Cada día estoy más seguro de que no somos un país plenamente maduro, ni en democracia ni en otros muchos asuntos que otros estados han resuelto quizás hace siglos. No se entiende si no la polémica gratuita (estamos en verano) sobre el uso, y a veces abuso, de los símbolos nacionales. A la derecha se le llena la boca hablando de España y llevando la bandera roja y gualda hasta en los calzoncillos. Evidentemente, a los sectores de la izquierda socialista, esta apropiación no les parece de recibo y se ha comenzado una «contraofensiva» para reclamar también estos símbolos patrios. El primer asalto es la unificación de la marca del más alto estamento ejecutivo del estado, el famoso «Gobierno de España». El cambio también puede apreciarse, aunque más levemente, en los membretes de las Delegaciones del Gobierno, que pasan a ser «Delegaciones del Gobierno de España».
La pugna me parece pueril y me lleva a pensar que, efectivamente, no estamos en un país normal. Y tanto por parte de unos como de otros. Los unos por apropiarse de unos símbolos de los que ellos se creen únicos defensores. Y los otros porque intentan combatir una sensación falsa provocada por algunos de que la izquierda es «menos española» que la derecha. Por eso estamos metidos en una batalla absurda que no puede ser más superficial.
¿Acaso la República Española era menos española por haber sido proclamada por la izquierda? ¿La bandera tricolor era menos «española» por ser de la República? Símbolos superfluos aparte, el patriotismo de la izquierda está más que demostrado a lo largo de la historia. Y por cierto, la derecha también, aunque algún ex-presidente intente minar esa fama.
Creo que entrar en el juego de ver quién es más español es directamente absurdo y es algo que no se plantea, que yo sepa, en ningún país desarrollado de nuestro entorno. Sinceramente no me imagino a los franceses, a los italianos o a los portugueses, por citar a nuestros vecinos más cercanos, con una pegatina de su bandera en el coche, tal y como se ven aquí. No digo que no las haya, pero no se hace de ello un motivo de conflicto. El caso de Reino Unido es muy diferente. La Union Jack fue elevado a icono pop en los sesenta por los mods y el swinging London, perdiendo por ello parte de su significado. Y de los Estados Unidos ya ni hablemos. Los parámetros culturales y folclóricos son muy diferentes a un lado y al otro del Atlántico.
Últimamente no sigo mucho la televisión más allá de los típicos seis canales de ámbito nacional. Estos días de vacaciones me he dado una vuelta por las otras emisoras y me he encontrado con sorpresas. Por ejemplo, el cambio de imagen que CNN+ sufrió el pasado mes de mayo.
Es el primer cambio importante en la imagen de la cadena desde que comenzó a emitir en 1998. Ya había visto parte de la nueva imagen corporativa, por ejemplo la mosca, que creo que está mejor que antes, aunque el borde negro sobra. En cuanto a las cortinillas, no me acaban de convencer y tienen el mismo toque que las de los informativos de Cuatro. Predominio de rojos y blancos y una estética que se supone que es moderna pero demasiado recargada para mi gusto.
Otra de las cosas que no me ha gustado es el uso de la tipografía, que me parece poco coherente. Mientras que en la careta de las noticias aparece un tipo sans-serif (¿helvética?), para los deportes y el tiempo se cambia la fuente a otra que no me gusta nada. Puede que sea un detalle sin importancia, pero molesta. Los cambios afectan también a la predicción meteorológica, con un enorme rótulo amarillo con caracteres negros en la parte superior que no guarda ninguna relación con el resto de la imagen corporativa.
Quizás debieran tener como referente a la CNN matriz norteamericana (como la CNN turca) que, a mi entender, es de lo mejorcito en grafismo televisivo junto con TV5 francesa.
Hace menos de un mes, mi web de fotografía cromavista cumplía sus primeros cinco años de vida y hoy realizo una nueva actualización con imágenes de las comarcas leonesas de la Maragatería y el Bierzo, incluyendo algunas vistas de sus capitales Astorga y Ponferrada respectivamente. Pero la mayoría de las fotos son de Castrillo de los Polvazares, una localidad maragata con una arquitectura típica arriera ejemplarmente conservada donde predominan los colores rojizos de la tierra y las coloridas puertas de las casas.
En total son ocho imágenes que, como siempre digo, no pretenden ser postales turísticas, sino dar un punto de vista diferente (el «toque cromavista») sobre estos lugares. Con esta, son ya veinte las colecciones incluidas, mezclando viajes con experimentos, a veces en la misma colección.
Hace unos meses comenté por aquí la creación de la marca «Gobierno de España» para designar genéricamente a toda la Administración del Estado. Además de esta creación se convocó un concurso para diseñar el logotipo de esta marca. Y ayer precisamente se conoció el diseño ganador. El premio, además de que figure en toda la cartelería, webs e impresos oficiales del Estado, consta de 12.000 euros. El afortunado ha sido Juan Repullés, creativo profesional de Margen Multimedia. Según la nota de prensa de Moncloa, se han presentado 320 diseños. Para opinar sobre el elegido tendría que ver el resto, o al menos los finalistas para ver si hay otro que me gusta más.
Pero independientemente del resto de participantes, el diseño de Repullés no me parece mal. Es muy fácil criticar un diseño una vez realizado a la vez que es muy difícil idearlo. Porque no es nada sencillo concebir un logotipo que a la vez muestre la seriedad de una institución tan importante como el Gobierno de un Estado y la modernidad de los nuevos tiempos. Para probar me he puesto a diseñar un logo deprisa y corriendo con alguna idea que tenía por la cabeza. El resultado no es muy bueno (demasiado serio y un poco cutre), pero a lo mejor con algunos retoques se podría utilizar.
Como todo lo que rodea al Gobierno, algunos han querido crear polémica por su semejanza con el diseño institucional alemán. Ciertamente es muy parecido, pero he encontrado otro como el suizo que también es muy similar. Así que nada, como dirían Gomaespuma, «enhorabuena a los premiados».
No era este el tema que quería tratar en un principio, sino el de la credibilidad de los medios en internet. Pero buscando documentos sobre el asunto con Google Scholar encontré uno de Núria Almiron titulado ‘Pluralismo en Internet: el caso de los diarios digitales españoles de información general sin referente impreso’ [PDF]. En este estudio se analizan los proyectos más exitosos de prensa puramente electrónica de España. Se ofrecen datos empresariales, colaboradores, afinidades o participación en otras propuestas ideológicamente identificables. El resultado es muy revelador: la mayoría de estos medios son propiedad de personas afines a la derecha o a la ultraderecha. Sólo unos pocos son definidos como de «centro» y uno (El Plural) como de centro-izquierda.
Todos conocemos el caso más paradigmático de este «nueva» prensa. Por supuesto hablo de Libertad Digital, una idea casi personal de la estrella de la COPE Federico Jiménez Losantos. LD mantiene el liderato de los medios electrónicos españoles casi desde su fundación sin competencia. Su ideología roza la derecha extrema y esta hábilmente a caballo entre la prensa electrónica y los confidenciales. Es decir, cuenta con gran cantidad de artículos de opinión, la columna vertebral de su información «objetiva» son noticias de muy poco calado, en su mayoría ignoradas por los medios tradicionales, que siempre van a favor de su línea ideológica. Su objetivo es construir una «realidad paralela» a imagen y semejanza del mundo que ellos y sus lectores querrían.
Estas características son una constante en el resto de medios de este espectro. Y quizás también de su éxito. Sus lectores tipo son generalmente personas situadas a la derecha, defraudadas por el rumbo de los acontecimientos políticos en España desde hace unos años y que se han radicalizado al socaire de estos medios. En mi opinión se ha producido una curiosa retroalimentación entre el medio y el lector. ¿Y no hay lectores para diarios electrónicos de izquierdas? Yo creo que sí. Tengo la teoría de que prefiere los medios tradicionales, o sus versiones en internet. Políticamente dominan el país y no necesitan ese «alimento espiritual» para guerrilleros. Y también, por qué no decirlo, la izquierda suele tener menos iniciativa, menos capacidad empresarial y menos apoyos económicos. La atomización de la prensa ideologizada de izquierdas es un hecho. Existen multitud de pequeños medios situados en toda la franja a partir del centro-izquierda que no han conseguido cuajar tan bien como los de la derecha. El único intento con cierto éxito ha sido el de El Plural, pero aún está muy lejos de Libertad Digital en cuanto a influencia entre sus lectores.
Para completar esta reflexión quizás haya que esperar algún tiempo. Un cambio de signo político en el Gobierno, por ejemplo, sería muy revelador para comprobar si se producen variaciones en el panorama de los medios puramente digitales.
No sé si será una percepción personal o no, pero esta mañana al intentar caminar sobre los restos de lo que fue la calle de San Torcuato fue como caminar entre un caos absoluto. Los peatones circulábamos por las zonas que a nuestro criterio considerábamos más estables mientras pequeñas máquinas perforadoras sobre ruedas de oruga daba marcha atrás sobre una montaña de adoquines. Detrás un ciudadano se apresuraba por cruzar una de las pasarelas metálicas emulando a Indiana Jones antes de que llegara la máquina. Los obreros se mezclaban con el resto de viandantes taladrando, excavando y realizando otras tareas.
Los más ancianos se detenían desesperados ante la vorágine buscando una vía para escapar acorde con su agilidad. Harto difícil, porque los desniveles y los obstáculos bien en forma de agujero o de adoquín suelto son la norma.
Es verdad que las obras suponen una molestia, pero también que debe organizarse y canalizarse a los peatones de manera clara para minimizar este impacto en nuestra vida diaria. No tengo noticia de que se haya producido algún incidente, algo que me extraña visto lo visto. La remodelación de San Torcuato llevan más de dos meses y aún no están muy avanzadas, así que la cosa parece que va para rato. No critico esta duración, sino la incapacidad de organizar la obra para que el transcurrir normal de la vida se vea poco afectada. Aunque quizás sea mucho pedir.
Es muy extraña la situación que se ha creado en Navarra tras las pasadas elecciones municipales. El escenario de fragmentación de las fuerzas políticas resultante ha dado y está dando auténticos quebraderos de cabeza a los partidos políticos, tanto a nivel regional como nacional. La estrategia ante las elecciones generales del próximo año están tensando las negociaciones para formar un gobierno foral estable.
La incertidumbre ha sido total y los continuos giros han sorprendido incluso a las direcciones nacionales de sus propios partidos. UPN, filial del PP en Navarra, fue la lista más votada, aunque no lo suficiente como para obtener la mayoría. El PSN por su parte consiguió un notable ascenso junto con los grandes vencedores, Nafarroa Bai, que fue la sorpresa de las elecciones.
Con estos mimbres, las negociaciones comenzaron pronto. A primera vista la opción más lógica era la alianza entre los nacionalistas vasco-navarros de NaBai y los socialistas navarros del PSN. Quizás fuera esa la coalición natural. La segunda opción posible era que UPN gobernara en minoría. Las cosas habían cambiado mucho en cuatro años. La estrategia de los conservadores navarros de llevar el tema de la autonomía de Navarra y su presunta «venta» a Euskadi como un tejemaneje más de los supuestos acuerdos del Gobierno central con ETA no dieron resultado. La manifestación por una «Navarra española» fue un grave error que debería costarle a UPN la presidencia. Sería un buen escarmiento ante esas posturas tan radicales e irracionales. Es por esto que creo que la decisión de la dirección nacional del PSOE de pararle los pies al PSN ante su intención de pactar con NaBai es errónea y a la larga contraproducente.
Y es aquí donde entran las estrategias nacionales. Según el PSOE, este pacto sería contraproducente electoralmente, algo que yo no veo tan claro. El PP ha venido cacareando la misma cantinela de la increíble y delirante PSOE=PSN=NaBai=ANV=ETA. Pero no creo que este discurso tan fuera de la realidad haya calado verdaderamente en la gente. Un votante del PSOE no verá con malos ojos la alianza socialista-nacionalista. Al menos no veo motivos para ello.
Quizás lo que pueda pasar factura a los socialistas sea ese miedo, ese terror a que el discurso demagógico del PP pueda penetrar en el electorado. El veto a esta coalición es una prueba definitiva de que el Partido Popular escribe el guión y los demás lo llevan a la práctica. Para mí, esto es algo inaudito e inconcebible. Nunca un partido democrático y nada sospechoso de vender a España (por mucho que algunos digan) ha de estar al dictado de nadie ni nada que no sean los intereses generales de la comunidad. El espectáculo que ha dado la dirección del PSOE me parece de lo más lamentable.
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