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La bitácora personal de Ricardo Martín
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29 de agosto de 2013

Koana, un país imaginario que viene de Australia

Cada cierto tiempo llega a mi conocimiento un nuevo proyecto relacionado con los países imaginarios, ficticios, microestados o como queramos llamarlos. En esta ocasión ha sido algo diferente, porque me ha parecido verdaderamente interesante, sobre todo a nivel estético y cartográfico. Incluso la revista Wired se interesó por este extraño país isleño que sólo existe sobre el papel y en la cabeza de su autor, Ian Silva, un australiano que parece que tiene muchísimo talento y tiempo libre para elaborar unos mapas que me han dejado impresionado. Silva es conductor de los trenes metropolitanos de Sídney, algo que queda bastante claro en sus diseños, con planos de metro de varias ciudades y una red de trenes en todo su país. En contra de lo que pudiera parecer, jamás ha realizado estudios relacionados con la cartografía o el diseño gráfico.

La inspiración para estos mapas proviene de una metódica observación de ciudades europeas a través de Google Maps. Pero evidentemente la creación de un país con decenas de ciudades y cientos de barrios y pueblos no es cosa de un día. Dedicó años a madurar la idea y, según cuenta en la entrevista para Wired, le llevó tres semanas pasar esas ideas y planos primigenios a Adobe Illustrator. Dedica unas ocho horas semanales al proyecto. Todo ese material ocupa ya 250 Gb. Como diríamos en estos casos extremos, Ian Silva es un auténtico «friki» de los mapas, un genuino obseso de la cartografía imaginaria. Estoy seguro de que no soy yo el único al que al ver esos diseños se le mueve algo por dentro y anima e inspira a retomar los eternamente dormidos proyectos propios de países imaginarios.

Desde mi punto de vista, el proyecto de Koana cojea un poco en algunos aspectos, como el idioma, tratado muy por encima, la organización política o la historia. Tampoco los topónimos son un dechado de originalidad, copiando nombres de ciudades europeas, sobre todo nórdicas y anglosajonas. También me ha parecido poco realista la distribución muy homogénea de la población –demasiada población para un país que según comenta tiene la extensión de España y Suecia sumadas–

A pesar de todo esto, igual que Silva, en mi caso voy madurando muy poco a poco los aspectos más peregrinos e inimaginables de mi país. Los voy apuntando o dibujando, retocando, etc. Poblaciones, nombres de ciudades, posibles nombres de empresas de telecomunicaciones, de transportes públicos, hitos importantes en su historia, tradiciones, organización territorial y política, leyes, economía, moneda propia y un larguísimo etcétera. En cuanto a los mapas, sé que nunca llegaré a su nivel de realismo y detalle, pero un mapa básico diseñado con Illustrator y del que estoy razonablemente orgulloso descansa en mi disco duro a la espera de un momento de inspiración. Sin duda este caso ha supuesto un buen acicate para dar más pasos.

Los diseños y la información sobre las islas de Koana pueden verse en su página de Reddit.

27 de agosto de 2013

Shambles Square de Manchester, un curioso ejemplo de conservación

La rehabilitación, restauración o recuperación de viejas edificaciones no sólo es un deber con la historia de nuestras ciudades, sino también puede ser un gran activo de cara al turismo. En España lo sabemos muy bien y por eso nos lamentamos de las malas políticas que durante décadas se ha seguido demoliendo edificios históricos de incalculable valor en nombre del progreso. Es cierto que aún se conservan gran cantidad de templos y estructuras defensivas, pero es una mínima parte de todo el patrimonio que en un momento dado existió.

Uno de los ejemplos más curiosos de conservación de edificios históricos está en el Reino Unido. Posiblemente se trata de uno de los países del mundo que más ha respetado su historia, tanto a nivel documental como patrimonial. Hasta niveles insospechados. En Manchester existen un par de viejos edificios de vetusta apariencia situados frente a la catedral. Se trata del Old Wellington Inn y del Sinclair’s Oyster Bar, dos inmuebles construidos en los siglos XVI y XVII respectivamente y conocidos como The Shambles o The Old Shambles (o más recientemente Shambles Square).

Su historia es increíblemente azarosa pues se trata de los dos únicos edificios anteriores a 1800 que se conservan en la ciudad mancuniana. Sobrevivieron a los planes en ensanchamiento de calles de finales del siglo XIX, a los brutales bombardeos nazis de 1940, a la construcción de un complejo comercial en 1974 y a un atentado del IRA en 1996.

Precisamente en 1974 se llevó a cabo la operación de rescate más espectacular. En un primer momento se pensó en derribar los históricos edificios, que por entonces estaban situados en una zona de solares bastante degradada de la ciudad, para construir una plaza de modernos edificios, pero finalmente se decidió poner en marcha un plan ambicioso para salvarlos. Para ello se elevó su nivel construyendo bajo ellos unos pilares de hormigón que los situaría a la altura de la nueva plaza. El resultado fue algo extraño, como un trozo de otro tiempo en medio de la vorágine contemporánea. Pero fue esto lo que los salvó de ser destruidos durante el atentado del IRA. Las paredes de hormigón que los rodeaban sirvieron de parapeto y sólo sufrió daños mínimos. En 1999 ambos edificios fueron desmontados y trasladados hasta su ubicación actual, a unos 100 metros del lugar original y frente a la catedral de Manchester. Parece que este nuevo viaje será el último, al menos por mucho tiempo. La conservación parece que está asegurada.

Esta historia me ha llevado a una reflexión. Me refiero al edificio y su contexto. ¿Verdaderamente tiene sentido un lugar que ha perdido su significado histórico al carecer de correspondencia en su entorno? Cierto que su ubicación actual está en la almendra de los viejos edificios de Manchester, pero no es su lugar original. Una posible solución (aunque muy cara) pudo haber sido reconstruir la zona con edificios similares a los existentes antes de 1940, recreando al menos las fachadas y conservando el trazado antiguo de las calles. Pero se optó por el hormigón. Quizás hoy se hubiera hecho de otra manera…

10 de agosto de 2013

Una semana en París: El último duelo

Si como yo, vosotros pensábais que los duelos era un asunto del pasado lejano o, como mucho, de la época romántica en el que el gusto por la muerte y los sentimientos exacerbados estaba a la orden del día, os equivocáis. Fue nuestro guía el segundo día que estuvimos en París quien nos contó la curiosa y desconocida historia –por lo menos fuera de Francia– del último duelo a espada que tuvo lugar en la capital francesa. Ocurrió en ¡1967!. Los mismos años sesenta turbulentos que vieron las protestas de los estudiantes y los graves incidentes del espinoso asunto de la independencia argelina.

Taisez-vous abruti! (¡Cállate, imbécil!)

Esas fueron las desafortunadas palabras que desencadenaron todos los acontecimientos. Las pronunció en sede parlamentaria el diputado gaullista por Val d’Oise René Ribière contra el socialista, alcalde de Marsella entre 1953 y 1986 y Ministro del Interior con Mitterrand Gaston Defferre. Era el 20 de abril de 1967. Ribière no retiró en ningún momento el insulto a pesar de la insistencia de su adversario político.

Ce sera l’épée! (¡Será la espada!)

Ribière retó al duelo a Defferre de esta manera. Como dije antes, París era en aquel tiempo uno de los centros mediáticos del mundo. Los medios de comunicación se hicieron eco de inmediato de la afrenta que se iba a dirimir en duelo con espada. El extravagante y anacrónico acontecimiento tendría lugar al día siguiente, el 21 de abril en un lugar neutral en Neuilly-sur-Seine, en la zona noroeste de la capital. Quizás todo esto se inició con cierta ironía, al presidente De Gaulle no le hizo ninguna gracia e intentó detener el duelo sin éxito.

Sobre la preparación de los contendientes, Defferre había sido varias veces campeón de esgrima en su juventud, mientras que Ribière era prácticamente un novato. Como árbitro se eligió al diputado gaullista de izquierdas Jean Lipkowski. El duelo duró cuatro minutos y fue filmado por los noticiarios de la época. Se conserva en los archivos del INA. Pero ¿Quién ganó? ¿Hubo muertos o heridos?. Afortunadamente el duelo no era a muerte. Un sólo toque sería suficiente para ganar. Finalmente la experiencia supuso un punto a favor respecto a la juventud y Defferre «tocó» con su espada a Ribière una primera vez. Éste pidió la reanudación del combate, pero ante una segunda herida, Defferre pidió al árbitro detener definitivamente el duelo. Lipkowski lo hizo poniendo fin al evento y con él a la historia de los duelos.

El vídeo:

29 de julio de 2013

Una semana en París: La tumba de Baltasar Lobo en Montparnasse

Hace tan sólo unos días volvimos de nuestro viaje a París. Una semana frenética de visita a la capital gala dan para mucho. Vuelvo con gran cantidad de material, tanto fotografías (unas dos mil), clips de vídeo (varias horas) o sonidos grabados. Incluso casi he gastado mi moleskine anotando todo aquello digno de mención, curiosidades y vivencias. Algunas de estas experiencias las compartiré aquí con vosotros, siempre intentando alejarme de los tópicos de una de las ciudades más conocidas y pateadas (¿La que más?) del mundo. Como siempre, dentro de un tiempo colgaré las fotografías en mi web Cromavista y mucho más adelante los vídeos.

Como primera entrega de esta serie de artículos sobre París, voy a hacer un guiño especial a los zamoranos. Días antes de marchar me documenté sobre los cementerios de la ciudad, quién y dónde estaba enterrado para posteriormente visitarlos. Durante esa pequeña investigación descubrí que el escultor zamorano Baltasar Lobo, fallecido en la capital francesa en 1993, yacía en uno de estos camposantos. Lamentablemente esos documentos se me traspapelaron y a última hora sólo pude imprimir unos mapas turísticos con las tumbas de los personajes más célebres. Entre ellos no estaba Lobo.

Pero en el último momento, en una visita al cementerio de Montparnasse que además no estaba prevista inicialmente, nos topamos con una escultura verdosa y una lápida de mármol negra con el nombre del escultor. Pura casualidad. Podíamos haber tomado otra de las muchas calles de que consta el recinto y no haberla encontrado nunca. Pero ahí estaba. Si os interesa el arte y conocéis la vida y obra del artista o simplemente sois zamoranos y queréis saludar a un paisano, sabed que su tumba se encuentra en la Avenue de l’Ouest, en el sector 8º.

7 de junio de 2013

El «cuartel viejo» de Zamora

En uno de los rincones más céntricos de la ciudad de Zamora se encuentra la Plaza del Cuartel Viejo. Bautizada así en los años ochenta, el nombre nos da la pista de que hace años allí se situó un cuartel de infantería del ejército hasta 1957, cuando pasó a ser un colegio de religiosos. Lo fue por poco tiempo, puesto que en 1979 fue derruido para construir un complejo de viviendas que es el que actualmente preside la plaza.

Hasta la entrada en funcionamiento del nuevo Cuartel Viriato en 1927, a las afueras de la ciudad por entonces, el Cuartel de Infantería de Zamora o Cuartel del Palomar fue el principal recinto castrense de la ciudad. Fue construido en el siglo XVIII casi a la vez que el de caballería en las orillas del Duero, cerca de la iglesia de La Horta, aproximadamente donde hoy se encuentra el colegio público Jacinto Benavente. Así lo demuestran varios los planos del recinto, datados en 1737 y 1751 respectivamente. Ciertamente existe información variada sobre el tema, pero en su mayoría referencias confusas. Incluso la cartografía de la época no es muy exacta. Sólo una cita a un «almacén de paja» (quizás la alhóndiga aneja) me hizo sospechar que se trataba efectivamente del «cuartel viejo».

El plano que más me ha ayudado para establecer la ubicación exacta del primitivo recinto es de 1751. En él puede verse su planta, así como las calles adyacentes. Haciendo una superposición con el trazado actual tomando como referencia el edificio de la alhóndiga –único edificio que queda de la época– me di cuenta de que el entorno no ha cambiado tanto como pudiera esperarse.

Viendo un plano del alzado del edificio del siglo XVIII pueden verse sus característicos arcos en el patio, tal y como aparece en esta antigua fotografía del cuartel, realizada quizás en los años 20, tomada –a juzgar por las sombras– tal vez al atardecer desde la fachada este y mirando hacia el oeste. Existen diferencias entre el plano y la imagen. En la segunda mitad del siglo XIX se amplió el recinto hacia el sur cerrando por completo el cuartel y agrandando el patio interior.

En la actualidad no queda ningún resto de esa edificación, al menos no visible. Es posible que bajo tierra existen aún las canalizaciones que conducían las aguas fecales desde las letrinas, situadas en el ala oeste, hasta más allá de la muralla, como podemos ver en este plano de 1751.

Aquí tenemos tres pistas para ubicar este conducto. La primera de ellas es la situación de la alhóndiga. La segunda, el plano anteriormente mencionado, donde pueden verse las letrinas y, en líneas discontinuas, el comienzo del trazado de la tubería. Y la tercera, la distancia indicada en el plano hasta la muralla, que es de 186 varas castellanas y 2 pies. Este último dato nos permite situar el punto aproximado en que la tubería cruza la muralla y deposita las aguas residuales en un depósito subterráneo de notable tamaño justo al pie del muro.

186 varas y 2 pies son unos 156 metros. Si aplicamos esa distancia desde las letrinas hasta la muralla, el punto aproximado de desagüe debería encontrarse a la altura del restaurante de La Rueda. Allí la piedra que sostiene el muro se interrumpe y en la base se encuentra una acumulación anómala de piedra que bien podría ser parte de la bóveda de este depósito. Pero esto tan sólo son suposiciones.

Quién sabe si ahí debajo aún se conservan restos de ese depósito subterráneo o de sus tuberías…

3 de junio de 2013

Jardines de El Capricho

Aunque no lo parezca, en lugares tan aparentemente trillados como Madrid, existen rincones desconocidos dentro de la urbe. En este caso se puede decir que fue absorbido por el desenfreno urbanístico, y hoy se encuentra encajonado entre el Parque Juan Carlos I y el Campo de las Naciones por el noroeste y el aeropuerto de Barajas por el este. Hasta hace apenas cuarenta años era un oasis verde en medio del erial que era el extrarradio de Madrid.

Este jardín fue mandado construir por la duquesa de Osuna, María Josefa Pimentel, y sus obras tardaron cincuenta años en terminarse (comenzaron en 1787 y finalizaron en 1839). Demasiado tiempo, tanto que la duquesa no vivió para verlo completo. La historia bélica del siglo XIX y XX marcó el lugar. En 1808, el general francés Belliard se lo agenció para establecer en él su cuartel general. Durante la guerra civil se construyeron búnkeres antiaéreos en las inmediaciones del palacio. Aunque podrían ser un gran reclamo turístico, permanecen cerrados. Después de la guerra fue prácticamente abandonado hasta que en los años setenta fue comprado por el Ayuntamiento y declarado Bien de Interés Cultural.

Para terminar, y además de la galería que le he dedicado en Cromavista, aquí tenéis el clip de vídeo que grabé el día de la visita. Espero que os guste:

12 de mayo de 2013

¿Una catástrofe natural en la Zamora del siglo X? (Segunda parte)

Hace casi dos años justos escribí una entrada en este blog acerca de una enigmática catástrofe que tuvo lugar en el siglo X y que afectó de lleno a Zamora y a otras localidades circundantes. Especulé con la posibilidad de que fuera esta la causa del derrumbe del viejo puente romano del que se conservan varios mojones cerca de la margen izquierda del Duero. A pesar de que dejé aquello escrito, no he dejado de investigar nuevas fuentes que hagan referencia y arrojen luz sobre este hecho tan apocalíptico.

Una referencia que no conocía me la encontré por casualidad en la página 36 del libro ‘Crónica de la Provincia de Zamora’ (1869) de Fernando Fulgosio y que dice lo siguiente:

[…] En este mismo año de 939, hubo un eclipse, al cual dieron grande influjo los hombres en los asuntos políticos; como de igual manera experimentó en junio la ciudad de Zamora horrorosísimo estrago, efecto de una llama o nube de fuego que, según dicen, salió del Océano (lugar poco a propósito para el caso) y abrasó varios lugares y un barrio de Zamora, lo cual acaeció en sábado, 1º de junio. Mencionado el suceso en documentos antiguos, debemos aquí referirle, dejando para mejor ocasión el hallar modo de explicarle.

Mucho más amplia es la descripción, siempre basada en conjeturas, contenida en ‘Memorias Históricas de la Ciudad de Zamora’ (1882) de Cesáreo Fernández Duro (página 206 y siguientes) y en la que referencia a otros tres historiadores (Morales, Mariana y Lafuente):

«Extraño es y monstruoso, exclama Morales, y difícil de creer este prodigio. Mas yo lo he contado por las mismas palabras que está escrito en los Anales compostelanos, hallándose también de la misma manera en otras memorias antiguas. Pudo ser que este año sucediesen los incendios de estos lugares casualmente, y el vulgo, como suele, inventase salir la llama del mar».

Mariana trata de la ocurrencia en el reinado de don Sancho el Gordo escribiendo : «Del Océano grandes llamas, causadas, á lo que se entiende, de algún aspecto maligno de las estrellas, se derramaron sobre las tierras cercanas, y hasta Zamora (tanto cundieron) abrasaron muchos pueblos y campos».

Lafuente creyó que la noticia pudiera estar relacionada con el eclipse de sol que se observó en la batalla de Simancas el año 939 , y ningún otro historiador, que yo sepa, ha fijado la atención ó concedido mayor importancia á la ocurrencia que el monje de Compostela anotó, si concisa y nebulosamente, seguro en cambio de la certeza. La meditación, fundada en observaciones que iré esponiendo, me induce á denunciar una conmoción subterránea como causa de los desastres en tan pocas palabras referidos por el religioso anónimo. ¿Qué origen pueden tener en Zamora la calle que se llama de la Brasa, el prado y la fuente que se denominan de las Llamas? Aisladamente no sería fácil descubrirlo; pero hay coincidencias que no es dado atribuir á la casualidad y que fijan la idea en esa triple conmemoración del fuego, tan impropia de los lugares á que se aplica. El estudio del terreno en que brota la fuente hace patente que el rio Valderaduey corría antiguamente por el sitio en que hoy se halla la Estación del ferro-carril y los bajos de San Lázaro, desembocando en las inmediaciones de Olivares.

Tal y como dice la entrada de la Wikipedia dedicada al terremoto de 949, actualmente los investigadores consideran como tal a ese extraño evento. Fernández Duro también recoge una fuente árabe de la que no cita su procedencia y que vendría a confirmar esta hipótesis sísmica:

«Tembló la tierra, dicen, con tan espantoso ruido y estremecimiento, que cayeron muchos alcázares y magníficos edificios, y otros quedaron muy quebrantados; se hundieron montes, se abrieron peñascos, y la tierra tragó pueblos y alturas; el mar se retiró de las costas, y desaparecieron islas y escollos. Las gentes abandonaban los pueblos y huían á los campos, las aves salían de sus nidos, y las fieras, espantadas, dejaban sus grutas y madrigueras, con general turbación y trastorno; nunca los hombres vieron ni oyeron cosa semejante; se arruinaron muchos pueblos de la costa meridional y occidental de España».

El gran problema es que esta crónica está datada en el año 881, muy lejos de 949 y en un ámbito geográfico que más se corresponde con el sur o el suroeste…



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