Vídeo: ‘Cerezo en Flor’
Música: Stuart Sweeney, ‘Cherry blossom fall’.

Parece mentira, pero hace tan solo seis años publiqué un artículo en el que comentaba el lanzamiento de la primera cámara doméstica que grababa vídeo a 1080i. Fue en octubre de 2005. Tres años después ya eran una realidad al alcance de cualquier persona y hoy día es una tecnología casi superada. Desde hace dos o tres años se vienen lanzando modelos de cámaras dirigidas al sector de cine digital profesional con capacidad para grabar vídeo a 2K y 4K, esto es, 2 y 4 veces la alta definición actual. Las ya legendarias cámaras Red pusieron al alcance de casi cualquiera (entre 6000 y 18000 euros) unas cámaras impensables muy poco tiempo antes y que alcanzan la calidad de las cámaras cinematográficas analógicas a un coste varias veces menor.
Ahora, el foco del mercado del 4K se dirige –todavía tímidamente– hacia la electrónica de consumo. Aún es pronto, pero la compañía Sony ya ha lanzado una videocámara con capacidad 4K dirigida a un mercado semiprofesional. Se trata de la NEX-FS-700 y competirá directamente con la Red Scarlet y con la JVC GY-HMQ10, al menos en el rango de precios de los 4000-7000 euros.
El avance la la tecnología de la imagen es tal vez uno de los punteros actualmente. Las mejoras que se han producido en la imagen grabada en movimiento en los últimos diez años ha sido exponencial. ¿Qué nos depararán los próximos diez años? Posiblemente la implantación como nuevo estándar del 4K, con televisores mucho más grandes (o al menos con más densidad de píxeles) que soporten estas resoluciones y videocámaras en nuestros dispositivos móviles que graben en ese formato. ¿Habrá un siguiente paso? Estoy seguro de que sí.
Ayer leí en El País un interesante artículo sobre algo que creo que es un fenómeno que crece: los cansados/hartos/asqueados de las redes sociales. Su título es bastante elocuente: «Insumisos de las redes sociales». Está en boca de todo el mundo, parece que todo el mundo las utiliza y si no las utiliza no estás en internet. Muchos nos rebelamos contra esto y buscamos un uso inteligente de la red, un uso útil que de verdad nos ayude en la vida diaria y en nuestras comunicaciones y no de lo que quieran determinados poderes. Da la impresión de que no somos conscientes de que toda esa información que se genera cae en manos de empresas privadas para su propio uso y consumo, normalmente publicidad.
Muchas veces nos dejamos llevar por el oropel de la moda, los interfaces intuitivos y bonitos, la comunicación fácil, y normalmente banal y por esa debilidad humana que es el cotilleo puro y duro, a cambio de estar controlados todo el tiempo. Afortunadamente es una moda que terminará más pronto que tarde. La gente se cansará y la red inventará otra cosa. En el artículo en cuestión, los principales argumentos que se esgrimen para no usar las redes sociales son, por una parte, la pérdida de tiempo que supone frente a las pocas ventajas que ofrece, y por otro la vulgarización de la información y el gusto por el chismorreo barato que en el fondo no aporta nada a nuestras vidas. Por mi parte, en su día me registré en Facebook, Twitter, Tuenti o Flickr, pero ninguna de ellas tiene actividad ya y he procurado borrar toda la información que contienen. En un futuro próximo eliminaré mis cuentas.
Son ya muchos años en internet (prácticamente desde que se popularizó a finales de los noventa) y he aprendido unas cuantas cosas. Por ejemplo seleccionar concienzudamente los servicios web en los que me registro y, por supuesto, tener muy claro los datos que puedo proporcionar y cuales pueden deducirse a partir de otros. Incluso también cuales puedo proporcionarme por mí mismo, sin depender de nadie. Pensaréis que es pura paranoia, pero cuanto menos se sepa de nuestras vidas en internet, mejor. Yo al menos no estoy dispuesto a facilitar el trabajo a absurdos estudios de mercado o recibir absurdos correos electrónicos con absurdas promociones que van directamente a la bandeja de «no deseados».
El año pasado se presentó una versión renovada del mítico Commodore 64. Lanzado originalmente en los ochenta, la nueva versión –denominada 64x– es estéticamente clavada al de entonces. La única diferencia está en la conectividad y, claro está, en el interior. En este sentido nada que objetar. Más bien, envidia. Todo hardware de última generación y altas prestaciones. La cuestión que me pregunté nada más verlo es ¿Qué sistema operativo llevará? Evidentemente Windows no, ya que lo convertiría en un PC normal y corriente. Buscando un poco descubrí que el software que regía al nuevo Commodore 64x era el OS Vision. En realidad es una modificación de una distribución linux llamada Mint.
Commodore OS Vision, sin ánimo de ofender, me parece un sistema operativo estéticamente no muy bonito, demasiado recargado, con colores estridentes y una apariencia demasiado… espacial. Los efectos visuales son demasiado similares a los estándar de los entornos de ventanas linux (cierre de ventanas con el efecto fuego, efecto «ventanas elásticas» al moverlas, etc), la tipografía y los colores utilizados y ese dock calcado al Mac OS X no le hacen mucha justicia. No hubiera costado mucho hacer algo bonito y discreto que no tiene por qué no ser espectacular. Algo que quizás fuera más reconocible por los usuarios del antiguo Commodore.
Al hilo de este asunto he pensado en cómo sería un hipotético nuevo MSX ¿MSX3? adaptado a los tiempos como bien ha hecho la gente de Commodore. Uno de los inconvenientes (¿o quizás ventaja?) es que el MSX es un estándar y no un fabricante. Debería existir una compañía que lidere esta renovación. Yo he pensado desde el primer momento en Sony, que fue quien lideró en su momento junto con Philips este sistema. Su entorno de ventanas HiBrid nos maravilló allá por 1986 e hizo que aprendiéramos a diseñar hojas de cálculo y bases de datos. Ya por entonces aquel sistema era muy similar al que llevaban los primeros Macintosh de Apple. Hoy, el nuevo HiBrid tal vez pudiera estar basado en alguna distribución de linux pero de manera mucho menos evidente que en el OS Vision de Commodore. Tampoco estaría mal que contara con una ranura para poder insertar nuestros viejos cartuchos de videojuegos. Un guiño a la nostalgia y una reivindicación de sus orígenes.
Pero evidentemente todo esto es divagar por divagar, porque veo complicado que las grandes compañías que ayudaron a alumbrar el MSX quieran recuperarlo hoy comercialmente, aunque pienso que los que fuimos niños en los ochenta y tuvimos uno hoy día casi seguro que lo compraríamos. Soñar es gratis…

El último día de nuestra estancia en Londres se me ocurrió una excursión un poco «friki». Recordé que cerca de la salida del metro de Earl’s Court estaba la última cabina de policía que queda en la capital, así que nos dirigimos hasta allí con el tiempo justo antes de partir hacia el aeropuerto. Hicimos las fotos y nos volvimos.
Estas cabinas se utilizaron de forma habitual y masiva en todo el Reino Unido entre los años 50s y 70s del siglo XX por la policía y los ciudadanos para avisar de cualquier inicidencia que se pudiera producir. A partir de entonces fueron cayendo en desuso. A día de hoy en todo el país se conservan unas cuantas de este formato (el diseño realizado por MacKenzie Trench en 1929). Estas cabinas tienen la particularidad de tener el tamaño de una cabina clásica de teléfono británica pero de color azul, sin ventanas y con una luz rotatoria en el techo.
Pero por supuesto la fama mundial de estos artilugios viene de la serie de ciencia-ficción Doctor Who, donde es la TARDIS, una máquina del tiempo y del espacio en la que viaja el famoso doctor. De hecho, la que pudimos visitar fue colocada en 1997 y mantenida allí básicamente para que mitómanos y turistas se acercaran a verla y fotografiarse con ella, aunque es completamente operativa. No es un objeto de adorno. Fue muy curioso ver como una niña pequeña que pasaba por allí con su madre no pudo evitar señalar con el dedo y soltar un «Look, it’s a TARDIS!».
Hace poco he visto el fantástico documental emitido por Odisea ‘Space Hackers’ (aquí traducido como ‘Hackers del Espacio’). Trata sobre la increíble historia de dos hermanos de Turín, Achille y Giovanni Battista Judica-Cordiglia, que consiguieron en los años cincuenta y sesenta poner en jaque a las autoridades norteamericanas y soviéticas interceptando las comunicaciones de sus misiones espaciales. Con medios muy rudimentarios escucharon al primer hombre en el espacio —Yuri Gagarin–, a la perrita Laika o al primer norteamericano en orbitar el planeta John Glenn.
La cosa se complicó cuando, siendo ya celebridades locales y casi nacionales, interceptaron comunicaciones que podrían resultar comprometedoras. Aquí es donde comienza la polémica. Mientras ellos califican como auténticos los sonidos de respiraciones humanas provenientes de un teóricamente satélite no tripulado soviético (la Venera 1VA) meses antes del lanzamiento del primer ser humano al espacio, hay muchos investigadores y científicos que las tachan de historias «adornadas» o directamente de fraude. Pero esa no fue la única comunicación sorprendente que presuntamente interceptaron. También proveniente del bloque soviético, aquel mismo año los hermanos pudieron escuchar una voz angustiosa de mujer que parecía estar en órbita terrestre y a punto de sufrir una reentrada fatal en la atmósfera. Ninguno de estos hechos ha podido ser contrastado, por lo que sólo tenemos las grabaciones y la palabra de los Judica-Cordiglia.
Pero estas polémicas poco importan para disfrutar de este sorprendente documental y conocer una historia que, a pesar de haber sido divulgada por diversos medios (últimamente en el programa ‘Cuarto Milenio’), sigue siendo muy desconocida. Os dejo con él:

El otro día leí en el blog de Konamito la noticia de que se había puesto a subasta un Dragon MSX. Esto no sería noticia si no fuera porque el precio de salida eran 200.000 euros (rebajado después a 50.000) y el precio de compra directa de 2.500.000 euros (luego 250.000). La razón de tantos ceros hay que buscarla en su rareza. De este modelo de ordenador MSX sólo se conoce la existencia probada de dos (según la Wikipedia), aunque se supone que en su día, en 1985, se construyeron 500 unidades.
Otra de sus peculiaridades es que sería el primer ordenador del estándar MSX construido en España. A pesar de que la compañía Dragon es británica (galesa para más señas), su fabricación se llevó (teóricamente) por la empresa Eurohard en la localidad cacereña de Casar de Cáceres, donde sí se produjeron otros modelos de Dragon no MSX como el 64 o el 200. No se sabe si realmente comenzó la producción en serie o si todo se quedó en algunos prototipos de pruebas. Probablemente esta última opción sea la más acertada, dado que el número de unidades que han salido a la luz ha sido muy limitado.
La única unidad que ha sido fotografiada es el llamado «número 37» aludiendo a su número de serie de fabricación. Según cuenta la leyenda fue conseguido a precio de saldo en un mercadillo de Barcelona por un aficionado llamado Tromax. Siguendo con las leyendas, se dice que muchos de los Dragon MSX que finalmente fueron fabricados pero no vendidos fueron enterrados en el vertedero de la localidad de Alcuéscar (Cáceres), al más puro estilo de los cartuchos del videojuego ‘E.T.’. ¿Y si realmente siguen allí?