Siempre tuve ganas de ver esa serie que ponían hace ya bastantes años en la tele a horas intempestivas llamada ‘Doctor en Alaska’. Igual que otras muchas, ‘Doctor en Alaska’ se ha convertido en objeto de culto y adoración por fans de todo el mundo, pero yo no había visto ningún capítulo entero. Así que me puse a ello y a día de hoy ya he visto la primera temporada y en breve comenzaré con la segunda.
La primera impresión que me dejó fue de que había perdido originalidad a lo largo del tiempo. Ha envejecido mal. Desde 1990 (año de estreno de la primera temporada) el auge de las telecomedias hizo que se rodaran infinidad de ellas, muchas muy originales (y geniales). Pero como digo esta fue mi primera impresión. La segunda fue bastante más positiva. Introducirse en un mundo ajeno por completo a lo que entendemos por civilización, con un elenco de personajes a cada cual más estrambótico, no deja de tener su encanto.
Y es que ‘Doctor en Alaska’, más que una serie de situaciones, es una serie de personajes. Todo el peso recae sobre ellos y sus vidas. El joven doctor de Nueva York recién salido de la universidad es testigo de excepción del plácido (y a veces no tanto) discurrir del tiempo.
Pero aún me quedan muchos capítulos por ver de las seis temporadas de que consta la serie y supongo que poco a poco iré entrando en ese extraño mundo de Cicely, el pueblo perdido en la «costa azul» de Alaska, y de sus protagonistas…
Cuatro horas de viaje en bus. Muchos paisajes diferentes que pasan ante mis ojos. Compañeros accidentales de butaca no siempre agradables. Aburrimiento… y mucho tiempo libre. Una opción es leer un libro y otra cargar mi iPod con música y dedicarle el tiempo suficiente a un buen puñado de discos que creo que se lo merecen. Así que refresqué el contenido de mi vetusto reproductor mp3 con:
‘Back To Black’ de Amy Winehouse. La chica mala de moda en todo el mundo y la cantante con la voz más espectacular del momento. Un disco que acabo de descubrir y que me encanta. Ha tenido que ser una chica blanca y británica quien actualice los sonidos más negros y clásicos del soul y del jazz.
‘Rockferry’ de Duffy. Otra chica británica (galesa para más señas) con otro vozarrón a tener en cuenta. Más soul y sonidos americanos en un disco estupendo.
‘Takes’ de Brisa Roché. Más chicas que cantan. Esta vez una norteamericana afincada en Francia y que cultiva los sonidos hippies y folk de los sesenta con un toque muy personal. Un disco agradable. (No hay vídeos).
‘Devotion’ de Beach House. Una banda norteamericana con sonido nuboso y voz femenina que nos invita a soñar un poco, a echar una siestecita entre instrumentaciones vaporosas.
En la todavía corta historia de los videjuegos existe un puñado de ellos que, aunque no fueron diseñados para triunfar, han perdurado por algún extraño misterio a lo largo de los años. Videojuegos que ya hace décadas que están fuera de los circuitos comerciales pero que siguen teniendo gran aceptación entre nostálgicos y nuevos jugadores. Uno de esos raros ejemplos es el ‘Transport Tycoon’ y su mejora el ‘Transport Tycoon Deluxe’.
Todo comenzó en 1994 cuando Chris Sawyer, un programador escocés, lanza a través de Microprose un juego de simulación de transportes. Para la época fue un hito inesperado y una fuente casi inagotable de entretenimiento debido a su versatilidad. Nos convertíamos en un empresario de transportes cuya misión era, en un mapa repleto de ciudades e industrias, conseguir sacar adelante el negocio a través de la construcción de carreteras, líneas de ferrocarril, líneas aéreas y marítimas para llevar de un lado a otro todo lo que se nos pusiera por delante: materias primas, productos elaborados y viajeros. Se debía contar con la economía, la inflacción, la competencia de otras empresas y los desastres naturales. En 1995 se lanzó la versión Deluxe, mejorada respecto al original.
Pronto se convirtió en un videojuego adorado por todos aquellos que le habíamos dedicado muchas horas. Yo lo descubrí hacia 1996 en uno de esos primeros CDs grabados con un montón de juegos que por entonces circulaban por las facultades de informática. Aunque tardé en cogerle el punto, una vez metido ya era difícil desengancharse. Como ya dije en un artículo hace unos años, llegué a estar meses con la misma partida hasta que el juego no daba más de sí.
Hace unos pocos años lo he vuelto a redescubrir y me he dado cuenta de que todavía hay muchos fanáticos por ahí que siguen introduciendo mejoras sobre el videojuego original, máxime cuando ya forma parte del dominio público al haberse cumplido ya los 10 años desde su publicación. Son varias las iniciativas que actualmente hacen de ‘Transport Tycoon Deluxe’ un juego vivo 14 años después. Una es la de las mejoras que comenté antes y que permiten añadir funcionalidades nuevas y otra es OpenTTD, un clon de código abierto del ‘Transport Tycoon Deluxe’ que funciona sobre cualquier plataforma. De hecho gracias a OpenTTD he vuelto a jugar al TTD en mi Mac, aunque no he podido todavía recuperar las viejas partidas de finales de los noventa que tengo grabadas por ahí.
La semana pasada el ex-Piratas Iván Ferreiro colgó en su web lo que será su nuevo trabajo ‘Mentiroso, Mentiroso’. En un principio se dijo que estaría por un tiempo muy limitado, pero hoy mismo he probado y todavía se puede bajar. Que nadie espere sorpresas. Si su primer trabajo en solitario ‘Canciones para el Tiempo y la Distancia’ (2005) supuso un cambio de registro respecto a su antigua banda, ‘Mentiroso, Mentiroso’ me parece un disco inspirado y con buenas letras. Pero no es precisamente del disco de lo que quería hablar.
En su momento ya expresé mi opinión (polémica) sobre lo que hicieron Radiohead con ‘In Rainbows’. En este caso me ha dado la impresión de que ha pasado más desapercibido por razones obvias. Pero el asunto de la descarga gratuita de ‘Mentiroso, Mentiroso’ no ha estado exento de miga. Iván llama en su blog «inútiles» a parte del equipo de Warner (su discográfica) por tardar en colgar su disco. Al final el álbum fue colgado por el propio Iván. Lo cierto es que, trifulcas aparte, hay que felicitar a la discográfica por haber abierto los ojos ante la realidad. Ni más ni menos.
Vemos que el tema de las descargas gratuitas está comenzando a cuajar incluso dentro de las multinacionales. De aquí en adelante veremos como cada vez más bandas e intérpretes imitan a Iván Ferreiro y ponen a nuestra disposición sin coste sus trabajos de forma legal. ¿Quién será el siguiente?
Actualización de 18 de marzo: Según dice en el blog ya se ha cerrado el grifo de la descarga de ‘Mentiroso, Mentiroso’. Por otra parte, en ElPais.com le hacen una entrevista con vídeo incluido.
Acabo de ver el documental austríaco ‘El Pan Nuestro de Cada Día’ (‘Unser Täglich Brot’) dirigido en 2005 por Nikolaus Geyrhalter sobre la industria de la alimentación, o mejor dicho a quienes hacen el «trabajo sucio» y «cultivan» las materias primas (carne, cereales, leche, verduras y frutas) en un entorno casi siempre altamente tecnificado. Sí ya el argumento es de por sí inusual, no lo es menos la forma en que es tratado, sin palabras, sólo colocando la cámara en los lugares donde se produce la acción y observando fríamente.
El documental es casi una oda a las máquinas, a la industrialización de los procesos. Unas veces los artilugios son ingeniosos, otras terribles tanto para hombres como para animales. De aquí que llegue a la conclusión de que Geyrhalter también quiere reflejar las condiciones inhumanas del trabajo en estas instalaciones, casi estableciendo un paralelismo con sus víctimas animales.
Lo cierto es que en la sociedad contemporánea occidental poco queda de la imagen idealizada de las granjas con las gallinas o de los cerdos corriendo a su libre albedrío. Hoy la funcionalidad y la aumentar la producción es lo que prima. Cuanto más rápida y más cantidad, mejor. El ser humano no conoce límites en su voracidad. Cada vez comemos más y la maquinaria industrial del sector tiene que responder a la demanda con métodos de producción cada vez más masivos y aterradores. Así que, damas y caballeros, bienvenidos al espectáculo de la producción alimenticia en Europa.
‘Tetsuo’ es una de esas películas que retratan al país del que vienen para convertirse en un producto típicamente «made in Japan«. Todas las filias, fobias, paranoias y obsesiones del país asiático están en esta cinta dirigida en 1988 por Sinya Tsukamoto y que se convirtió de inmediato en una obra de culto. ‘Tetsuo’ sigue la ya larga tradición japonesa de la ciencia ficción de bajo presupuesto. Desde Godzilla hasta las series televisivas de los sesenta y los ochenta (Bioman, Ultraman) pasando por el manga y el anime.
Pero ‘Tetsuo’ lleva esta estética hasta sus límites para convertirla en una película bastante oscura, allí donde ciencia ficción y terror se mezclan y la ultraviolencia y el fetichismo sexual por el metal y la electrónica son algo común. En realidad es díficil describir su argumento, porque más bien se trata de una sucesión de secuencias extrañas, desagradables, desasosegantes y que tiene mucho de ejercicio estético. Esa estética es quizás lo más interesante de ‘Tetsuo’, porque tiene esa habilidad típicamente japonesa de sacarle todo el partido a unos efectos especiales hechos con pocos yenes mezclando ingeniosamente las imágenes para obtener un resultado abrumador.
A mí me ha recordado bastante al anime ‘Akira’, sobre todo en su concepto de transformación de hombre a máquina. Pero aparte de todas esas referencias que antes he comentado, ‘Tetsuo’ hace su propia aportación al género con una estética oscura, casi gótica y que a veces recuerda al expresionismo alemán (no hay más que ver la fotografía en blanco y negro y el maquillaje de los personajes).
Ha sido algo increíble y casi inexplicable cómo una noticia local, publicada por un diario local argentino, ha sido amplificada internacionalmente por multitud de medios sensacionalistas. Hemos visto ya aparecer todo tipo de seres ante los ojos y los móviles de jovenes varios. Casi siempre estos eventos se producen en países de América Latina, como aquel alienígena que se escondía detrás de un poste y del que ya hablé en su momento.
En este caso la aparición fue de un gnomo en la localidad argentina de Güemes, provincia de Salta. Unos jóvenes estaban reunidos de madrugada en la calle cuando de pronto fueron sorprendidos por alguien que les tiraba piedrecitas. Comprobaron que la agresión provenía de unos arbustos que se movían. Al poco tiempo vieron como un pequeño ser se les aparecía en el camino. El gnomo tenía una especie de sombrero puntiagudo y unas piernas cortas, como de enano. E igual que llegó se fue. Eso es al menos lo que se ve en el pésimo vídeo grabado por los muchachos. Según se comenta en El Tribuno, primer medio local que se hizo eco de la noticia, el gnomo fue también visto por operarios ferroviarios la misma noche.
Me parece bien que la juventud se dedique a fabricar estos vídeos en vez de grabar palizas y gamberradas varias. Pero lo que me sorprende es que la prensa digital de medio mundo lleven esta noticia a sus diarios. El sensacionalismo ha encontrado en internet un nuevo caldo de cultivo y está ansioso por encontrar hechos cada vez más impactantes, sin querer comprobar su veracidad. El primer golpe es al final el que cuenta. Las visitas, los enlaces y las referencias en redes sociales e índices de noticias tipo Digg hacen el resto. Lo saben muy bien en el tabloide británico The Sun o en el australiano Herald Sun (medio de News.com).
Después de rastrear por pura curiosidad todos los medios que informan del «duende de Güemes», me doy cuenta de que a ninguno le ha dado por profundizar un poco en el asunto, buscar a los chavales autores del vídeo, hacer periodismo de investigación para desmentir seguramente lo que ocurrió. Pero no, las webs se limitan a reproducir las mismas palabras, las mismas fotos y el mismo vídeo del dichoso gnomo.
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