Ubuntu se está convirtiendo ya en todo un fenómeno social a gran escala. Su gran cantidad de aplicaciones listas para instalar, la gran comunidad de usuarios y técnicos que generan documentación sobre cualquier problema y aspecto del sistema operativo, su creciente atractivo visual facilidad de uso está haciendo de GNU/Linux una alternativa ya absolutamente real. A finales de abril se liberó la última gran versión estable, la 9.04 apodadaJaunty Jackalope. Así que, cuando apenas habían pasado 24 horas desde su publicación, me decidí a actualizar el Intrepid Ibex de mi portátil.
La primera gran mejora es el tiempo de arranque. En mi caso han sido en torno a 18 o 20 segundos, que no está nada mal. Otro cambio que es de agradecer son los retoques estéticos. Es verdad que son pequeños detalles, pero que mejoran mucho el aspecto general. En primer lugar, la pantalla de arranque se vuelve más elegante, igual que algunos de los temas de ventanas que se incluyen. Esos tonos marrones de los que tanto me quejaba en versiones anteriores cambian ligeramente para hacerlos un poco más atractivos. Mi tema favorito es Dust, que podéis ver cómo queda en la captura de pantalla que tenéis arriba. La última gran mejora es el sistema de notificaciones que nos aparece en forma de ventanita en la esquina superior derecha de nuestro escritorio. Aquí nos aparecerán notificaciones como la conexión a redes inalámbricas, descargas de archivos, alertas de batería baja y muchas otras. Para quienes conozcáis Growl para Mac OS X, es algo similar.
En cuanto a hardware soportado, he tenido algunos problemillas con el Mighty Mouse Wireless, pero instalando una aplicación llamada Blueman se ha solucionado. Lo que parece que no tiene solución de momento es el soporte de mi tarjeta gráfica integrada, la Intel GM965. Al parecer se trata de una cuestión temporal y posiblemente dentro de poco se solucione. El principal problema es no poder activar Compiz Fusion (los efectos visuales de escritorio). Espero la actualización que corrija este problema.
Hace más o menos un año hablé en el blog sobre Duffy, la cantante galesa de soul-pop que rompió en las listas de ventas y en las radiofórmulas y que además gustaba a indie kids y a amas de casa. Ese fenómeno que creíamos extraño y reservado a los clásicos intocables del pop-rock de alguna manera se ha vuelto a producir este año. El nuevo milagro se llama Amy Macdonald. Esta joven escocesa nos ha cautivado a todos con esa mezcla folkie con toques de country que ha dado resultado y por supuesto con esa voz de acento tan particular. Su primer disco ‘This is the Life’ (Vertigo Records) no es nuevo. En Reino Unido fue lanzado en 2007 y en Europa en 2008, pero ha sido ahora cuando ha comenzado a sonar en España. No tengo ni idea del por qué de tanto retraso.
Como digo ‘This is the Life’ es un folk-country dulcificado, pero sin duda auténtico. La producción no le hace mucha justicia en algunos de los temas. Lejos de ser un álbum de un sólo tema, el disco puede escucharse de una tirada sin esa desagradable sensación de que sobra algo. Vale que la chica no descubre nada nuevo, pero siempre es interesante encontrar cosas así en los 40 Principales o en cualquier otra emisora comercial de música. También es un gusto leer que sus referencias son Oasis, The Libertines, The Beach Boys, The Verve o Travis. Ah, y ojo a las letras, que son bastante buenas también. Con algún tópico pero interesantes. Como digo siempre, la calidad no está reñida con la rentabilidad. A ver si a algunos medios (y a algunos sellos discográficos) les entra en la cabeza…
Y ahora el video de ‘This is the Life’, que nunca me canso de escuchar:
Muchas veces me he preguntado cómo era la informática, o si se conocían los ordenadores a nivel masivo a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, justo antes de la auténtica explosión de las nuevas tecnologías. Buscando por el archivo de la web de RTVE, me he encontrado con dos reportajes muy curiosos. Uno es de 1979 y habla sobre las repercusiones que ya en aquella época estaban teniendo los computadores y los que se le auguraban para el futuro. Se trata de un documento realizado por el equipo de Informe Semanal y llevado a cabo por Ramón Colom y Antonio Gasset. Visto a día de hoy no deja de ser interesante. El segundo de ellos es de 1980 y en él se comentan algunas novedades de la feria SIMO y de paso enumerar algunos de los avances en lo que a informática aplicada a la sociedad se refiere. Para no perdérselos…
Los vídeos están incrustados de aquella manera, porque RTVE no permite oficialmente insertar vídeos en otras páginas que no sean la suya. Me ha costado, pero aquí están.
Vivimos en una sociedad tan acomodada como sensible a cualquier intrusión de elementos extraños. Hipersensible diría yo. A veces son los inmigrantes, que para muchos traen la delincuencia, la intranquilidad, nos quitan los trabajos y hasta amenazan nuestro estilo de vida. Otras veces son las costumbres importadas. Eso ocurrió sobre todo al final del franquismo, cuando los turistas nos traían nuevas costumbres que contravenían en muchas ocasiones la rancia moral católica. Y ahora es la gripe porcina procedente de México. En cierto modo son comparables.
Muchos informativos de televisión se apresuraban a repetir como papagayos la nota de la agencia Reuters de que la Organización Mundial de la Salud advertía que hay riesgo de pandemia de nivel 5 (el más alto posible), lo que significa millones de infectados en todo el planeta. No digo que esto no pueda ocurrir, pero todos los inviernos pasa con la gripe común. Y de momento, mientras no se demuestre otra cosa, la mortandad fuera de México es prácticamente nula. Habrá muertes, pero tal y como vino se irá.
Parece que estamos deseosos de una gran catástrofe de dimensiones cinematográficas. Necesitamos un Síndrome de Andrómeda o una Peste Negra para sentirnos vivos, para darnos cuenta de que, en nuestro mundo de comodidades, siempre hay alguna amenaza con la que entretener nuestro instinto apocalíptico. No sé si es un sentimiento inherente al ser humano, pero lo que sí sé es que nos hacemos un flaco favor alimentándolo. Y mientras tanto, las mascarillas se agotan e incluso hay gente que ya hace acopio de provisiones por si es necesario encerrarse en su casa y precintar todas las rendijas hasta crear un habitáculo inmune a virus…
La realidad es que a día de hoy todos los nuevos infectados en España y Europa evolucionan sin problemas, como si padecieran cualquier gripe normal. Además, desde los tiempos de la gripe aviar hemos acumulado un total de 10 millones de vacunas a todas luces efectivas contra este nuevo mal animal. Quizás si alguien tiene que preocuparse es el habitante de la parte pobre del mundo, pero claro, ese tiene otras cosas más importantes que hacer que fijarse en un virus de lo más fotogénico y televisivo. Me refiero a buscar algo que llevarse a la boca para no morir de hambre. Ese es el verdadero virus que mata cada día a miles de personas.
‘Zamora y el Duero’ es mi segundo vídeo, el segundo que monto con iMovie ’09. Esta vez me he decidido por las tomas fijas con mi trípode fotográfico. Hice algunas otras tomas con algo de movimiento, pero que quedaron bastante mal, así que al final no han entrado en el montaje final. La idea era hacer un pequeño clip sobre el río Duero a su paso por Zamora. La banda sonora es de The Valerie Project y el tema en cuestión se llama ‘Elsa’.
Para ver el vídeo en alta definición tenéis que pulsar el botón que aparece encima del clip y os llevará a la web de Vimeo. También, y si estáis registrados, os podéis descargar el vídeo original tal cual y a máxima calidad. Espero que os guste:
Siempre es un gusto volver a uno de mis autores favoritos. Antonio Muñoz Molina, el autor de ‘El Jinete Polaco’ (1991), uno de mis libros favoritos, vuelve a Mágina y vuelve a recrear el universo, las calles y parte de los personajes, quizás algo autobiográficos, de la primera adolescencia del protagonista. En ‘El Viento de la Luna’ (2006) lo hace de un modo mucho más sombrío que en aquella primera ocasión, más reflexivo y más consciente de la mortalidad, del paso del tiempo y de la dureza de una época (julio de 1969) donde los rescoldos de la guerra civil aún están muy encendidos y un lugar (la ciudad imaginaria, clasista y rural de Mágina, que yo siempre he asociado a la localidad jienense de Úbeda, patria chica de Muñoz Molina) de vida agreste y bronca llena de incomodidades caseras.
En este conexto, el hijo y nieto de labradores que trabajan de sol a sol, sueña con la llegada del hombre a la Luna. Sueña y lee libros sobre ciencia, recorta de las revistas los artículos y las fotos de los astronautas y las naves. Sus padres acaban de comprar un televisor en blanco y negro, donde el joven también sigue con fascinación la gran hazaña de la humanidad. Pero se siente incomprendido por todos cuantos le rodean, un mundo que ya no es el suyo y en el que no encaja, repleto de supersticiones, de tradiciones ancestrales irracionales, de miedos y culpas infundados y, en definitiva, de la incultura popular de la España rural durante el franquismo. Pero él mismo caerá también en esa pesadumbre heredada, en ese miedo al pecado en sus primeros acercamientos al sexo.
Muñoz Molina me sigue asombrando con su dominio del lenguaje, con la exactitud de sus palabras, de sus expresiones y con lo minucioso de sus descripciones, que en esta novela llegan a un nivel que, en mi opinión, no llega en sus obras anteriores. En esas descripciones se aboga por lo ultrarracional, por la explicación física o científica de cada mínimo elemento, que el autor pone en mente del protagonista. Son también muy buenas sus narraciones sobre las misiones Apollo, siempre entrelazadas con las vivencias cotidianas e insufribles del chaval y que a menudo son agónicas y desesperadas en su búsqueda infructuosa de lo trascendente. Imprescindible para quienes les haya gustado ‘El Jinete Polaco’.
‘Lost’ (o ‘Perdidos’ en castellano) se está convirtiendo ya en un clásico de los últimos tiempos, en unos tiempos donde proliferan decenas de series, algunas muy buenas. Como toda teleserie de referencia, mientras esté en antena debe proporcionar noticias y mantener a sus acólitos enganchados. Los «losties» estarán encantados. En el número de abril de la revista Rockdelux nos encontrábamos con una portada dedicada a la serie, algo muy poco habitual en una publicación principalmente dedicada al panorama musical. A esto hay que unir que hoy mismo en Cuatro se está emitiendo un maratón con los seis primeros episodios. La cadena ha adquirido los derechos de emisión de todas las temporadas y esperemos que lo haga dignamente y en un horario razonable.
En cuanto a mi opinión sobre la serie, hace bastante escribí un artículo contando mis impresiones sobre las primeras temporadas y otro sobre la música que aparece, un tema que se trata ampliamente en la Rockdelux que dije antes. Pero por entonces aún no había visto la cuarta temporada que para mí es la mejor de todas, un punto de inflexión en el que los habitantes de la isla pasan de la ignorancia absoluta y de las incógnitas que se suceden una tras otra a comenzar a vislumbrar todo lo que hay detrás. Tiene capítulos geniales y en general combina entretenimiento con imaginación y guiones muy bien resueltos. No puedo decir lo mismo de la quinta, donde el asunto de fondo comienza a estar ya demasiado clara, lo que lleva a que la serie pierda algo el aliciente de misterio que nos enganchó a muchos. Para otros quizás sea ahora cuando viene lo interesante, pero la verdad es que ir cerrando enigmas puede ser de lo más decepcionante.
Pero démosle una oportunidad, sobre todo ahora que quedan tres episodios (el último doble) de la que se dice que será la penúltima temporada de ‘Perdidos’.
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