Desde que tengo el MacBook, el ordenador me ha proporcionado más alegrías que tristezas. Más bien se puede decir que sólo le he encontrado una pega: la batería. Los que tengáis uno quizás lo habréis sufrido como yo. No es que no funcione, o dure poco, o se caliente mucho o tarde mucho en cargar. Nada de eso. Simplemente a veces se «vuelve loca». Ahora en vacaciones, que estoy haciendo uso intensivo del portátil, me estoy dando cuenta. Cuando digo que se vuelve loca es que literalmente es así. Sin motivo aparente aparece el indicador de batería estropeada (la fatídica «X» en el recuadro del indicador de carga). En el peor de los casos, el ordenador entra en suspensión de repente.
Dicen que el mal de muchos es el consuelo de los tontos. La verdad es que me he tranquilizado al encontrar, buscando por foros, que no soy ni mucho menos el único con este problema. Tras muchos experimentos he llegado a dos conclusiones provisionales: la primera es que la batería del MacBook es extremadamente sensible a las variaciones de tensión eléctrica mientras carga. Es la única explicación que tengo a que el cargador «le guste» o «no le guste» determinados enchufes de casa. En algunos la carga es defectuosa, alternando los colores rojo (cargando) con el verde (batería cargada) en el indicador sin razón aparente, cuando, mientras está en el proceso de cargado sólo debería iluminarse el led rojo. En otros, sin embargo, la carga sigue el proceso normal.
La segunda conclusión, también provisional, es que el software también cuenta. Cuando sufrí este problema en su máxima gravedad decidí reinstalar el Leopard. Sin descartar la casualidad, tras hacerlo la batería comenzó a funcionar perfectamente, como si nada hubiera ocurrido. En un principio achaqué al Onyx, una aplicación para el mantenimiento del sistema, todo el problema porque justo antes de que empezara a fallar había pasado a fondo el programa. Aunque no lo descarto, en principio no creo que exista una causa efecto.
Durante este tiempo, en más de una ocasión he tenido ya la mano en el teléfono para llamar al servicio técnico de Apple, aunque al final no ha hecho falta. Como he dicho, el problema con las baterías es un asunto conocido desde hace tiempo por la marca de la manzana y ante problemas siempre la cambian sin coste para el cliente. Todavía queda mucho tiempo para que mi MacBook cumpla un año, que es cuando termina la garantía, así que aún tengo margen para experimentar. Ahora mismo, el ordenador funciona a la perfección y la batería tiene ahora más capacidad que cuando lo compré… Veremos que ocurre en el futuro…
Es muy lamentable que, parafraseando a Celtas Cortos, «hagamos turismo invadiendo un país», o mejor dicho mientras otros lo invaden. Los informativos abren sus ediciones con nombres de países y territorios exóticos para nosotros como Georgia, Abjasia, Osetia del Sur y otras similares. Algunos de ellos nos suenan casi a la Tierra Media de Tolkien, pero por desgracia son zonas del mundo reales y en casi permanente conflicto.
El Caúcaso ha sido, desde antes incluso de la desmembración de la Unión Soviética, fuente de guerras y disputas. La fuerte personalidad e indentidad cultural de Georgia o de Armenia, con lenguas, alfabetos e incluso variantes religiosas propias, las hicieron recelar desde siempre del poder de Moscú. Con la caída del bloque comunista, muchas de estas repúblicas consiguieron su independencia de la metrópoli.
Pero la Gran Rusia, de capa caída durante los años noventa, ha resurgido con Vladimir Putin en el poder. Desde hace unos años ha intentado imponerse, si no sobre la soberanía de muchos de estos nuevos países, sí sobre sus recursos estratégicos. No es casualidad que por Georgia pase el único oleoducto hacia Europa que no controla Rusia. Recordemos los tiras y aflojas entre ésta y Ucrania por estos conductos de gas y petróleo.
En una maniobra nada discreta e indisimuladamente torpe, Rusia ha invadido violentamente el país con la excusa de defender a los rusos que viven en la región georgiana de Osetia del Sur. Desconozco hasta donde ha llegado el ejército ni la situación actual del conflicto, pero posiblemente nos olvidemos pronto de él. Se cerrará en falso y los informativos orientarán sus cámaras y micrófonos a cualquier otra parte del mundo, pero Rusia habrá demostrado su poder, habrá enseñado los dientes no sólo a los georgianos, sino a toda la comunidad occidental, que por cierto, ONU incluida, ha permanecido vergonzosamente pasiva en este tema.
El pasado domingo, en El País aparecía un anuncio, que reproduzco aquí. En seguida me llamó la atención lo austero de su maquetación. Sobre todo si tenemos en cuenta que es la única publicidad que apareció en la portada del diario, que no es cualquier diario, sino el más leído, ni cualquier día, un domingo, día de máxima tirada. No sé cómo están las tarifas de publicidad, pero supongo que el coste no habrá sido bajo.
En el anuncio aparece una dirección web y alude a un personaje, el Sr. Romia, y su «Nueva Economía». Inmediatamente entré en ella y me encontré con un blog de WordPress de diseño convencional y un único post con un texto copiado y pegado de alguna otra parte. En contenido, la verdad, no es fácil de entender. Está redactado en un tono confuso, lleno de metáforas, explicaciones ambiguas y un lenguaje intencionadamente críptico. Más o menos, lo que viene a proponer es una nueva forma de entender la economía capitalista, principalmente enfocado al mercado hipotecario y a la financiación inmobiliaria. Eso se traduciría en una reducción de la cuotas para quienes ya tienen contratada la hipoteca… O por lo menos algo así he entendido yo.
Lo más interesante de la web son los comentarios de los lectores. La mayoría de ellos son escépticos y, igual que yo, no han entendido nada de nada. Se habla de charlatanería, de estafa. Pero… ¿Un estafador se anunciaría en la portada de El País un domingo? Yo no sé qué pensar. Me he leído todo el texto de la web, pero como ya he dicho, las cosas no están nada claras. Sólo he encontrado un blog que se haya hecho eco de esta extraña publicidad y por lo que veo compartimos la perplejidad. En fin, veremos si hay nuevas noticias sobre el tema…
El exitoso y admirado cineasta surcoreano Kim Ki-Duk dirigió en 2006 ‘Time’. Lo que se nos presenta en esta película es una nueva fábula sobre el mundo contemporáneo, trasladado a uno de sus clásicos microcosmos, quizás menos microcosmos que en otras ocasiones (recordemos el templo de ‘Primavera, Verano, Otoño, Invierno… y Primavera’, el domicilio de un rico empresario en ‘Hierro-3’ o el barco pesquero en ‘El Arco’) ya que esta vez la acción transcurre en una gran ciudad.
Kim Ki-Duk, poético y desgarrador a partes iguales, denuncia la homogeneización de la sociedad, de los habitantes de las grandes urbes, la complejidad del mundo moderno y, una vez más, de las relaciones de pareja. A todo esto hay que unirle otra de las obsesiones de Ki-Duk: el paso del tiempo y la influencia que ejerce sobre los protagonistas de sus películas. Y todavía hay un ingrediente más: la tecnología, y cómo distorsiona el natural discurrir de la naturaleza, representado por el poder de la cirugía estética.
See-hee y Ji-woo son una joven pareja. Ante la perspectiva de que él la abandone por otra, decide someterse a una operación de cirugía para cambiarse el rostro y conseguir romper con la monotonía. Pero a él le costará aceptarla…
¿La apariencia física influye en nuestra personalidad, forma parte de ella? ¿Recoceríamos a alguien tras cambiar su aspecto? Como en un moderno teatro de máscaras, los protagonistas son ellos mismos y quienes fueron en el pasado, una pesada losa que tendrán que arrastrar siempre. Aún habiendo roto todas las fotografías, el pasado es lo que nos queda, y eso no hay bisturí que pueda solucionarlo.
El problema viene cuando a la vez de fomentar todas esas buenas cosas con las que supongo que todos estamos conformes, también se fomentan los atropellos de automóviles a ciclistas y de ciclistas hacia peatones. Quitando la carretera de la Aldehuela y Valorio (perdonadadme si me olvido de algún otro) no existen zonas urbanas habilitadas para la correcta circulación de los ciclos. Porque el sano deporte del pedaleo se convierte en una actividad de riesgo cuando se nos ocurra meternos tranquilamente por las Tres Cruces, la plaza de Alemania, los Bloques o cualquier zona con mucho (bueno, y con poco también) tráfico rodado, coches aparcados en doble fila, camiones de reparto y demás obstáculos que nos pueden aparecer en un abrir y cerrar de ojos.
No parece que el asunto tenga mucha solución, al menos de momento. Quizás con la reforma de la calle de las Tres Cruces después de finalizado el proyecto del aparcamiento subterráneo se habilite un carril bici. Pero aún así serán pequeños tramos sin continuidad. Nuestro Ayuntamiento no creo que cuente con un plan integral para el desarrollo de los carriles bici por toda la ciudad.
De todos modos, en general la idea me parece buena si se sigue ampliando y va acompañada de una reforma generalizada de las calles para que puedan circular las bicicletas como deben.
Desde siempre me ha interesado y he seguido las novedades en cuanto al diseño automovilístico. Pocas muestras de diseño industrial son tan visibles y tan cambiantes como el de los coches. Tan cambiante es que son uno de los quebraderos de cabeza a la hora de ambientar décadas pasadas en una película. Más de una vez me he encontrado en series y películas, sobre todo españolas, con alguna que otra anacronía en este sentido.
Pero este no es el tema del que quería hablar. Este post está más bien orientado a las tendencias del diseño. Todo esto se me ocurrió cuando hace unos meses ví el diseño del nuevo modelo de Opel, el impresionante Insignia. Con él se pone fin definitivamente a las líneas rectas y limpias a las que nos tenían acostumbrados con el Astra (2004) o el Vectra (2002). Junto con Renault y la división de opiniones que provocó el lanzamiento del Mégane en 2002 y Ford, con el Focus en 1998 y el Fiesta en 2002, fueron las puntas de lanza del «diseño recto», que otros fabricantes han seguido.
Igual que en otros muchos campos del diseño, las tendencias en esta última decada se han mezclado mucho. Si en tiempos pasados, las tendencias del diseño eran mucho más homogéneas, la variedad es ahora la norma, aunque siempre hay modelos que marcan una cierta línea a seguir. Como una moda más que es, en el mundo de automóvil todo vuelve, y a un movimiento estético le sigue otro de signo contrario. Las líneas redondeadas han dado paso a las rectas alternativamente. Ya ocurrió a principios de los setenta, cuando se lanzaron los primeros diseños «rectos». Esta tendencia fue acentuándose hasta que fue reemplazada, a mediados de los ochenta, por nuevas líneas redondeadas. Y otra vez, con el cambio de siglo, se vuelve al rigor de las caras planas. Ahora que termina esta primera década, ¿volvemos de nuevo a «lo redondo» o se mezclarán todo tipo de diseños?.
No sé qué es lo que me ha producido más perplejidad, si el «aviso» de las autoridades chinas para de que los deportistas olímpicos no realicen declaraciones con contenidos políticos o la docilidad con la que los gobiernos occidentales y sus atletas han aceptado esta premisa. A menos de 24 horas del comienzo de los Juegos Olímpicos de Pekín, todas aquellas palabras sobre si tal o cual país iba a boicotear los juegos ausentándose de la ceremonia de inauguración se han quedado en nada. Todo humo. Al final el mundo entero ha tragado y se ha plegado a las condiciones del régimen chino.
Yo me pregunto, en relación con las declaraciones de los atletas, si quejarse sobre la contaminación o cualquier otro asunto ajeno al puramente deportivo está prohibido. Quizás el gobierno chino puede considerar esto como un alegato político encubierto. Y tiene gracia que el único país que ha reprochado en las últimas horas a China las continuas violaciones de los Derechos Humanos haya sido Estados Unidos, el mismo país de Guantánamo y de la pena de muerte (por cierto, recientemente aplicada). Lo que hay que oír…
En fin, que parece que todo el mundo quiere ser amigo de China y no darle demasiados quebraderos de cabeza estos próximos días en los que todo el planeta estará pendiente de ellos. Esperemos que al menos los activistas a favor de la liberación del Tíbet o de los defensores de los Derechos Humanos consigan infiltrarse y descolgar alguna que otra pancarta que pueda remover las conciencias. Estaría bien.
rmbit está bajo una licencia de Creative Commons.
Plantilla de diseño propio en constante evolución.
Página servida en 0,068 segundos.
Gestionado con WordPress