El cine francés es casi siempre una apuesta segura. La primera cinematografía europea por volumen y quizás por calidad genera títulos de todo tipo. En este caso nos vamos a quedar con la vertiente más comercial y accesible de esta industria, una película destinada y diseñada para ser un bombazo en las taquillas. Y así fue. ‘Intouchables’ (‘Intocables’ en castellano) es una producción de Gaumont dirigida en 2011 por Olivier Nakache y Éric Toledano que cumplió con las espectativas para las que fue ideada. Pero junto con esa predisposición para el triunfo arrastró también algunos males –como los tópicos– que son los peores enemigos de una buena película.
Philippe es un aristócrata ricachón, culto y tetrapléjico por culpa de un accidente de parapente. Su espíritu acomodado pero a la vez aventurero hace que elija como nuevo cuidador a Driss, un senegalés que vive al borde de la marginalidad pero con gran capacidad de trabajo y de sacrificio. Dos personas tan extremadamente diferente convivirán juntos durante un tiempo, lo suficiente como para que aprendan lo bueno del otro. Parece ser que la historia está inspirada en hechos reales.
Hemos visto miles de veces un argumento similar: el chico pobre que accede de repente a un mundo que no es el suyo, pero en el que pronto se hace querer. Yo me imagino a Philippe y Driss en una versión americana interpretados por Robert de Niro y Will Smith. La cinta se deja ver fácilmente, es extremadamente entretenida y se consigue empatizar plenamente con los protagonistas. Pero su argumento, aunque muy bien construido y llevado a la pantalla, es demasiado sencillo y poco real, casi ingenuo. Para pasar el rato sin más pretensiones y decir que veis cine europeo.
Estoy seguro de que todos vosotros habéis visto alguna vez, impreso en todo tipo de soportes, la cara de la luna, de aspecto humano, con un cohete clavado en uno de sus ojos. Esa imagen se ha convertido en uno de los iconos del cine, del primer cine. ‘Viaje a la Luna’ (‘Le Voyage dans la Lune’ en su versión original) y su autor Georges Méliès han pasado a la historia como los pioneros que son. Hay que pensar que tan sólo siete años antes, los hermanos Lumière habían presentado en sociedad el cinematógrafo. Estamos hablando por tanto de 1902, cuando el cine era una simple atracción de feria. Méliès sin duda contribuyó a convertirlo en un arte con todas las de la ley.
El documental de 2011 ‘Le Voyage Extraordinaire’, dirigido por Serge Bromberg y Eric Lange, es probablemente el mejor y más completo documental que se ha dedicado a esta película y a su autor. En él colaboran cineastas franceses como Costa Gavras, Michel Gondry, Jean-Pierre Jeunet o Michel Hazanavicius, aportando sus visiones sobre la influencia de Méliès en todo el cine que se hizo después. Costa de dos partes. En la primera se desgrana la vida y obra del propio Méliès, y la segunda –y en mi opinión la más interesante– cuenta la historia de un hallazgo y una restauración.
Sólo existen una copia en color de ‘Le Voyage dans la Lune’ que fue conservada hasta los años noventa en la Filmoteca de Catalunya. Su estado cuando fue adquirido para intentar su recuperación era lamentable. De hecho lo más probable es que nunca se hubiera podido ver su contenido. La descomposición del celuloide era ya muy avanzada, pero mediante procesos químicos se pudieron despegar y fotografiar todos sus cuadros (o fragmentos de cuadros). Después llegaría la industria de Hollywood y su poderío tecnológico que haría el resto del trabajo.
Os dejo con el documental completo (en francés) y con la película restaurada, que incorpora una banda sonora moderna realizada por la banda gala Air.
El último material que quedaba por salir de nuestro viaje a Berlín era precisamente el viaje de retorno desde Schönefeld hasta Barajas. Sólo son unas pocas imágenes porque casi todo el trayecto las nubes impidieron ver el paisaje. Apenas algunos detalles de la campiña del centro y sur de Francia y el paso por el Pirineo aragonés.
Se acaban de cumplir dos años de la trágica muerte de Trish Keenan, la vocalista de Broadcast, uno de mis grupos favoritos. Por entonces estaban trabajando en la banda sonora de una extraña película germano-británica llamada ‘Berberian Sound Studio’. Este film, dirigido por Peter Strickland en 2011 aunque estrenada el pasado verano, es –hablando en plata– una autentica «frikada», donde no solo los aficionados al cine de terror italiano de bajo presupuesto de los setenta sino también los que gustan de ver todo tipo de aparataje electrónico «vintage», disfrutarán de lo lindo.
Corre el año 1976. Glideroy, un apocado e inocente técnico de sonido británico especialista en efectos para películas es contratado por un director de cine de terror gótico italiano de bajo presupuesto para colaborar la postproducción de su film ‘Il Vortice Equestre’. El estudio de sonido Berberian tiene fama por sus métodos oscuros y poco ortodoxos a la hora de elaborar los efectos de sonido y el doblaje. Glideroy se dará cuenta casi inmediatamente del antro en el que se ha metido. Intentará renunciar sin éxito y pronto se verá atrapado en un mundo sórdido y terrible que, en última instancia, sólo estará en su cabeza.
Son muchos los aspectos que me han resultados atractivos en esta producción. Lo primero que llama la atención es lo cuidado de su ambientación y la calidad visual y de sonido de todas sus escenas. Los créditos de la película ‘Il Vortice Equestre’ son geniales (será lo único que se verá de la película en la que trabaja Glideroy) y el trabajo de los actores es más que notable. En cuanto al argumento, no hace falta decir que es originalísimo, potenciado por el tratamiento de las superposiciones, primeros planos, macros de los mandos de los aparatos y demás recursos visuales en los que Strickland se recrea una y otra vez. Al final, la sensación de opresión y obsesión del protagonista casi se contagia al espectador, con lo que podemos dar por conseguido el objetivo de esta rara cinta.
Hace más de cinco años escribí en este blog sobre la existencia de un documental producido por Esgaya Films sobre el Xixón Sound, aquel movimiento musical que supuso una explosión en la ciudad asturiana y que exportó a lo largo de los años noventa multitud de bandas con muy diferentes sonidos. Ayudó, sin duda, a «refrescar» el panorama musical nacional. Pues bien, hasta el otro día no tuve ocasión de verlo, pero más vale tarde que nunca. La espera ha merecido la pena.
El documental, de título ‘Cambia de Vida. El Viaje del Xixón Sound’ y dirigido por Elena Medina y José Fernández, hace un recorrido de una hora y media por aquellos años locos de finales de los ochenta, los noventa y comienzos de siglo a través de algunos de sus protagonistas. Los testimonios de gente de Kactus Jack, Manta Ray (incluido Nacho Vegas), Nosoträsh, Undershakers, Screamin’ Pijas, Australian Blonde, Astro Discos, Doctor Explosion, Penelope Trip y de personajes como Paco Loco, Fran Gayo (Mus), Ramón Lluis Bande o Jesús Ordovás nos permiten hacernos una idea de lo que fue aquel tiempo en Gijón.
Al contrario de lo que ocurre en otros documentales musicales, sus protagonistas se afanan en desmitificar. Es precisamente eso lo que creo que aporta a la película una dosis de realismo y de cotidianeidad que se agradece. Nadie reconoce que existiera una escena uniforme y todos coinciden en que fue algo que se alentó desde la prensa musical de Madrid (El País de las Tentaciones) y Barcelona (Rockdelux y Factory), pero lo cierto es que esas bandas existieron y generaron una serie de discos que pasaron a la historia de la música independiente española. Para ilustrar las palabras se ofrecen imágenes de conciertos de los primeros tiempos, algunos de ellos no vistos hasta ahora por el gran público y también de los grandes festivales en los que tocaron.
Hay un punto en el que física y filosofía se tocan. Ocurre en las teorías más especulativas de la física de vanguardia. Teorías que me interesan mucho pero que son complicadas de seguir. Una más que unir a la lista es la Teoría de la Simulación del filósofo anglo-sueco de la Universidad de Oxford Nick Bostrom. Esta teoría, enunciada en 2003 viene a decir que el universo en el que vivimos puede ser una simulación generada por ordenadores en un futuro lejano, donde los humanos han dado paso los transhumanos que poseen una capacidad tecnológica que ni siquiera podemos concebir.
Supuestamente, en ese futuro y por razones que se nos escapan, estarían interesados en generar un «simulador de ancestros» donde se reproduciría toda la historia de la humanidad, bien como una ilusión –sólo existe el presente y el resto son recuerdos inventados– o bien como una verdadera historia virtual.
Aunque puede parecer una broma, Bostrom se toma esta especulación muy en serio y en su página personal podemos encontrar diversos documentos al respecto, algunos incluso traducidos al castellano. Pero ¿Cómo podemos intentar dilucidar si está en lo cierto? En realidad no lo podemos saber, o al menos no con seguridad. Bostrom ha desarrollado todo un aparataje dialéctico-filosófico-probabilístico resumido en tres premisas que podéis leer en este documento y que también podría aplicarse en otros casos no menos enigmáticos como ¿Estamos siendo visitados por habitantes del futuro?. Buena suerte con la lectura.
Las últimas noticias provienen de la Universidad de Washington. Allí se han propuesto crear una prueba que nos indique si verdaderamente el mundo en el que vivimos es real o no. Para ello se prevé reconstruir informáticamente un «miniuniverso» con las reglas conocidas y establecer analogías con el universo que conocemos. Teóricamente, si ambos se comportan igual, viviremos en un mundo real y si no, existen muchas posibilidades de que no sea así. La idea es la misma que la del Test de Turing, pero más complejo.
Soy un gran fan del cine de Michael Haneke desde hace años, cuando vi ‘El Tiempo del Lobo’. El austríaco me parece un director inteligente, enigmático, críptico y sobrio pero que al mismo tiempo sabe transmitir al espectador la emoción y el sentimiento exacto que hacen que sus películas sean inolvidables. Por desgracia esa imagen de él salta en mil pedazos al ver ‘Amour’. La multipremiada y alabada mundialmente cinta no ha conseguido transmitir esa sensación que se supone que ha de comunicar el buen cine. Si ya de por sí el argumento de la vejez y la decrepitud no me interesan demasiado, siendo Haneke le di una oportunidad que al final ha resultado equivocada.
La película cuenta la historia de un matrimonio de profesores de música jubilados que viven en París. Su vida es plácida hasta que la mujer sufre un problema cerebral agravado por una operación fallida. Su hemiplejia le impide llevar la activa vida que mantenía antes. A pesar de los esfuerzos de su marido, su estado continua empeorando mientras el mundo a su alrededor se desmorona poco a poco.
Haneke mantiene su buena mano para narrar historias. Sus planos generales y largos son marca de la casa. Pero aquí quizás no encajan demasiado y no facilitan que empaticemos con los protagonistas. Si a la falta de empatía con alguien que se supone que está sufriendo le unimos que el final es conocido (la película comienza justo ahí), hace que el argumento prácticamente carezca de interés. Una pena.
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