A la mayoría de los lectores Berwick Street (la calle Berwick) no les dirá absolutamente nada. A unos pocos conocedores de la ciudad de Londres les sonará e incluso habrán estado en ella y prácticamente nadie sabrá que esa es la calle que Oasis inmortalizó en la portada y contraportada de su disco ‘(What’s the Story) Morning Glory?’. Las fotografías fueron tomadas por Michael Spencer Jones y el diseño de todo el artwork fue cosa de Brian Cannon. Si observamos atentamente la foto de portada veremos a tres personajes. De espaldas en primer plano está el propio Cannon, a punto de cruzarse con Sean Rowley, un conocido locutor musical de la BBC de Londres, algo así como un Jesús Ordovás a la inglesa. Al fondo, en la acera de la izquierda está otro personaje, Owen Morris, el productor del disco, que sostiene en alto lo que se dice que es la cinta abierta con el máster del disco. Una escenografía que representa el trajín que supuso la grabación y posterior postproducción del que fuera el álbum señero de los de Manchester. Para evitar el tráfico, la sesión fotográfica tuvo lugar sobre las cuatro y media de la madrugada.
Anécdotas aparte, la calle Berwick es una de las principales arterias del Soho londinense y está repleta de tiendas de discos, como puede verse si nos damos un paseo con el Street View de Google Maps. Yo lo he hecho, y la zona donde se tomó la fotografía del disco ha cambiado. Las tiendas ya no son las mismas, pero es perfectamente reconocible. Supongo que Oasis quiso hacer, una vez más, un homenaje a los Beatles y crear un lugar de peregrinaje para fans a imagen y semejanza del paso de peatones de la Abbey Road, frente a los estudios de grabación de EMI en Londres. Personalmente, cada vez que veo la foto del ‘(What’s the Story) Morning Glory?’ me viene a la mente la calle San Torcuato de Zamora antes de que la «semipeatonalizaran», vista a la altura del Havana si miramos hacia la plaza de Alemania… Alguna broma hemos hecho con eso… En fin.
Momentos como los actuales requieren acciones imaginativas y audaces. A nivel urbanístico también. Por eso me ha encantado leer el artículo sobre la inauguración de primer tramo de la reconversión del High Line de Nueva York, una extensa red elevada de vías férreas construida en los años treinta para el transporte de mercancías que recorre parte de la isla de Manhattan. Hacia la década de los ochenta la línea quedó en desuso y comenzó a cubrirse de maleza. En un primer momento se pensó en desmontar toda la plataforma elevada, un enorme «scalextric» de 2,33 kilómetros de longitud, pero los vecinos de la zona del West Side se negaron porque formaba parte ya del paisaje. En 2004 se convocó un concurso de ideas y el ayuntamiento de la ciudad de los rascacielos puso encima de la mesa 50 millones de dólares para el proyecto. Los ganadores fueron los arquitectos y urbanistas Diller Scofidio + Renfro. En 2006 se comenzaron las obras y el pasado 8 de junio por fin se abrió a los peatones el primer tramo.
El proyecto, y aquí está lo importante, preserva la mayoría de los elementos ya existentes, incluyendo parte de las vías y las traviesas del ferrocarril, sobre las que crecen plantas para constituir un peculiar jardín. En algunas zonas, las vías se entrelazan con losas de lo que parece granito para hacerlo transitable por las personas. Todas las estructuras han sido revisadas y algunas reconstruidas.
Al ver las imágenes del nuevo High Line peatonal me ha venido a la mente Zamora y la abandonada vía férrea de la Ruta de la Plata en la zona del puente de hierro. Me pregunto si podría hacerse algo parecido con ese tramo. Estoy hablando lógicamente de algo mucho más humilde y a menor escala. Ya sé que nuestro Ayuntamiento no está para tirar el dinero, pero por imaginar que no quede. El proyecto tendría un concepto clave: la reversibilidad. Nunca se sabe si en el futuro se reabrirá el tren que nos conecte con Salamanca. Por eso una de las premisas básicas es la de no tocar ni desmontar ningún tramo del ferrocarril, sino la de superponer un pavimento que bien podrían ser losetas de granito u otro material fijado a las traviesas o a otro elemento estructural. Sería necesario también la construcción de una valla de seguridad a lo largo del recorrido, especialmente en las partes más elevadas (el puente de hierro). Según los cálculos que he hecho serían unos 700 metros desde el túnel de Candelaria Ruiz del Árbol hasta la calle de Villaralbo, justo al otro lado del río. En un proyecto más ambicioso podríamos llevar esa distancia hasta los 2.300 metros y llegar hasta el cementerio de San Atilano, una zona en plena expansión urbana.
En mi absoluta ignorancia no sé si esto puede llevarse a cabo con un coste razonable, pero es un ejemplo de lo que, tomando ideas ajenas, puede llegar a hacerse sin destruir lo ya existente, algo que por otra parte es muy típico de España.
El pasado día 5 de junio desayunábamos con las fotos que el diario El País publicaba sobre las «fiestas» de Berlusconi. Ha transcurrido ya más de una semana desde entonces y ya se ha diluido algo la polémica. Pero lo que no se ha diluido es mi sorpresa porque un rotativo de prestigio nacional e internacional lleve en sus páginas unas vulgares imágenes de paparazzi con la excusa de ser información. No importa la razón del veto judicial de las fotos en Italia, pero lo cierto es que su publicación en España carece de demasiado sentido. En contra de lo que ha manifestado el diario madrileño, esas fotos no creo que aporten información nueva a los desmanes privado-públicos de Il Cavaliere ni que socaven aún más la imagen del líder del Ejecutivo más dudoso de Europa.
No deja de ser un recurso fácil para remontar el vuelto en la venta de diarios. No olvidemos que la prensa de papel está pasando posiblemente por la mayor crisis de su historia. El País no es ajeno a esta crisis y ha caído en el recurso barato del sensacionalismo más rastrero. Yo imagino esas fotos más bien publicadas por tabloides británicos como The Sun o, en España, por otros medios más propios de estas maniobras comerciales como, por ejemplo, El Mundo o Interviú. Todas las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo Antonello Zappadu, que comentó en el propio diario que cuenta con más de 5.000 fotografías de las fiestas de Berlusconi en Cerdeña desde 2006. Nada se sabe sobre si fueron «donadas» a El País o si pagó una cantidad de dinero. No he encontrado ninguna información sobre este tema. El hermetismo es total.
Esperemos que este sólo sea un capítulo aislado en la historia de El País y que dentro de un mes no nos levantemos con la noticia de las fotos de no sé quién. Hace falta no una evolución, sino una revolución en la prensa tradicional si no quiere quedar sumergida ante los cada vez más influyentes y serios diarios digitales. Así que cuidado, porque por el camino fácil nunca se puede conseguir el respeto, o lo que es peor, perder el ya conseguido.
Irán es uno de esos países que siempre me han llamado la atención. Posiblemente porque rompe con muchos de los tópicos de los países musulmanes de su entorno. Y también parte de la culpa de ese interés la tienen las películas de, sobre todo, Jafar Panahi y Abbas Kiarostami, dos cineastas iraníes (no los únicos) reconocidos en el panorama internacional y también de ‘Persépolis’, la estupenda película de animación de Marjane Satrapi. Irán no es un país que pueda explicarse en dos palabras. Es un estado complejo, repleto de contradicciones y cuyo pueblo, sobre todo los jóvenes, lucha por abrirse al mundo occidental.
La historia reciente del país persa es bastante tumultuosa. De hecho, desde la revolución islámica de los Ayatolás en 1979 ha estado permanentemente en las cabeceras de los informativos por unas causas o por otras. En mi opinión la tragedia de Irán, igual que la de otros países musulmanes no árabes como Turquía, es la de estar dividida (en términos generales) en dos: el Irán urbano y el Irán rural. El Irán urbano representa la juventud, universitaria y progresista y el rural, más numeroso, que es guardiana de las tradiciones musulmanas y muy celosa de su identidad. Aunque esta dicotomía tampoco es exacta, es cierto que en la pseudodemocracia iraní la grandes ciudades votan por el «reformismo» y los pueblos por la tradición.
El país se enfrenta hoy posiblemente a una de las elecciones más trascendentales de su historia reciente: apostar por el tímido aperturismo que promete Musavi o seguir con la política más radical y fundamentalista de Ahmadineyad. Las cosas no parecen estar muy claras, aunque los sondeos indican una cierta inclinación hacia el cambio. Si finalmente Musavi obtiene la victoria, algunas cosas cambiarán para mejor en Irán y quizás el acercamiento al mundo occidental será un hecho. Y si no todo será cuestión de tiempo. Irán cuenta con población de sobra preparada para hacer del país un referente de desarrollo en la zona y de consolidar una democracia que, de momento, sólo lo es a medias (recomiendo echar un vistazo al gráfico [JPG] que publica hoy el diario Público sobre el sistema político iraní).
Muchos medios de comunicación, especialmente los escritos, llevan a sus editoriales, a sus columnas y a otros artículos de opinión artículos que analizan desde miles de puntos de vista diferentes los resultados de las Elecciones al Parlamento Europeo en todo el continente. Porque, independientemente de la idiosincrasia de cada país, la derecha ha arrasado en prácticamente todos los estados miembros. Leyendo textos de aquí y de allá, llegar a conclusiones no es nada fácil y posiblemente las causas del retroceso de la izquierda sean múltiples. En países importantes como Francia, Italia o Reino Unido, la socialdemocracia está en proceso de descomposición desde hace años por culpa de las luchas internas. En otros como Alemania pierden fuerza por falta de líderes claros.
Pero hay que profundizar bastante más para llegar a razones incluso generacionales. Mientras que hace veinte o treinta años, la esperanza de las clases más desfavorecidas estaba necesariamente en la izquierda. Ahora las cosas son mucho más confusas y el escepticismo se ha instalado en muchos ciudadanos. Han de convivir (y competir) con los inmigrantes. Buscan soluciones «milagrosas» y rápidas a su situación de crisis que lógicamente no existen y que, ante la inoperancia y la poca pedagogía de los partidos de izquierdas, tradicionalmente aliados de la clase trabajadora, acuden a la derecha en busca de una sensación de falsa seguridad o, lo que es peor, se lanzan en brazos de nuevos partidos que prometen lo que el votante quiere oir aunque después no lo puedan cumplir.
He dicho inoperancia y poca pedagogía. Estos dos conceptos me parecen algunas de las claves que la izquierda debería corregir. Hace falta una refundación y recuperar ideas que se olvidaron en la vorágine de la economía liberal de los noventa y de la década presente en la que se embarcaron erróneamente arrastrados por los neoliberales derechistas. Durante ese tiempo, la izquierda ha vivido acomplejada, avergonzada de sí misma y en una profunda crisis de ideas. Una crisis ideológica que ha llevado a una fragmentación insoportable de la socialdemocracia europea.
Desde hace apenas un año, la crisis económica causada fundamentalmente por la desregulación de los mercados financieros e inmobiliarios y, en general, por la falta de celo en el control del mercado, no ha tenido una respuesta clara y contundente en la izquierda. Una izquierda que tradicionalmente ha intentado poner orden y proteger a los ciudadanos indefensos frente a los excesos del mercado, pero que ha aparecido desdibujada en esta crisis. Se ha «vaciado» ideológicamente. Ahora sólo nos queda saber si para salir de esta situación, un parlamento eminentemente de derechas aplicará políticas socialdemócratas para que los desfavorecidos no salgan aún peor de la crisis y, sobre todo, para que esto no vuelva a repetirse tan descaradamente. Yo, lamentablemente, lo dudo mucho.
Hoy es el gran día para la democracia europea. El proceso electoral más grande del mundo por volumen de habitantes después de India tiene lugar desde el pasado jueves, cuando votaron británicos y holandeses. De los primeros no sabemos nada, pero los resultados de los segundos ya han levantado la voz de alarma en todo el continente. La ultraderecha populista (y racista) del Partido de la Libertad se ha hecho con el segundo lugar, lo que significa que contará con 4 de los 25 escaños (27 después de la aprobación del Tratado de Lisboa) que representan a los Países Bajos en el Parlamento Europeo. Es posible que esta tendencia de retroceso de los partidos políticos tradicionales se produzca también en otros estados miembros en favor de tendencias variopintas, experimentos varios, radicalismos y populismos de todo pelaje y aprovechados que quieren dar la campanada.
Recordemos que estas elecciones europeas son al Parlamento Europeo y que por tanto se eligen los 736 escaños que se reparten los 27 países de la Unión según varios criterios entre los que está la población. Después de la aprobación del Tratado de Lisboa se hará una proyección para completar hasta los 751. El PE es el órgano legislativo de la Unión Europea y no elige a la Comisión Europea (el órgano ejecutivo) ni a su presidente, sino que se limita a ratificar la decisión de los Gobiernos de los países miembros, que son quienes verdaderamente siguen teniendo el poder. También hay que recordar que aquí no se aplica la ley D’Hondt, sino que el reparto de bancas es directamente proporcional al porcentaje de escrutinios obtenidos por cada fuerza.
En España, y sin entrar a calificar la campaña electoral que hemos tenido que sufrir estos quince días, elegimos a 50 representantes (que serán 54 después del Tratado de Lisboa). A la hora de escribir estas líneas, el índice de participación era prácticamente el mismo que hace cinco años (33,81% frente a los 33,92% de 2004). Así que ahora sólo nos queda esperar a los resultados de unas elecciones que, lamentablemente, se interpretarán en clave nacional y unos y otros nos darán la matraca unas semanas con el temita… Quienes queráis seguir los resultados en tiempo real para todas las comunidades autónomas, provincias y municipios, podéis hacerlo en la web que el Ministerio del Interior ha habilitado para la ocasión.
El otro día en un viaje turístico pude comprobar el excesivo celo con el que a veces se preservan algunas prohibiciones. Una de las prohibiciones más habituales es la de no poder hacer fotografías ni vídeos en museos ni en el interior de algunos recintos históricos. En el caso del que hablo, el recordatorio estaba presente varias veces en cada una de las salas e incluso al ver el flash furtivo de un visitante, la guía le invitó a borrar las fotos. Jamás había visto cumplir tan a rajatabla esta prohibición y desconozco el motivo de esa radicalidad.
Por pura curiosidad he buscado algo de información por internet para saber si realmente se puede prohibir hacer fotografías en un museo que, por otra parte, es de titularidad pública y por tanto mantenido con los impuestos de todos nosotros. O dicho de otra manera, el museo es un poco de todos. Es lógico pensar que los flashes de las cámaras puedan dañar frescos o pinturas pero entonces, ¿por qué se prohíbe hacer fotos sin flash? ¿Puede tener que ver con los derechos de propiedad intelectual? ¿Es sólo una motivación económica para preservar la tienda del museo? Tras hacer algunas consultas y resumiendo mucho he llegado a estas conclusiones:
Legalmente, la única prohibición sobre la realización de fotografías hace referencia a factores de seguridad (fotografías de una central nuclear por dentro, de una instalación militar, de personal de las fuerzas de seguridad o similares), de preservación de la intimidad (fotografías del interior de un recinto privado o una vivienda siempre que éstas NO se realicen desde un lugar público y accesible por cualquiera) o por derechos de autor (por ejemplo fotografías de un cuadro de un pintor cuyos derechos de autor no hayan expirado).
Las únicas personas autorizadas a visualizar y borrar el contenido de una cámara fotográfica son las fuerzas de seguridad, y siempre siguiendo el protocolo que establecen las leyes. Normalmente cuando se llegan a estos extremos, las razones para requisar la cámara suelen ser evidentes. Ningún vigilante de seguridad, guía o conservador de un museo está autorizado a visualizar el contenido de ninguna cámara de fotos o videocámara y menos a borrarlo.
Nadie puede impedirnos hacer fotografías de lugares públicos siempre que no se incumpla alguna de las prohibiciones que indicaba en el primer punto. Ojo, un centro comercial no es un lugar público (en contra de lo que algunos puedan pensar) y por tanto se puede prohibir la realización de vídeos o fotografías. Al menos en teoría.
Volviendo al tema de los museos, he llegado a la conclusión de que no hay ningún elemento legal que nos impida fotografiar dentro de un museo de titularidad pública o sufragada con fondos públicos. El hacerlo con flash o no es cosa de la ética y el civismo de cada uno, como tirar un papel al suelo. Es lamentable que se juegue con la ignorancia de la gente y una institución que, entre otras cosas, debe promover y promocionar el conocimiento y la cultura a lo largo y ancho del mundo, no permita que esto se haga a través, por ejemplo, de colgar una foto de un cuadro, una estancia o una escultura en internet o sencillamente para enseñársela a nuestros amigos o familiares. Existen iniciativas que luchan contra todo esto y que intentan promover museos más abiertos. Tal es el caso del Manifiesto de Buenas Prácticas del IAC.
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