. Claro, todo esto a falta de ver cómo es la versión final de Chrome y cómo funciona en equipos de gama tan baja. Los tendremos este verano…
Este es el hashtag con el que en Twitter se están etiquetando los mensajes sobre los movimientos que se están produciendo en España por una renovación democrática y económica. En los últimos días #spanishrevolution ha sido trending topic a nivel mundial, lo que no es algo baladí. Desde la manifestación del domingo 15M sigo los acontecimientos con mucho interés en Twitter y en medios alternativos. El movimiento lo están encabezando las plataformas democraciarealya.es y nolesvotes.com, aunque existen muchas otras organizaciones y personas que se han unido a título particular.
Una de las cosas que más me llamó la atención es que las concentraciones del domingo en varias ciudades españolas fueron más multitudinarias de lo que hubiera imaginado (en Madrid, por ejemplo, en torno a los 15.000 manifestantes según el Manifestometro o 60.000 según el diario francés Le Monde). El asunto también ha traido cola con el desalojo por la fuerza del campamento que se mantenía en la Puerta del Sol. Los vídeos ya han dado la vuelta a internet e incluso algún medio se ha atrevido a publicarlos. Apenas eran una veintena de personas que se concentraban pacíficamente y sin obstruir, entorpecer el paso o alterar el orden público. En el momento de escribir este post se está produciendo una nueva manifestación multitudinaria en la Puerta del Sol. Mientras, Twitter arde en mensajes de apoyo a las movilizaciones.
Las reacciones a todo lo que está ocurriendo han sobrepasado nuestras fronteras. Hoy mismo, el diario Le Monde dedica media página a analizar todos los hechos bajo el título de «Naciente movilización contra la crisis en España». A través de Radiocable.com me encuentro cómo la cobertura de la radio pública RNE (ante la decepción de muchos como yo) ha sido sesgada y en ocasiones intentó ridiculizarla. La llamada de una oyente indignada puso las cosas en su sitio.
No sabemos en qué quedara esto. Probablemente en nada. Pero si sirve como toque de atención habrá cumplido una parte de su cometido.
Los que habéis seguido el Festival de Eurovision este año y también seguís mi blog os habréis dado cuenta de que mi quiniela ha hecho aguas por todas partes. Nunca una predicción ha sido tan diferente al resultado final. Pero tranquilos, suele ocurrir. Eurovision, en contra de lo que muchos puedan decir, es imprevisible. Imprevisible es el segundo puesto de Italia, el descalabro de Estonia (el tema ‘Rockefeller Street’ de la joven Getter Jaani es ya mi guilty pleasure musical del año) o de Suiza que ocuparon los dos últimos puestos. A la primera le dimos el triunfo y la Suiza unos cuantos puntos. También los dos puestos decentes que consiguieron Alemania y Austria con dos de las peores canciones del festival (con permiso de la ganadora Azerbayán).
Después de haber visto el Festival, llego a varias conclusiones:
Alemania (y otros países) se toman muy en serio Eurovision. No hay más que ver la impresionante transformación que sufrió el campo de fútbol local, el Düsseldorf Arena, para convertirse en uno de los platós más grandes y espectaculares de la historia del festival. La impecable realización y el cuidado que se puso en las presentaciones de los países (muy bonitas las secuencias tilt-shift) ha provocado el elogio unánime entre la crítica televisiva. Veremos el año que viene en Bakú.
Los tiempos de enviar fantoches se ha terminado. Durante esos años nos reimos mucho y estuvo hasta bien, pero eso ha terminado. La calidad de las canciones de esta edición ha sido, en general, muy superior a la de otros años. Incluso el tema portugués, quizás el más irreverente o «poco serio», tenía su mensaje reivindicativo muy defendible. Una pena que no se clasificara.
Es imposible predecir el resultado. Ni siquiera acertar con un mínimo de fiabilidad el pódium o los cinco primeros. Es verdad que el voto popular tiende a premiar a los vecinos con las máximas puntuaciones, pero es una tendencia que este año ha estado bastante más atenuada. De hecho, de los diez últimos, cinco son países del este, y de los diez primeros tan solo cuatro. Todo dentro de lo normal, ya que aproximadamente la mitad de los países participantes son del otro lado del antiguo Telón de Acero. El mito del país del este dado al voto «vecinal» está desapareciendo poco a poco.
Cuando ideo un vídeo normalmente lo hago a corto plazo. Es decir, filmo un acontecimiento o un viaje e inmediatamente lo monto. En el caso de ‘Cuatro Estaciones en Zamora’ las cosas han sido muy diferentes. En un primer momento mi intención no era hacer un clip sobre las cuatro estaciones en Zamora, sino algo tan prosaico como probar mi nuevo trípode y como vi que quedaban bien las guardé como material de recurso para el futuro. Esto fue en el mes de julio del año pasado. Desde entonces, en cada viaje a Zamora, el trípode ha sido un elemento imprescindible en mi equipaje. Las siguientes tomas, ya con cierta conciencia de lo que quería hacer, fueron en agosto, noviembre, diciembre, marzo y abril. Curiosamente, el vídeo comienza con la primavera a pesar de que fue la última en ser grabada.
Durante este tiempo, como ya sabéis, he cambiado de cámara y también de objetivos. Este detalle sólo se nota en las tomas con mi gran angular y que siempre son espectaculares, más por la calidad del equipo que por la de quien os escribe. La estructura del vídeo es clara: las cuatro estaciones, sólo separadas por un fundido a negro y un cambio de música. Nada de rótulos que llamarían más a la obviedad que a otra cosa.
Sobre lo que aparece en el clip he de decir una cosa: No se trata de un compendio de monumentos de Zamora, ni siquiera medianamente exhaustivo. Ese no es el fin. Mi intención ha sido reflejar el paso de las estaciones, los cambios que se producen en la vegetación, en la luz, en el río y –por qué no– también en la gente. Todas las tomas de ‘Cuatro Estaciones en Zamora’ están «tal cual». No han sufrido ningún retoque de color, de estabilización o de otro tipo. Tan sólo algunas secuencias han sido aceleradas y a otras les he aplicado un zoom por software para añadir un toque de dinamismo a las tomas más estáticas.
En cuanto a la música, la elección ha sido larga, aunque al final he optado por la solución más sencilla. Para la primavera suena ‘A-N-U-R-U-D-H’ de Future Pilot AKA, y para el verano, otoño e invierno puede escucharse ‘Water from the same source’, ‘Esperanza’ y ‘Last things last’ respectivamente, las tres de Rachel’s. Sin más esperas, os dejo con el vídeo:
Todos sabemos que la primera fotografía que se tomó en la historia fue la de Joseph Niépce, en 1826, y que las imágenes en movimiento fueron tomadas por primera vez por los hermanos Lumière en 1895. Pero lo que casi nadie sabe (yo el primero hasta hace muy poco) es cual es la primera fotografía que se realizó en España. Es un dato que siempre se ha pasado por alto y sin embargo me parece un evento imprescindible. Hace unas semanas di por casualidad con un artículo en Xatakafoto en el que se hablaba precisamente de esto.
La primera imagen tomada en España tuvo lugar en Barcelona el 10 de noviembre de ¡1839!. Es decir, sólo 13 años después del primer experimento exitoso de Niépce en una época en la que los inventos tardaban en llegar y en comercializarse. Imagino que por entonces, esto de la fotografía era poco menos que ciencia ficción, la más alta tecnología. Casi un milagro que permitía inmortalizar para siempre un paisaje, una persona o cualquier otra cosa que pasara por delante de la cámara oscura del fotógrafo con una fidelidad perfecta. La primera foto española la tomó Ramón Alabern y Casas con un tiempo de exposición de 22 minutos y en ella se puede ver la casa Xifré, en la plaza de la Constitución de la ciudad condal. Para situarnos, es más o menos donde se encuentra la escultura de Lichtenstein ‘Barcelona’s Head’. La imagen que se publicó está volteada horizontalmente, como mirada a través de un espejo, por lo que parte del puerto puede verse en la parte izquierda, cuando en realidad está a la derecha.
También suele nombrarse como efeméride la primera imagen tomada de Madrid. Para ello tenemos que irnos hasta una fecha imprecisa entre 1840 y 1850. Su autoría es desconocida y tiene un tamaño diminuto. El pasado día 5 de mayo fue anunciada su subasta. La fotografía muestra un paisaje urbano del centro de Madrid. Aunque no se sabe exactamente la ubicación desde donde fue tomada, se cree que se sacó desde un cuarto piso de un edificio en la calle Arenal porque entre otras cosas puede verse la iglesia del Carmen, en la calle del mismo nombre (hoy rodeada de decenas de comercios y una de las zonas más populosas de Madrid).
Hay a quienes el «estilo Canada» ya les suena a repetitivo. Comienzan a salir detractores de esta productora barcelonesa de videoclips (ahora también discográfica), pero lo cierto es que están consiguiendo realizar trabajos notables fuera de España. Primero fueron los neoyorkinos Scissor Sisters (no necesitan presentación) y luego los norirlandeses Two Door Cinema Club. El último en engrosa su cartera de clientes son, ni más ni menos, que Battles.
El grupo norteamericano de rock experimental se ha hecho con los servicios de Canada para su nuevo sencillo, antesala de lo que será su segundo y esperadísimo trabajo ‘Gloss Drop’. El adelanto se llama ‘Ice cream’ y seguramente ese título ha inspirado mucho a los chicos porque nos entregan una nueva evolución de su inconfundible estilo. El clip es simplemente espectacular y ya ha sido considerado por muchos (prensa musical extranjera me refiero) como el videoclip del año. Es el acompañamiento visual perfecto para un temazo quizás algo complicado.
Los más críticos dirán que usan recursos y secuencias muy parecidas o iguales que otros clips, como el que hicieron para ‘Bombay’ de El Guincho. No les falta razón (esa calavera se parece mucho a la que sale en ‘De la monarquía a la criptocracia’ de Triángulo de Amor Bizarro). Aquí la complejidad da la impresión de que es mucho mayor, con ideas visuales geniales que hacen que me vuelva a quitar el sombrero ante ellos (si lo tuviera). Os dejo ya con el clip:
El género de los documentales de investigación incómodos prolifera cada vez más. Prueba de ello es ‘Inside Job’. Consiguió en la última edición de los Oscars el galardón al mejor largometraje documental. Con toda justicia se ha convertido en el más popular y comentado del año en todo el mundo. No en vano, el gran mérito de su director, Charles Ferguson, es contar cómo se gestó la crisis financiera mundial de 2008 y tener frente a las cámaras a algunos de sus responsables, con nombre, apellidos y rostro, respondiendo (a veces no) a incómodas preguntas.
‘Inside Job’ se divide en cinco partes ordenadas cronológicamente a lo largo de sus casi dos horas. Tras el ejemplo inicial y paradigmático de Islandia comienza con los orígenes de la crisis, los mimbres que se fueron tejiendo para llegar a una situación insostenible. Quizás se trate de la parte más compleja de comprender. Demasiados conceptos, muchas gráficas, muchos personajes y muchos acontecimientos. Posteriormente el espectador se familiariza con la jerga financiera y con los personajes haciendo más llevadero el visionado. El segundo segmento es quizás el meollo de la cuestión, la burbuja financiera se va retroalimentando a sí misma hasta que se hace insostenible. Los locos años 2000s repletos de drogas, sexo y otras adicciones para los ejecutivos de Wall Street. La tercera parte trata sobre la propia crisis, cómo estalla, el por qué, y qué pudo hacerse (y no se hizo) para evitarla. Completan el documental las consecuencias de la crisis, los responsables de que todo haya sucedido como ocurrió y cómo están ahora las cosas.
‘Inside Job’ es un documental, más allá del caso concreto, de la ambición humana, de la codicia y de cómo un panorama desregulado, sin leyes ni normas, produce auténticos monstruos sin escrúpulos ni sentimiento de culpa que nunca tienen suficiente, porque más que un negocio lucrativo con el que vivir bien es una adicción enfermiza que se lleva por delante los ahorros (los presentes y futuros) a ciudadanos inocentes y el dinero público para su rescate. Como todos sabemos, muchos de los responsables de todo el tinglado siguen en sus puestos como si nada hubiera ocurrido, esperando el momento propicio para volver a las andadas.
Uno de los temas más escandalosos es la connivencia entre el poder político y el económico. Muchos de los grandes ejecutivos de bancos, aseguradoras y otras entidades han formado parte en algún momento del gobierno de los Estados Unidos, bien como asesores o bien con puestos poderosos en las altas instancias financieras, presionando para que se aprobaran leyes favorables a sus intereses.
El espectador ha de indignarse viendo el documental, pero para eso la de ser un espectador indignado e informado. La mejor forma de que esto no vuelva a repetirse es que el mundo conozca lo que ocurrió, con todos los detalles posibles, y desterrar la idea de que estos asuntos son crípticos e indescifrables para el común de los mortales. Información es poder. En este sentido, Charles Ferguson ha hecho un gran servicio a la humanidad.
Pero no todo lo que he visto en ‘Inside Job’ son cosas positivas. El documental peca de ser excesivamente «correcto» en cuanto a las críticas al sistema. Se limita a reclamar una mayor regulación del mercado, pero no arremete ni contra el G7 ni contra el FMI, organizaciones que a menudo han contribuido a que la crisis se extienda por todo el mundo.
Formalmente el documental es impecable. Los gráficos que aparecen con profusión a lo largo de todo el metraje son sobrios pero muy bonitos y elegantes, igual que la fotografía y, en general la ambientación del documental, con entrevistas en despachos con rascacielos al fondo, encuadres interesantes, tomas aéreas espectaculares de Islandia y Nueva York y, en definitiva, todo aquello que tiene un documental realizado con mucho dinero y buenas ideas. Imprescindible para todos aquellos que no comprenden lo que son las hipotecas «subprime».
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