22 de febrero de 2014
El cine y la tecnología siempre han ido de la mano. Desde sus orígenes. En los últimos tiempos estamos viendo películas sobre cómo los móviles, internet y la nueva forma de relacionarnos que nos proporciona influye en nuestras vidas. ‘Her’ (2013) es posiblemente el último exponente de este afán de hacer una radiografía de nuestro tiempo. Su director, el peculiar Spike Jonze, lo hace proyectando a un futuro cercano lo que hoy ya vivimos. Un futuro en el que los dispositivos de alta tecnología está completamente integrados en nuestras vidas.
La película cuenta la historia de Theodore. Tiene un curioso empleo: Escribe cartas para los demás. Su imaginación no conoce límites. Su reciente divorcio le hace refugiarse en la tecnología. Un nuevo sistema operativo con un desarrollado algoritmo de inteligencia artificial promete ser de un realismo nunca visto. Pronto, su dependencia de este software será total. El papel protagonista de Joaquin Phoenix es de lo más notable del escueto elenco. La voz de Scarlett Johansson en la versión original puede que sea un acierto, pero termina por saturar un poco y a la hora y media ya me pone de los nervios.
La idea de ‘Her’ es absolutamente original y –en mi opinión– genial y llena de posibilidades. Por eso con tal potencial es complicado realizar una película que esté a la altura. Jonze factura una cinta irregular, con momentos magistrales y también con otros ridículos. Mientras estaba delante de la pantalla tenía la sensación de que no se exprimía todo el jugo que podía dar el argumento. Hay momentos supuestamente dramáticos que usando un ácido sentido del humor, son de risa. El desenlace también decepciona por lo inverosímil y lo tramposo. La grandilocuencia y la trascendencia impostada de esta última parte de la película resulta patética. Con todo esto no quiero decir que sea una mala película. Tampoco es memorable. Haciendo la media entre la primera y la segunda hora nos sale una película aceptable, entretenida, incluso buena, pero muy lejos de lo que podía haber sido. Una lástima.
20 de febrero de 2014
Hay dos acontecimientos en las últimas semanas que nos hace pensar que el dinosaurio Facebook comienza a dar signos de agotamiento. Posiblemente vivimos ahora mismo la cima en la popularidad de la red social, su máximo de usuarios posibles. Como diría un economista, el mercado está saturado. El usuario de internet es increíblemente volátil, mucho más en una red social, donde el servicio no es posible sin los demás. Son su materia prima. ¿De qué me sirve tener Facebook si mi círculo de amigos y familiares no lo tienen? Los recientes escándalos de espionaje destapados por Edward Snowden han hecho que todos los servicios de internet proporcionados por empresas norteamericanas sean potencialmente sospechosos. Facebook ya no es simpática.
El primero de esos dos acontecimientos que comentaba al principio es la publicación el 17 de enero de un «paper» de la Universidad de Princeton. Un estudio realizado por John Cannarella y Joshua A. Spechler bastante interesante (‘Epidemiological Modeling of Online Social Network Dynamics’ [PDF]). En él se ofrece un análisis curioso de la evolución de la red social de Zuckerberg, comparándolo con una epidemia de cualquier enfermedad. De hecho su forma de captación es muy parecida. Según el texto habríamos superado ya el pico de usuarios y el declive sería ya un hecho. También se ofrece un hecho ya pasado e incontrovertible: el ejemplo de MySpace. La curva es básicamente la misma y su pico tuvo lugar a finales de 2007. Hoy día su influencia es residual.
El segundo es la noticia que saltó ayer mismo. La compra de WhatsApp por parte de Facebook por una cantidad aún no muy clara de dinero pero que puede acercarse a los veinte mil millones de dólares. Es complicado saber cómo responderán los usuarios del cliente de mensajería móvil más popular del mundo. En parte depende de como se gestione la absorción e integración en la red social. Posiblemente muchos no esperarán y se darán de baja. Parece complicado que pueda rentabilizarse esa enorme inversión. Quizás haya sido un paso en falso.
Todavía hay muchas dudas y las alternativas para los disidentes son bastantes (Line, Telegram, WeChat, Spotbros o Google Hangouts entre otros), con lo que se corre el riesgo de fragmentación y por tanto de fracaso de todo un sistema. En sí, el futuro del modelo de red social como concepto monolítico es incierto. Es probable que estemos viviendo el principio de un cambio en las comunicaciones y los servicios a través de internet. ¿Pequeños servicios independientes integrados entre sí?. Algo se mueve, pero no sabemos hacia donde.
Es curioso, pero el 1 de enero de 2008 escribí ya sobre la posible muerte de Facebook, justo cuando comenzaba a ser popular…
15 de febrero de 2014
Una de las cosas que más me gusta hacer es bucear por la red y recuperar viejos documentos sobre Zamora, ya sean escritos –testimonios de otros siglos–, mapas, fotografías o –los más escasos y preciados– imágenes en movimiento. Hace casi tres años os comenté el descubrimiento del que fue probablemente el documental más antiguo sobre Zamora. Su título era ‘Por Tierras de Zamora’ y fue realizado en 1933 por Fernando López Heptener.
En este caso se trata de ‘Zamora, Ciudad Sin Años’. Su autor, José Luis Viloria, es uno de los cineastas zamoranos más notables. En 1960 dirigió este reportaje de diez minutos con la colaboración de lujo de Cristóbal Halffter en la música y del poeta Claudio Rodríguez en el guión. La copia colgada en YouTube no es de muy buena calidad. Desconozco si existe otra mejor. En cualquier caso hay que agradecer a Zamora Channel el trabajo de valor incalculable que han realizado al rescatar este pequeño tesoro. El documental hace un repaso por los principales monumentos de la ciudad en la primera parte y una segunda parte dedicada íntegramente a la Semana Santa. No son muchos minutos, pero suficientes para conservar la memoria de otros tiempos y que no se pierda de cara al futuro.
8 de febrero de 2014
La cadena de televisión estadounidense HBO es conocida por la calidad de sus series, y también por lo arriesgado y la calidad de algunas de sus propuestas. Recordamos las paranoias de Larry David en ‘Curb Your Enthusiasm’ (aquí titulado ‘El Show de Larry David’) o las fantasías medievales de ‘Juego de Tronos’. Hace no mucho me puse a ver ‘Girls’, una producción de la cadena de pago que cumple con esta máxima.
Es un gusto ver como todavía hay propuestas frescas y rompedoras que llegan del otro lado del Atlántico. Desde luego no todo son zombies, mafiosos ni profesores drogadictos. Se agradece una serie sobre la vida sin más. La vida cotidiana, que a veces ya es lo suficientemente extraña como para no tener que añadir nada más. El punto central de la serie es Hannah, una post-adolescente algo maniática y obsesiva que se traslada a Nueva York para intentar ser escritora, aunque sin demasiada fortuna. Sus padres, hartos de malacostumbrar a su hija, dejarán de sustentarla económicamente y es entonces cuando comenzarán los problemas por sobrevivir en Brooklyn junto a sus amigas. Se enfrentará a situaciones conmovedoras, raras, rocambolescas y delirantes.
Cada capítulo de media hora es una aventura completamente imprevisible, ingeniosa y muy bien construida. El trabajo de los actores, con la propia Hannah –la neoyorkina Lena Dunham, que además de interpretar, dirige, escribe los guiones y produce la serie– es excelente y le da a los relatos un aura de credibilidad muy de agradecer y se aleja de los estereotipos como del diablo. Pero lo que hay detrás de ‘Girls’ se puede definir con una sola palabra: Honestidad. Y es esa franqueza la que engancha por encima de todo.
Y es que el interesante cine independiente norteamericano de nuevo cuño –el famoso «mumblecore»— ha sido transportado con toda su fuerza y esencia a la pequeña pantalla. Y como remate, una excelente banda sonora en la que podemos escuchar a Vampire Weekend, Oasis o MGMT. En conclusión, una de las mejores producciones hechas para la televisión que he visto en bastante tiempo.
3 de febrero de 2014
Para bien o para mal, el cine de Álex de la Iglesia tiene un sello inconfundible que se reconoce desde su primera película, o mejor aún, desde su primer corto. Ya en aquellas ‘Mirindas Asesinas’ (1991) con el gran Saturnino García o en su debut ‘Acción Mutante’ (1993) podían verse las peculiares señas de identidad del realizador vasco. La acción, la violencia, el humor negro, los tópicos hispánicos y una producción y ambientación muy diferentes a lo que siempre se ha visto en el cine español. En aquellos tiempos supuso un soplo de aire fresco en el rancio panorama nacional. En veinte años, De la Iglesia ha dirigido una decena de películas.
En la última, ‘Las Brujas de Zugarramurdi’, retoma el tema del satanismo que ya tocó en ‘El Día de la Bestia’. Un grupo de atracadores de poca monta junto con el hijo de uno de ellos, tras cometer un robo en Madrid, acaba en un misterioso pueblo navarro huyendo de la policía. Da la casualidad de que la localidad está repleta de brujas y malas personas que secuestrarán al niño para intentar ofrecerlo en sacrificio a las fuerzas de Satán.
Álex de la Iglesia vuelve al entretenimiento puro y duro, al humor exacerbado –y exagerado–, a la violencia excesiva y paródica. El resultado es una película muy bien rodada, bien llevada, pero cuyo guión llega donde llega. La trama está repleta de tópicos repetidos en miles de películas –quizás sean guiños intencionados– y sin más pretensión que la diversión. Y en mi opinión lo consigue. Interesante para pasar un rato con un producto nacional bien facturado.
28 de enero de 2014
Ayer por la tarde, hora española, dos cosmonautas rusos realizaron un paseo espacial para instalar una cámara en el módulo de servicio Zvezda de la ISS. Esta operación, que para la mayoría pasó desapercibida y no salió en ningún informativo, puede suponer una revolución en la forma en la que vemos a nuestro planeta. El motivo: La cámara –en realidad dos cámaras– que se colocó permitirá dentro de no mucho tiempo contemplar en tiempo casi real la superficie terrestre con un nivel de detalle nunca antes imaginado. Salvando las distancias, será una especie de Google Earth en movimiento y actualizado en el momento.
La idea ha sido de la empresa canadiense UrtheCast, con la colaboración del fabricante de componentes aerospaciales ruso RSC Energia, Naciones Unidas y el canal de documentales Discovery Channel. La cámara en cuestión no es una cámara cualquiera, más bien es un telescopio conectado a una cámara. IRIS, que así se llama, está adaptada para soportar las duras condiciones del espacio exterior y tomará vídeo con calidad Ultra HD (cuatro veces la alta definición 1080p), así como datos telemétricos.
Aún no sabemos cuando podremos verlo, pero es de suponer que no tengamos que esperar mucho. Lo que sí se sabe es que el servicio será gratuito y existirán suscripciones de pago para empresas u organizaciones interesadas en contar con información extra, así como para poder utilizar comercialmente las imágenes. También se pondrá a disposición de los desarrolladores una API para que aplicaciones o dispositivos puedan utilizar el servicio. La verdad es que la cosa pinta muy bien. Sólo nos queda comprobar como se desarrolla.
26 de enero de 2014
Hay veces cuando uno ve una película en las que piensa en lo mal aprovechadas que están a veces las buenas ideas. ‘Gente en Sitios’, la película de Juan Cabestany realizada en 2013 y todavía en cartelera, es un buen ejemplo de ello. Cabestany plantea un puzzle en principio inconexo de situaciones de lo más diverso y absurdo, con el denominador común de la paranoia social y personal que vivimos en la actualidad.
Esa es la excelente idea a priori. Por desgracia, el resultado final, está muy lejos de esas intenciones. Cierto que hay pasajes más logrados que otros, pero el conjunto general es a veces ridículo, otras incomprensibles, otras sin rematar y otras fallidas. El aspecto de amateurismo que muchos han criticado a mi no me resulta molesto, es más, es de las pocas cosas acertadas de la película porque le aporta frescura y un toque de espontaneidad. Para el reparto, Cabestany ha contado con la flor y nata del panorama nacional, con caras muy conocidas como Ernesto Alterio, Adriana Ugarte, Coque Malla –en uno de los pasajes más logrados–, Maribel Verdú, Ernesto Sevilla o Eduard Fernández.
Es verdad que necesitamos ver en el cine español más películas diferentes a lo que estamos acustumbrados, pero aquí se echa de menos un poquito más de elaboración, de ingenio y –tal vez– de talento en el guión. Una lástima.