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La bitácora personal de Ricardo Martín
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26 de octubre de 2012

Como hacer grandes viajes con tu cámara réflex y no morir en el intento

Llevo ya unos cuantos años cargando con mis cámaras réflex por todos los confines de la península ibérica y de parte de Europa. Durante este tiempo he aprendido mucho sobre cómo convivir con una cámara a veces muy voluminosa y pesada, cargando con ella durante horas, comiendo con ella o sentándome en coches, trenes y buses con ella. Todo ello con las más variadas condiciones climatológicas. Ya sea lloviendo, a veces nevando, con un sol de justicia o en medio de una tormenta de arena de playa.
Aunque no soy ningún experto ni mi experiencia es muy larga (seguro que otros podrían dar consejos mucho más sabios), sí que os voy a contar algunas cosas que he ido aprendiendo a lo largo del tiempo:

  • Tamaño del equipo. Resulta elemental si vamos a viajar en avión y no queremos facturar maletas. Yo actualmente tengo dos bolsas para guardar y transportar mi Canon EOS 60D. Una pequeña que me permite llevarla con un objetivo montado de tamaño medio-grande (cualquier todo terreno cabe), la batería de repuesto y tres o cuatro tarjetas de memoria. Y otra más grande donde puedo, además de la cámara con un objetivo montado y el cargador de baterías, llevar un objetivo adicional dentro de la bolsa y quizás otro en la redecilla, aunque esto no es muy recomendable si vamos a cargar con ella durante mucho tiempo. La razón, además del peso, son los posibles golpes accidentales que podemos darle. Concretamente los modelos de mis bolsas son de la marca Lowepro, la Toploader Zoom 50 AW y la Nova 170 AW. Me gusta esta marca porque sus acabados son muy buenos y son increíblemente resistentes.
  • Comodidad. Resulta fundamental si vamos a llevar la cámara durante mucho tiempo fuera de la bolsa. Tened en cuenta que a veces durante horas hemos de tener sobre nuestros hombros la bolsa quizás con un objetivo adicional y la propia máquina. Hasta hace poco más de un año usaba la correa suministrada por Canon para llevar la cámara. No es que sea una correa mala, pero es muy incómoda si se le va a dar un uso intensivo. Había días que acababa con el cuello destrozado. Estuve buscando soluciones para cargar con mi cámara de otro modo y di con la compañía BlackRapid. Fabrica unas correas cruzadas de alta calidad que se apoyan en el hombro y que dejan colgar el equipo sobre el costado contrario. A pesar de que no es una compra barata, es una de las mejores inversiones que he podido hacer. La que yo tengo actualmente es el modelo RS-4.
  • Objetivos. Uno de los grandes dilemas a la hora de hacer un viaje con equipaje limitado es que hay que elegir los objetivos. En realidad para cualquier viaje. Una sabia elección evita que nos pasemos todo el día cambiando de objetivo o tirándonos de los pelos por no haber cogido el gran angular. Es evidente que en estos casos la opción ganadora es la del objetivo todo terreno. Si se trata de un viaje cómodo –en coche o en bus, no vamos a cargar durante mucho tiempo con el equipo y vamos a tener mucho tiempo para hacer nuestras fotos– yo suelo llevar mi objetivo Canon EF-S 18-135mm montado por defecto. En la bolsa guardo el gran angular Tokina 11-16mm y la red el teleobjetivo, un Canon EF-S 55-250mm. En viajes largos o que presumiblemente voy a pasar mucho tiempo cargado elijo otras opciones. A Londres me llevé un Tamron 18-270mm, por cuestión de espacio más que nada. No es el mejor objetivo del mundo, pero es bastante digno. A Berlín cargué con el 18-135mm y el gran angular. Creo que ambas veces acerté y no eché de menos ni me sobró nada.
  • Actitud. A menos que hagas un viaje expresamente para hacer fotografías, lo mejor es dejarlo de un lado y que las cosas vayan surgiendo. Lo que sí hemos de tener siempre es «vista de fotógrafo», controlando siempre la luz que disponemos, de donde nos va a dar el sol, a qué hora anochece, etc, y por supuesto, sabiendo de antemano donde hay una foto. Podemos planificar nuestro viaje teniendo en cuenta estos detalles para evitar sorpresas o tener que hacer fotografías con poca luminosidad o a contraluz. La cámara, si no fuera de su bolsa, deberíamos llevarla siempre a mano, lista para disparar y apagarla solo cuando vayamos a dormir.
  • Viajes y vídeo. El tema del vídeo es bastante más complejo. Si ya de por si hacer fotografías durante un viaje es a veces complicado, ya no digamos el vídeo. Si no disponemos de mucho tiempo para visitar un lugar, es mejor no hacer vídeo y centrarnos en tomar buenas fotos. Sólo si contamos con el tiempo suficiente, tenemos espacio en nuestras tarjetas de memoria o si el motivo se presta a ello (un artista callejero, un evento en movimiento, una actuación musical, etc) es mejor –en mi opinión– tirar algunas fotos y el resto hacer vídeo. Siempre hemos de tener en cuenta que el vídeo es mucho menos agradecido y «luce menos» que unas fotos bien hechas.
  • Seguridad. Nunca dejéis vuestras bolsas en ningún sitio y cuando las llevéis colgadas, cerradlas. Si podéis llevar una correa neutra para vuestra cámara, mejor que mejor. La inscripción CANON EOS DIGITAL (ya no digamos si pone 5D Mark II o III) que llevan algunas cámaras es un «róbame por favor», especialmente en países o barrios «conflictivos». Aseguraos de que la correa esté bien atada a la cámara, especialmente cerca de acantilados y llevadla al cuello o cruzada, nunca apoyéis la correa solo sobre el hombro. Obviamente tampoco os arriesguéis a acceder a lugares o situaciones comprometidas para tomar «la foto de vuestras vidas» porque podría ser la última. El visor de la cámara proporciona una sensación de falsa seguridad muy peligrosa. El ejemplo clásico son los eventos taurinos de pueblos y ciudades.

Como véis, ya mayoría de estos consejos-recomendaciones son puras obviedades, pero que pocas veces nos paramos a pensar. En mi caso, a fuerza de cometer errores, se va aprendiendo. Y lo que nos queda todavía…

2 de agosto de 2012

‘Un Dígito Binario Dudoso’, Alan Turing e Hidrogenesse

Este post podría considerarse de admiración doble. Por un lado hacia el británico Alan Turing, el, entre otras cosas, matemático, físico y, sobre todo, pionero de la informática del que se celebra el centenario de su nacimiento. Y por otro hacia Hidrogenesse, esa banda de electro-pop inclasificable y que a menudo se les ha tachado de frívolos, cuando lo que realmente hay detrás es una inteligencia, un sentido del humor y una sensibilidad fuera de lo normal dentro del panorama musical nacional.

Carlos Ballesteros y Genís Segarra han publicado su particular homenaje a Turing en forma de disco conceptual, ‘Un Dígito Binario Dudoso’. Se trata de un trabajo repleto de instrumentaciones electrónicas y guiños a la biografía del londinense que quizás resulte demasiado oscuro para los seguidores de la banda, aunque conservan ese desparpajo falsamente naif que esconde un gran talento para las letras. Podemos comprobarlo claramente en temas como ‘CAPTCHA Cha-Cha’, una aproximación musical de andar por casa al concepto de test de Turing.

Además se les ha ocurrido la idea de crear una lista en YouTube con clips de todos los temas del disco, con lo que podéis escucharlo tranquilamente:

En cuanto a la figura de Alan Turing, sin duda es una de las biografías más interesantes, intensas y dramáticas del mundo de la ciencia del siglo XX y desde luego merece una película. Su final prematuro fue terriblemente trágico, víctima de la intransigencia y los prejuicios de la anticuada sociedad británica de la época. De nada sirvieron sus servicios impagables para acelerar el fin de la guerra ayudando a descifrar el código Enigma utilizado por los nazis para transmitir sus órdenes. Ni siquiera el que sentara las bases de la informática moderna tal y como hoy la entendemos. Para aquellos interesados, leed la entrada de la Wikipedia y buscad el documental ‘Codebreaker: Alan Turing’s Life and Legacy’. Creo que en España solo ha sido emitido en Canal+ y en TV3. Os dejo con el trailer:

26 de julio de 2012

‘Ready Player One’

He de decir que no soy muy aficionado a leer cosas frikis –algunos pensarán lo contrario– en el sentido clásico de la palabra. No quiero decir que el mundo geek no me interese, de hecho sí que me interesa, pero me dan mucha pereza los libros sobre/para frikis. Sólo he visto una vez las tres películas originales de Star Wars, las de El Señor de los Anillos ni siquiera eso, aunque sí he leído los libros por curiosidad. Nunca he jugado a rol, aunque me gustan los videojuegos conversacionales. Como mucho podría decirse que soy un geek ocasional y de las cosas más peregrinas.

Una vez hechas las aclaraciones pertinentes vamos con ‘Ready Player One’. El libro cayó en mis manos por casualidad, hablando sobre novelas. El asunto de los pioneros de la informática y los videojuegos siempre me ha interesado, así que probé a leermelo. Antes de empezar veo en la contraportada que Ernest Cline, guionista de Hollywood y escritor, había vendido ya los derechos a Warner Bros. para que se realizara una película que, supuestamente, se estrenaría en 2013 o 2014. Segui curioseando, y en la solapa de la portada vi una foto de un sonriente Cline apoyado en un DeLorean (presumo que auténtico) clavado al de Regreso al Futuro. Buscando más información sobre el tipo entro en su web y veo que, además de una especie de friki a la americana es un personaje histriónico y algo extravagante. Sin que esto me influyera pase finalmente la primera página.

‘Ready Player One’ es la historia de Wade Watts un joven desarraigado en un mundo en descomposición de un futuro no muy lejano. Corre el año 2044 y en todo el mundo triunfa una simulación tridimensional e inmersiva llamada OASIS. Es un mundo virtual donde todos se refugian y donde pueden ser quienes deseen y dar rienda suelta a todo aquello que en la triste vida real no pueden. Wade es lo que hoy diríamos un «nativo» de OASIS. Desde muy pequeño su madre le enseñó a utilizar la consola para vivir y educarse en un mundo virtual. Un buen día recibe la noticia de que J. D. Halliday, el todopoderoso y multimillonario creador de OASIS, ha fallecido dejando un curioso testamento: un juego. A través de pistas relacionadas con las aficiones de Halliday –los primeros videojuegos, los iconos culturales norteamericanos de los años 80s y, en general, la tecnología de aquella década– los que deseen participar han de encontrar tres llaves que servirán para abrir tres puertas. Y detrás una fortuna incalculable. Wade se embarcará en esta aventura sin saber la cantidad de peligros y retos que le esperan. Por supuesto también hay malos. Aquí se llaman sixers, esbirros de una multinacional diabólica llamada IOI que quiere apoderarse del premio de Halliday para poder controlar OASIS y convertirlo en un mundo controlado y de pago.

La novela, no hace falta que lo diga, no pasará a la historia de la literatura. El diseño de los personajes es casi infantil y el maniqueísmo es a veces casi paródico (no sabemos si heredero de los videojuegos o de las películas de ciencia-ficción norteamericanas). Eso no significa que no haya disfrutado como un enano leyendo sin parar sus quinientas páginas. Las referencias generacionales, algunas muy frikis, son muy abundantes y se repiten hasta la extenuación. Desde ‘Dragones y Mazmorras’ y otros juegos de rol, series japonesas como ‘Ultraman’, videojuegos clásicos como ‘Pac-Man’, ‘Tempest’ o ‘Zork’ o referencias cinematográficas que no me esperaba como el papel estelar que ocupa ‘Los Caballeros de la Mesa Cuadrada’ de Monty Python. Quizás también se puede hacer una lectura un poco más profunda: el esfuerzo, la perseverancia y la capacidad de superación aparece implícito a lo largo de toda la novela. Un tema, por cierto, muy del imaginario norteamericano. Y también lo es el factor de la tecnología como elemento democratizador.

En definitiva ‘Ready Player One’ es una novela amable, interesante y, sobre todo y por encima de lo demás, muy entretenida. Pero unas pocas horas después de finalizada la has olvidado. Recomendada para los frikis primigenios que crecieron con los primeros videojuegos.

24 de julio de 2012

John Draper y el «silbato mágico»

El mundo de los frikis clásicos de internet y los hackers primigenios es un filón para aquellos que buscamos vidas increíbles, hallazgos sorprendentes y en muchas ocasiones, adoración por parte de los modernos aficionados. Muchas de las historias que hay detrás de ellos son tan estrambóticas que son dignas de una película. El caso del Captain Crunch (Cap’n Crunch) es paradigmático en este sentido.

Nacido como John Draper en 1943, siguió los pasos de su padre y se alistó en el ejército de los Estados Unidos. En 1964 fue destinado a una centralita telefónica en Alaska donde comenzó a hacer sus pinitos como phreaker (hacker de líneas telefónicas) en la máquina para que un compañero pudiera realizar llamadas gratuitas a su casa. En 1967 montó una radio pirata hasta que tuvo que cerrarla por una reclamación de una emisora de radio comercial. Desempeñó diversos trabajos de bajo nivel para el ejército en el área de la bahía de San Francisco.

Pero cuando de verdad saltó a la fama fue en 1970. Un amigo phreaker ciego (muchos de ellos lo eran), Joybubbles, le advirtió de que un silbato de juguete que se repartía con los cereales de la marca Captain Crunch, emitía una frecuencia de 2600 Hz. Curiosamente, esa señal en esa frecuencia era exactamente la misma que AT&T emitía cuando una línea estaba abierta y disponible para conectar. No hace falta decir que rápidamente el silbato se convirtió en objeto de culto por parte de todos los phreakers y aficionados a la tecnología de entonces. Quién diría que un juguete podría ser una herramienta poderosa para piratear líneas telefónicas y llamar a cualquier parte del mundo gratis.

Alfonso Arjona en su estupendo blog lo cuenta de la siguiente manera:

Un día de 1970, Draper estaba comiendo unos cereales Captain Crunch, bastante populares por aquellas tierras, y dándole vueltas a la cabeza sobre cómo funcionaban las centralitas telefónicas. La parte que más le intrigaba era el saber cómo un aparato como este distinguía entre un teléfono y otra centralita que colgase de ella. Conocía que los teléfonos estaba conectados a las centralitas y que al recibir una llamada, si el número era de la misma centralita se conectaba automáticamente; en otro caso, esta le pasaba la llamada a aquella que tuviera el número marcado.

Se sirvió otro tazón de cereales, y en ese momentó apareció el regalo que venía en la caja: un simple silbato. Terminó sus cereales, y mientras jugueteaba con el regali descolgó el teléfono para hacer una llamada. En ese momento, sin querer, sopló, el silbato sonó… y escuchó otro silbido en el auricular. Sorprendido, colgó sin hacer la llamada mientras observaba el silbato. ¿Sería posible que algo tan simple y barato como para regalarse con unos cereales fuera la solución al problema?

Inspirándose en este tono, Draper creó una caja azul (dispositivo ilegal que emulaba los tonos de una centralita) que gozó de gran popularidad entre los frikis telefónicos de la época. Pero las cosas se torcieron para el Capitán. En 1972 fue acusado y condenado a cinco años de arresto nocturno por fraude a las compañías telefónicas. Durante ese tiempo en la cárcel del condado de Alameda no perdió el tiempo. Draper se dedicó a programar EasyWriter, el que sería el primer procesador de textos para Apple

8 de junio de 2012

Datamosh, el error hecho arte

Desde hace décadas, los errores han formado parte del arte, convirtiéndolo en un modo de expresión sobre todo en estos tiempos de sobreinformación visual y de reciclaje en el que se busca constantemente nuevas formas estéticas. Pero tal vez en los últimos años, con el desarrollo de los sistemas de postproducción digital, esto se ha elevado a la enésima potencia.

Hace unos dos años vi por primera vez el videoclip ‘Siento que muero’ de Joe Crepúsculo y obra del colectivo Canada. Su principal peculiaridad, además de ser un clip visualmente apabullante, era el uso de un curioso efecto que jugaba con los clásicos errores de compresión MPEG cuando falta un fotograma clave o intra-frame (los que almacenan la información completa de esa secuencia). Esto provoca una transición entre imágenes muy particular de forma que las distintas secuencias se funden en el sentido literal de la palabra. A este efecto se le llama datamosh.

Hasta la fecha no existe ninguna herramienta o plug in que permita realizar este proceso de forma «elegante». La única solución imagino que sea pegar los vídeos a bajo nivel, para que el resultado no sea recomprimido y se creen de nuevo los fotogramas clave. El resultado la verdad es que es bastante interesante y estéticamente desconcertante. Os dejo con un pequeño ejemplo:

5 de junio de 2012

¿Un coche de aire comprimido?

Hará unos dos meses que recibí uno de esos correos electrónicos con mensajes increíbles, casi conspiranoicos y, por supuesto, increíbles. Trataba sobre un pequeño coche que funcionaba a base de ¡aire comprimido!. También se comentaba (y aquí viene la parte de conspiración) que las grandes corporaciones de la industria del automóvil habían intentado silenciar la noticia de tan importante hallazgo. Me picó la curiosidad y me puse a buscar.

La noticia del correo electrónico era básicamente cierta. Esa fue la primera sorpresa. La historia es más o menos la siguiente: Guy Nègre, antiguo ingeniero francés de Fórmula 1 fundó en 1991 la compañía MDI (Motor Development International) para el desarrollo de tecnologías alternativas al petróleo para impulsar los vehículos. De ahí salió el motor de aire comprimido. En 2007, Tata Motors, la compañía india de automóviles, firmó un acuerdo con MDI para crear un automóvil que funcionara mediante este sistema.

Uno de los frutos de esa colaboración (que no el único) es el Tata Mini Cat. Se trata de un vehículo con una ligera carrocería de fibra y que alcanza una velocidad máxima de 105 km/h. Tan sólo es necesaria una recarga cada 300 kilómetros. Evidentemente, aunque hasta ahora todo os suene bien (¡un coche que funciona con aire!), también tiene importantes pegas. Lo primero es, según los que lo han probado, el ruido. Parece que el motor de aire comprimido es bastante más ruidoso que uno de combustión normal. También la seguridad de llevar un depósito de aire comprimido puede ser un inconveniente en caso de accidente. Podría llegar a explotar si recibe un golpe fuerte. Además, este depósito pierde fuerza con el tiempo y quizás fuera necesario cambiarlo cada cierto tiempo. En principio eso es lo que se comenta ante la imposibilidad de que alguien lo pruebe de primera mano.

Y aquí viene la parte inquietante. Se lleva hablando de este coche desde 2007 pero parece que algo no termina de funcionar. Los coches no llegan, ni siquiera un prototipo para que los medios especializados puedan probarlo. La mayoría de la información proviene del propio fabricante, lo cual es siempre sospechoso. Hay muchos artículos desde entonces anunciando la inminente comercialización del Tata Mini Cat. Algo que nunca termina de suceder. Sólo nos queda esperar que en un futuro próximo por fin nos lleguen noticias nuevas.

9 de mayo de 2012

48 fps: La polémica está servida

En los últimos tiempos se ha reavivado una vieja polémica cinematográfica, que más bien afecta a la técnica que al arte (aunque en cierto modo también). El anuncio de que la película ‘El Hobbit’ se está grabando en 3D con cámaras Red a 48 fotogramas por segundo ha provocado un ligero revuelo entre espectadores y críticos. Lo interesante del tema es que según se dice, las escenas pierden «credibilidad» y apariencia «de película». Los 24 fotogramas por segundo se implantaron a finales de los años veinte del siglo XX porque era la tasa mínima a la cual era posible la ilusión óptica del movimiento sin acelerarlo. El material de filmación, hasta la llegada del vídeo digital, era caro y utilizar una velocidad mayor suponía mayores costes. Todo el sistema de producción y distribución se adaptaron a los 24 fps.

Pero hace poco más de una década se comenzaron a utilizar las primeras cámaras digitales en producciones cinematográficas. La versatilidad de lo digital dejaba sin mucho sentido el viejo modelo basado en los 24 fps. Aún era pronto. Es posible que el momento de cambiar ya haya llegado. Las salas disponen ya de proyectores digitales que permiten la reproducción de películas a cualquier tasa y los sistemas caseros también.

El problema, entiendo yo, es más de «apariencias». No sólo se trata de que la película lo sea como tal, sino de que tenga ese «look». Curiosamente, la principal crítica que se le achaca es que se ve «demasiado real» o «demasiado definido». Yo todavía no he podido ver ni un solo segundo de las secuencias a 48 fps, pero imagino que más que de superproducción, ‘El Hobbit’ tendrá aspecto de programa de televisión (o de «culebrón») con todos los medios con los que hoy puede contar una película. Puede que Peter Jackson tenga razón y haya que terminar con un estándar obsoleto y que supone una limitación técnica que ya no tiene sentido. Quizás haya que mirar hacia adelante y olvidarse de los viejos prejuicios.



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